• A volar • Octava parte: Click

La historia de Melina empezó a cambiar cuando se mudó a Buenos Aires: entre los plié y relevé del Teatro Colón, se dio cuenta que la educación le estaba moviendo el piso, y siguió el impulso: con un grupo de mujeres crearon Chicas en Tecnología. La dificultad de tiempos para charlar cara a cara no impide que hagamos un hueco de agendas y conversemos — casi paradójicamente — en forma remota gracias a la tecnología. Pantalla de por medio, puedo percibir que Melina tiene ideas claras y un horizonte que se aleja, porque aunque lo alcance nunca deja de seguir buscando.

Contanos un poco de tu carrera: ¿cuál es tu profesión, qué haces, cómo es tu historia profesional?

Vengo del mundo del arte, soy del interior. Esto implica haber vencido algunas barreras como viajar a la gran ciudad, Buenos Aires. Vine porque entré al Colón y quería desarrollar mi carrera de bailarina. Ese fue un momento de mi vida de convergencia porque cuando terminé la carrera, que fue muy exigente porque tiene muchos estereotipos y estándares de belleza — muy complejos, altos y poco saludables- me di cuenta que también me interesaba mucho la educación. Así que estudié ciencias de la educación en la UBA e hice una especialización, una Maestría en Tecnología Educativa. Me interesa mucho la idea de que es la tecnología la que hackea la educación y, todo lo que está escrito en los libros sobre cómo enseñar, está siendo modificado todo el tiempo.

¿Cómo se mezcla la educación y la tecnología en tu vida?

Siempre estuve con trabajos en los que la tecnología y la educación van de la mano, así es que hace dos años y medio por una convocatoria abierta que había, era algo así como una gran pregunta sobre “si sos mujer y trabajás en tecnología ¿Alguna vez te sentiste solitaria?”. En ese camino nos encontramos Carolina, que es programadora, Mariana, diseñadora de experiencia IT y Sofi que es emprendedora tecnológica. Las cuatro que teníamos un background muy diferente. Empezamos a decir “hay algo que está cambiando, que está sucediendo, ¿cómo podemos hacer un cambio radical?”. Buscamos estudios y datos que explicaran cuál es el momento que decidís qué carrera vas a estudiar. De ahí surge el perfil de mujeres de 13 a 16 años, donde te hace un click.

A partir de ese dato, nosotras hicimos foco en tener un programa intensivo que lo llamamos ‘Programando un Mundo Mejor’: son 20 horas, dos tardes y un fin de semana donde chicas de diferentes escuelas públicas y privadas, sin que tengas conocimiento previos de programación se postulan. Lo que tiene que hacer es decir por qué creen que es importante que participen las mujeres, si les interesa conocer un poco más allá de la tecnología y por supuesto generar un impacto social. En esas veinte horas aprenden a programar con impacto social, quiere decir que primero identifican un problema en su comunidad. Eso es muy valioso porque a los adolescentes les pasan muchas cosas y muchas veces no saben cómo canalizarlas o que puede hacer algo con esa tecnología que tienen a mano.

La mayoría de los desarrollos tecnológicos pensados para adolescentes no están hechos por ellos. Esto pasa en muchas instancias. Un ejemplo es el del airbag: cuando empiezan a morir mujeres, se dan cuenta de que en el equipo creativo no había mujeres, por eso no habían considerado que el cuerpo femenino respondía diferente el impacto del airbag. Esto permite ver que tanto desde cosas muy graves hasta cosas más cotidianas, las chicas se van involucrando.

Nosotras fuimos descubriendo que las chicas no sólo rompen con estereotipos sino que también las llevamos a un espacio emprendedor tecnológico en donde el primer estereotipo del programador, que trabaja en un lugar oscuro o en un garaje, se cae. La programación es una gramática, es un lenguaje.

Pin deco. Ph: Ezequiel Sambresqui

¿Las chicas que participan son de todo el país?

Estamos desarrollando nuestro modelo piloto de los clubes de programación. Todos nuestros programas son libres y gratuitos para las escuelas y para las chicas. Todavía no estamos consolidados como ONG.

Ya tenemos 82 chicas que están cursándolo. Muchos clubes de programación los llevan adelante las mismas egresadas, que también son adolescentes y fueron a esa escuela. Les damos todo el material didáctico, las capacitamos, les brindamos seguimiento, pero ellas implementan.

Desde la perspectiva más teórica, ¿Cómo ven que evolucionó el rol de la mujer en lo que tiene que ver con lo tecnológico, o en lo que tiene que ver con la programación? Hace 10 años, por ejemplo, las carreras como ingeniería informática y de ese tipo eran casi exclusivamente de hombres, ¿Cómo evolucionó este tema?

En un inicio no fue así, de hecho si vos ves las fotos de IBM, que fueron los primeros en generar computadoras, vas a ver muchas mujeres porque todo esto estaba muy asociado al cómputo rápido de mucha información, y el rol era para la secretaria que tenía que procesar muchos datos. Hay un libro que recomiendo que es sobre Clementina, la primera computadora en Argentina, es súper interesante porque ahí hay un registro de que las mujeres eran quienes lideraban ese espacio. Lo que empezó a pasar es que más o menos en la década del ´80 y ´90, sobre todo en los ´80, el mercado empezó a entrar en diferentes lugares y se empezó a generar una cuestión muy fuerte en los estereotipos de géneros vinculados a los juguetes. A las mujeres se las empezó a asociar con la Barbie y ciertos roles y actividades, de hecho los primeros videojuegos y todo lo que estaba vinculado a la computación estaba muy ligado a hombres.

