El amor con fecha de vencimiento

Debo admitir que me siento un afortunado al ser criado por padres que desde los 13 años estuvieron juntos, hasta los 62 que papá dejó este plano.

Bajo este paradigma es que mi cabeza interpretó que el “y vivieron felices para siempre” estaba bien y era correcto.

27 años más tarde, mientras tomo mates con té de burro, reflexiono acerca de qué tan bien está eso en los tiempos en los que vivimos.

No voy a pecar de mentiroso, yo creo en el amor para toda la vida. El problema es que muchos parecen obsesionados con hacerlo durar para toda la vida y siguen apostando por algo que, a decir verdad, parecen hostigados y condenados a pelearla. ja, si, “pelearla”. ¿Realmente es amor si tenés que “pelearla”?.

Tengo un problema con los compromisos y es que me asfixian. Creo que para todo hay una época y la que estoy viviendo es sumamente egoísta, asumiendolo sin ningún remordimiento; simplemente estoy pensando en mí.

Cuando tenía unos 14 años solía conversar con papá con mates con té de burro de por medio. Entre esas charlas amenas, donde el diálogo parecía ser a la par, yo le contaba al doc que soñaba con ser un profesional de la hostia y viajar por el mundo pero aparentemente mi vehemencia en los dichos alertaban la psiquis de Carlitos que no tuvo mejor idea que decirme algo conciso y poco conciliador: “Mirá, yo veo que tenes tu vida resuelta pero nunca te olvides que se te puede cruzar una persona y cambiar radicalmente el rumbo de tu vida”. Me cagó y me hizo replantearme acerca de mi problemita con mi obsesión con el futuro.

Entonces, lo que quiero decir, es que para mí con el amor no se jode. Aunque no sepa bien de qué se trate, merece todo mi respeto.

Qué pasa entonces…Creo haber aprendido algo respecto a viejos amores y aventuras. No comulgo con la generación de una tercera identidad. Esto sería lo que se produce con la cadena de cosas que no nos gustan del otro y tratamos de corregirla, y viceversa, te corrigen a vos. Eso aprendí que es imposición y quizá de una manera no directa, pero amenazante y determinante. No hacemos lo que no le gusta al otro por el simple hecho de que necesitamos su aceptación, lo que nos lleva a ser otra persona; y no la persona que nos gustaría ser, sino la que nos vemos forjadas a ser. Es decir, me enamoro de la persona que yo idealizo y no de la que es.

Por otro lado, nosotros, los hombres, tenemos el estúpido anhelo de ser superhombres. En nuestro paradigma enfermo por la sociedad machista, pensamos que cuidar y proteger a la mujer es nuestro deber, generando así inseguridad en la otra persona por no poder desenvolverse de acuerdo a su propio instinto y capacidad. Después de todo, con o sin mí, esa persona va a lograr todo lo que se plantee. No somos indispensables.

Además, algo que me tiene profundamente consternado es la propia ambición dentro mio de pretender siempre llegar a lo mejor. Me es difícil asumir un compromiso cuando se que el mundo tiene 7 mil millones de personas y el unirme a una sola sería perderme la oportunidad de conocer a tantas otras. Es un vicio, una búsqueda constante, un círculo vicioso.

No concibo el tener que consensuar. El no poder elegir libremente algo que realmente querés. El tener que elegir. El pensar demasiado. El perpetuarme ante una decisión definitiva.

Gran descubrimiento. Tan absurdo como revelador. Desde que me di cuenta que las decisiones definitivas no existen, mi vida fue más llevadera y pude gozarla increíblemente.

Apoyo firmemente a las personas que deciden separarse. Caso contrario al resto de la gente que se aflige ante una ruptura de un conocido. Yo lo celebro. Me parece un acto totalmente sano darse cuenta que la persona que tenes al lado no la querés más durmiendo en tu cama. Eso no significa que no haya amor. Simplemente es querer a alguien por su propia existencia, bajo ningún título personal ni social es amor.

Es que el amor trata de hacer bien al otro. Desde el momento en que no aportas a su bienestar y/o esa persona no aporta al tuyo eso está acabado. ¡Y NO TIENE NADA DE MALO! somos humanos, cambiamos; gracias a Dios cambiamos. Todos los días son diferentes, la coherencia a lo largo de los años es una farsa. Una persona no puede vivir condenada a un compromiso, porque eso no es amor, eso es supervivencia.

En fin, podría estar horas divagando respecto al matrimonio, a los hijos y a la familia, pero de seguro, mientras siga proyectando hacia el futuro, en algún momento, se me cruzará una persona en mi camino y mis palabras se harán humo. Mientras tanto sigo reflexionando y pensando que tengo la vida resuelta.

Like what you read? Give Gustavo Donaire a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.