Fargo: la construcción del personaje

Desconozco si están ustedes al día pero acaba de terminar la tercera temporada de Fargo. La genialidad de la primera queda corroborada con esta última: la construcción narrativa de los personajes está perfilada con un detalle admirable. La elaboración de cada participante de la trama y la integración de todos en la misma es, a fin de cuentas, lo más difícil de una historia y lo que verdaderamente la eleva a una categoría distinta a cualquier otra. De ello adolecen, de esa tara en el sostén de la narración, la mayor parte de las películas y series recientes — y no tan recientes.

El discurso de la serie lleva la cadencia adecuada y la empatía que cada personaje refleja en el espectador evoluciona con cada capítulo. Noah Hawley ha vuelto a establecer las mismas dicotomías que ya instauró con Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) y Lester Nygaard (Martin Freeman), con un paralelismo bastante mítico con Emmit Stussy (Ewan McGregor) y v.M. Varga (David Thewlis): entre lo humano — que yerra, siente, padece y reacciona a ratos — y aquel que resquebraja esos límites — oscuro, sombrío, astuto y casi invisible. En ello Ewan McGregor ha conseguido — aunque no con la misma maestría — jugar ese papel de inocencia, terrenal y naive en el que Martin Freeman está ya doctorado. Todo ello queda, además, bajo el aderezo de esa esfera tétrica y onírica que parece ser el hilo que sostiene la atención y que es uno de los principales valores de Fargo. Sobre el resto, están todos magníficos: Carrie Coon, Mary Elizabeth Winstead, David Thewlis…Todos. Tanto que, de hecho, ya ha perdido usted tiempo leyendo esto en vez de comenzar a verla.