Tiene que ver con estas construcciones que se fueron armando, sobre todo cuando uno piensa en el mercado más masivo, estudios de comunicación y demás que fueron influyendo en cuál fue el modelo de éxito y el rol que no solo impacto en la mujer linda, bonita y perfecta sino también en cuáles son las carreras que vas a decidir para estudiar. En eso nosotros tenemos una mirada muy amplia que tratamos de fomentar, porque la verdad es que la programación también puede ser medida o entendida como un espacio de creación, como arte digital.

Las protagonistas. Ph: Ezequiel Sambresqui

¿Te acordas algún caso, de alguna chica que haya participado de sus propios problemas en la comunidad y que se pudieron resolver o trabajar a través de la tecnología?

Si hay varios, en este espacio un grupo de chicas de quince años generaron una aplicación, que ahora ya está siendo incubada por el ministerio de modernización, que denuncia el acoso callejero. Tuvo mucha relevancia en su momento porque salió en paralelo al Ni Una Menos.

También hay chicas de José León Suarez, San Martín, donde Defensa Civil está incubando una aplicación para rápidamente avisar a los vecinos cuando la inundación se acerca a la zona. Otro caso es de Pilar, las chicas de un colegio generaron una aplicación que conecta ONGs con los que quieren donar pero de manera inteligente. Por ejemplo, hubo una inundación y lo primero que pensás es en donar, ropa, comida, pero quizás eso ya lo tienen y necesitan lavandina, entonces es bueno conectar inteligentemente. También hay chicas de Campana que hicieron una aplicación para que sea más amistoso el acercamiento cuando te sentís solo o deprimido. La idea se generó porque esa semana en el colegio se había suicidado un compañero. Es algo re fuerte, la localidad de Campana tiene un alto índice de suicidio joven pero quizás lo interesante y anecdótico desde este punto de vista es que ellas empiezan a entender que a partir de eso que les angustia también pueden generar una solución con la tecnología. Por otro lado recuerdo otras dos: unas chicas que tenían una amiga que es celíaca y no sabían cuando iban a comer afuera qué componentes tenía cada comida, entonces crearon una app para ser más cuidadosas; otra app organizaba todas las búsquedas de mascotas perdidas, esta aplicación conectaba y validaba los datos para traquear mejor y no sea algo que quede colgado en el ciberespacio.

¿Qué ves? Ph: Ezequiel Sambresqui

¿Cómo difunden estas aplicaciones?¿Se pueden descargar?

Nosotros usamos algo que se llama MIT App Inventor que es una plataforma para desarrollar aplicaciones de celulares que sirven para Android. Se puede entrar a la galería, descargártela y empezás a pertenecer a una comunidad internacional. Esto significa que mucha gente está teniendo el mismo problema, vos llevas tu solución tecnológica, la subís y la podes descargar. Pero a su vez esto implica la idea de pertenecer a una comunidad y de un prototipo que puede ir mejorándose. Uno a veces piensa en el software como una cuestión propietaria donde solamente la gran compañía va a tener los derechos, sin embargo acá pertenecen a una inteligencia colectiva que está mejorando constantemente con conocimientos. Tal es así que muchas veces reciben de programadores de todo el mundo consejos o sugerencias.

De alguna manera estamos rompiendo con cómo se enseña en las escuelas, en general vos aprendés un conocimiento que es fragmentado, sobre todo un conocimiento que es de la escuela. Nunca te enseñan a testear, a equivocarte a conversar un conocimiento o un prototipo del mundo. Entonces, las preparamos un poco más a lo que es el mundo universitario que uno tiene que tener no solo por un lado la autogestión sino también como esta resiliencia a seguir siendo quien abre las puertas, quien se conecta con otros.

Programando 2017 Ph: Ezequiel Sambresqui

En el laburo del día a día, ¿Hay alguna mujer líder u organización que las inspire en su trabajo?

Nosotras lanzamos este año lo que se llama ‘Grandes mujeres’, queremos detectar un poco esas mujeres, porque lo que nos pasa a nosotras, si pensás en innovadores en tecnología pensas en Bill Gates, Steve Jobs. No quiere decir que no exista, sino que muchas son extranjeras entonces parte de lo que queremos es identificar esas mujeres que están trabajando en una gran compañía y muy pocas veces las ves.

¿El modelo de liderazgo cambió?

Exacto. Nosotros muchas veces trabajamos con un liderazgo colaborativo y creativo que es más horizontal. Si tenés un problema tan grande como la brecha en tecnología, tenemos que ser muchos y trabajarlo de muchas maneras. Nosotros les despertamos la chispa a las chicas, las alentamos y les damos herramientas. Ahora están muchas recibiendo becas o recibiendo algo que nosotras llamamos Comunidad que son encuentros donde las chicas siguen perfeccionando aprendizajes técnicos y también habilidades blandas, hay varios caminos donde nosotros seguimos contribuyendo.

Ping pong de Chicas Tecno:

-6 ediciones en total al llegar 2017 de Programando un Mundo Mejor. A fines de 2017 habrá más de 260 jóvenes egresadas de los programas intensivos.

-7 escuelas involucradas con 82 estudiantes en el piloto de Clubes de Chicas en Tecnología: una iniciativa que cuenta con una currícula y acompañamiento especializado y tiene una duración de 3 meses.

+50 Apps para celulares con impacto social creadas por las adolescentes.