Políticas públicas y moral cristiana

“Es lógico que muchos cristianos exijan como ciudadanos vivir y proponer una forma de vida”. Ese es uno de los comentarios expuestos luego de las campañas discriminatorias recientes en Paraguay contra la “ideología de género”, promovidas principalmente por colectivos religiosos, y las campañas de “educación” como la del diario Última Hora, que chocan contra el pensamiento crítico y el sentido común del día a día.

Aunque esta no es una regla totalmente inflexible, igual vamos a discriminar. Me entero que la mujer no puede inventar, o ser fuerte, justa o racional, o que el hombre no puede economizar o ser sentimental… ¿¿¿Qué lo que es magnanimidad???

En el mismo artículo de opinión, se describe: “ la ideología de género propone una forma específica de entender la condición humana, la biología, familia, el matrimonio, la moral, la diversidad, la realidad misma, que está, en varias de sus tesis, en las antípodas de la moral cristiana. O de la moral de varias confesiones no cristianas […].”

En defensa del mismo artículo: “se requiere de un diálogo inteligente: llegar a un acuerdo mínimo, si es posible. Dicho acuerdo debe incluir el respeto a las mayorías, pero también a las minorías. Y el respeto a derechos humanos básicos, lo que supone aclara aquello que llamamos derecho, lo de ser humano y la familia. Nada fácil como se ve.”

Como soy justamente miembro de esa minoría no creyente, me pregunté: ¿qué es basarse en la moral cristiana para permitir o prohibir algo? Porque en mi opinión esa “moral cristiana” en boga hoy en día ya no es tanto la de su primer profeta, Jesús de Nazaret -a quien defienden con razones de valor-, sino de los seguidores que encontraron en su divinidad y la alta penetración sociocultural de sus ideas una excelente excusa para imponer lo que les parece bueno sólo a ellos, y hostigar y discriminar a las minorías.

¿El amor al prójimo, el perdón, la compasión? Como valores me parecen geniales. Ahhhh, pero que el varón es diferente a la mujer y por eso ellas no deben intrometerse en ciertos asuntos (ej., la Iglesia Católica no permite mujeres en su jerarquía superior, quién sabe con qué excusa), o si un ser humano manifiesta rasgos “de otro género” (encima rasgos impuestos como estereotipos), “es un pervertido, está enfermo, y hay que curarle con la fe”. ¿Esta parte de la moral cristiana debe estar bien para los no creyentes en ella? ¿Es buscar una unión civil entre personas del mismo sexo estar en las antípodas de la cristiandad, cuando su mismo líder predicó el amor sin distinción?

Así como muchos cristianos desean imponer su sistema moral (para mí, incompleto y discriminador), estamos ya los no creyentes en la divinidad de su profeta, y no podemos permitir a la ligera que, ante la libertad aconfesional y al basarse en su mayoría demográfica, los cristianos vengan a influir en las políticas públicas en educación sexual y reproductiva (ej., no se deben repartir anticonceptivos porque inducen al sexo libre y el sexo no reproductivo es “pecado”) o identidad de género, entre otros aspectos.

Si los cristianos mismos se dan cuenta de que son “pecadores”, ¿cuál es entonces la autoridad con la cual sus líderes vienen a imponer a los no cristianos su doctrina? Entonces entiendo, y trato de defender, que ellos no deben imponer su redacción de políticas basados solamente en una única visión moral religiosa, sin tratar de llegar a ese “acuerdo mínimo” entre las partes (mayoría y minoría) basado en la igualdad de derechos para todos.

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