Él Viejo.

1

Entra por la puerta del comedor, aquel hombre viejo, llevando un gran morral de tristezas y nostalgia por lo que algún día conoció como vida. Ese hombre no era más que un ‘sin techo’, esos de los que jamás pensamos ¿por qué termino aquí? ¿Cuál es su historia? ¿Cuál es el génesis de sus inicios? Nadie pregunta, solo observan y señalan, le explican a sus descendientes que es lo que NO hay que hacer, que es lo que vida te dice que tienes que cumplir para no terminar ‘así’.

Las historias en esta ciudad son enormes, pero en una en la que nunca hemos tenido tiempo de detenernos es en la de ese hombre, ese sujeto, esa piel con saco que camina siempre por las mismas calles y que al caer la noche no sabe en donde recostarse. Aburrido de las mismas aceras o de que el sol al salir le avive la gran resaca que tiene; porque claro, cuando llevas tantos años en la calle, tienes que emborracharte para olvidar, tienes que probar las diferentes drogas para sobrevivir, y aunque ya no prueba nada, porque ya se acostumbró, aún vive con resaca, no sabe si es resaca de soledad o de tristeza, lo cierto es que su resaca no se acostumbra al sol, como otras cosas a la que su vida ya se acostumbró.

Los días durante años han pasado, y aunque el viejo no lleve la cuenta, el asegura que su estadía en la calle ha durado más que tres presidentes, dos constituciones y varias devaluaciones. Lo cierto es que hoy, ese ‘sin techo’, ya es un sabio y aunque sus errores lo han hecho olvidar un poco lo que es la lógica, la experiencia muchas veces vence y le marcan el camino, él ya sabe dónde pisar, donde dormir, donde buscar, a quien pedir y de quien huir.

Las noches, esas putas, que más peligrosas que nadie llaman a traición de parte de todos, fueron las culpables del destino de su vida. Eran divertidas, comento una vez y aunque la memoria falle, aún recuerda memorables noches donde la banda tocaban hasta que el cuerpo lo pidiera y aun su cuerpo parece pedirle más.

¿Cuántos terminaron junto a él? No lo sabe, solo que una vez, hace mucho tiempo ese viejo, se encontró a un conocido, que diferente a él, huyo, pudo superar y la vida no se lo trago. Porque eso fue lo que le paso al ‘sin techo’, la vida se lo llevo, junto a muchos. Y aun no sabe que fue, que sustancia exacta fue la que lo hizo perderse, lo cierto es que en este momento el viejo se despierta y me pregunta ¿Qué día es y cómo termine aquí?

2

Ese viejo nunca se recuperó y aunque a veces recobraba el sentido del tiempo, muchas veces su mente estaba en lo que aún era una vida sana, sin corruptos y sin maldad. Él, no pudo soportar eso, el odio, la maldad lo hizo olvidar un futuro, una vida y el destino. Prefirió no ser ‘así’, no seguir los patrones, no ensuciar su alma, perder sus valores, y desviarse del camino.

A veces, la mayoría de las veces, preferimos manchar nuestra alma, pero seguir un patrón de lo correcto y aquel viejo no lo quiso así, quizás fue su perdición y no fue lo suficientemente fuerte. Pero, lo cierto es que aquel viejo, Jesús, me comento luego de un café que él era feliz, a pesar de todo, él sabía que su camino fue el mejor y que las miles de noche que el paso en las calles le había generado más conocimiento que cualquier trabajo, porque el sabia hoy en día que “La noche”, no es amiga de nadie y que el ladrón de cuello blanco es quien la maneja y que a nosotros, los ‘mortales’, muchas veces ese ladrón de cuello blanco, nos domina como una marioneta que él ya sabe tratar y esquivar.

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