¿Dónde nos guardamos el asombro?

Cuando algo se vuelve habitual, perdemos la capacidad de darle a ese fenómeno la entidad que tiene. Piensen, se aplica en cualquier situación de la vida: ¿A caso alguien presta atención a cada inhalación y exhalación? Nos levantamos y casi en forma automática nos lavamos los dientes; ¿alguien es capaz de rescatar el sonido de los pájaros en la ciudad que está atestada por el tráfico y las bocinas? ¿Quién disfruta realmente el sabor del primer mate sin ser tapado por los pensamientos de las mochilas pendientes de todos los días?

Cada vez más, estamos viviendo fenómenos cotidianos sin siquiera tener registro de ellos. Básicamente porque estamos haciendo cientos de cosas a la vez que simulan proactividad y, en realidad, solapan una cosa con la otra, tapan todo aquello que no podemos resolver.

Estoy leyendo un libro de Eckhart Tolle, un autor alemán, que pega unas cuantas cachetadas a todo aquello que no permite vivir “Aquí y ahora”, todo lo que nos genera ansiedades, miedos, lo que nos paraliza. Lo que pasó y no podemos elaborar y lo que no pasó y sólo tiene lugar en nuestra nube de pensamiento. Todo eso nos quita el foco del momento presente.

Les dejo un fragmento de este tema:

En su vida diaria, ud puede practicar esto tomando una actividad rutinaria que normalmente se sólo un medio para un fin y préstele su más completa atención, de modo que se convierta en un fin en si misma”.

No abandonemos la búsqueda, el asombro. Si lo cotidiano se vuelve rutina, transformémoslo en algo nuevo. Busquémosle la vuelta, no dejemos de sorprendernos. Que el tiempo pasa y es lo único que no vuelve para atrás. Para todo lo demás, tenemos CTRL * Z.

Pd. Si quieren saber quién es Eckhart Tolle, les dejo el link directo de Wikipedia, por supuesto. Y acá, su sitio oficial.

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