Trapo sucio! nuestra justicia

Con gran dolor escribo estas líneas, nuestra justicia es un trapo sucio de inmundicia (cf. Isaías 64, 5), Jorge Serrano ha sido declarado ‘presunto’ culpable porque no pudo probar que era inocente. Todo mundo es inocente hasta que se pruebe que es culpable!!!… excepto en México (donde apenas comienza a cambiar esto)

Nuestro sistema de Justicia asume culpabilidad y que el acusado se defienda como pueda, lo cual lo convierte en instrumento del que puede pagar y del que tiene poder para perseguir e intimidar a otros. Mientras que los criminales gozan de total impunidad protegidos por sus ‘compadres’

Caso lamentable es el de Jorge, al que declaran ‘presunto’ culpable y meten a la cárcel antes de juzgarlo (dicen ‘presunto’ pero lo tratan como si el juicio fuera meramente un trámite del que se sabe de antemano el veredicto)

Los calumniadores demandaron a Jorge usando un expediente que había sido desechado por falta de pruebas, lo presentan como nueva evidencia, lo encarcelan como si fuera culpable, piden inmuebles en garantía como si fuera culpable… en su mentalidad: el desvío de fondos consiste únicamente en que hubo dinero que se destinó a salvar vidas (a Pro-Vida) en lugar de asesinarlas (a los abortistas) como se acostumbra

Por eso no descansarán hasta ver a Jorge tras las rejas y desarticulado el movimiento por la defensa de los niños por nacer aunque eso signifique violentar todo el sistema de justicia

El proceso es una manipulación tras otra… y lo que sale en los medios es únicamente la versión manipulada…

Algo huele muy mal en nuestro sistema de justicia; con mucha frecuencia está al servicio del que puede pagarlo, sea con dinero, sea con poder e influencias; baste pensar en tantos criminales libres, funcionarios y gobernantes corruptos ascendiendo en su carrera política por un lado y por otro mucha gente encarcelada con su proceso “congelado” durante años y tantas víctimas de secuestro, homicidio, etc… sin justicia alguna…

Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento (Isaias 64, 5) ¿Porque, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia! (Isaias 63, 17) ¡Ojalá rasgases los cielos y descendieras, derritiendo los montes con tu presencia! (Isaias 63, 19)

A los jueces que se han prestado a tamaña infamia les digo: ¿crees que podrás escapar al juicio que te espera? ¿acaso tu dinero o tus influencias podrán sobornar al Juez del universo? Arrepiéntete! endereza el camino y tendrá misericordia de ti

A los calumniadores que arremeten contra un hombre todos juntos para derribarlo como una pared que cede o una tapia ruinosa (cf. Salmo 61/62, 3): están a tiempo, retiren sus cargos, enderecen el camino, no sea ardan en el expediente que armaron!

A Jorge: no temas a los que matan el cuerpo, pero no el alma (cf. Mateo 10, 28)… no temas lo que vas a sufrir… se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida (cf. Apocalipsis 2, 10) … alégrate y salta de gozo, porque así trataron a los profetas (cf. Lucas 6, 23)

A los que apoyamos a Jorge: Nos aprietan por todas partes, pero no nos aplastan; estamos en apuros, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos aniquilan. Por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra naturaleza mortal. (2 Corintios 4, 8–11)

A ti, que lees estas líneas: estás ante el caso de un hombre como aquellos de los que se dice: Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados, torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos de pieles de oveja y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres de los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y montañas, por cavernas y antros de la tierra. (cf Hebreos 11, 35–38)

A Aquel en quien somos, nos movemos y existimos (Hechos 17, 28): ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar sin hacer justicia, tú que eres santo y veraz? (cf. Apocalipsis 6, 10) Señor, reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros
(Jeremías 14, 20–21)

Invoquemos juntos a Dios que venga a rescatar a nuestro pobre México

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña, 
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Salmo 79 [80]