Rollercoaster

La vida me parece una montaña rusa y eso que nunca me he subido a una. Quizás ya tengo demasiados sobresaltos a lo largo de los días como para añadir unos externos al ya de por si permanente vaivén.
Pero a veces es necesario pasar esos sustos, notar la emoción de la subida aún sabiendo el vértigo del descenso. El problema -al menos en mi caso- es que ya noto el vértigo en el ascenso y pierdo la emoción y al empezar la curva descendente ya no hay salida posible y veo el suelo frente a mi cara.
El tiempo, los años y alguna droga legal me ayudan a no querer pulsar el botón del pánico nada más que el coche de la montaña rusa empieza a ascender y aunque note que la vía tiene alguna imperfección simplemente apretar los dientes sin dejar de respirar y confiar en que todo sea pasajero y no preocuparse tanto del punto en el que comenzará el descenso pues puede que este no llegue y uno se quede en una meseta imaginaria.
En eso ando.