Una biblioteca

Cuando voy a la casa de alguien, lo primero que miro es la biblioteca. Porque ahí hay muchas pistas de la persona. ¿Qué cosas miro?

En primer lugar LA biblioteca: cuán grande es, cómo está hecha, dónde está ubicada. No es lo mismo una mini biblioteca en el cuarto o una pared del living lleeena de libros.

En segundo lugar, ojeo los volúmenes a ver si encuentro algún patrón. Si son todos de un mismo género, sin son clásicos, si hay algún autor que se repita.

Por ejemplo, mis amigos Andy y Mili, que ahora se fueron a vivir a México a seguir persiguiendo su alma viajera, tenían una biblioteca muy canchera en el living hecha con ladrillos de cemento. Algo así:

Siempre que iba a lo de mi amigo Tomi, en la casa de sus papás tenía una biblioteca ENORME, en la pared del living. Creo que la recuerdo más grande de lo que es, pero ameritaba porque era de toda la familia. Algo así:

Yo siempre tuve una biblioteca de un cuerpo, pero cuando me mudé tuve que deshacerme de muebles y me quedaron los libros desparramados por varios rincones de la casa. Lo que más se parece a una biblioteca es esto de arriba del sillón:

Y si, tengo un criterio bastante básico con el que me gusta ordenarlos, siguiendo las cosas que me gusta (o que solía) leer.

  1. Libros de minas. Historietas de Maitena o de Alejandra Lunik, novelas de mujeres para mujeres, y hasta alguno que otro sociológico. Se suman acá los de yoga y meditación.
  2. Política. Historia, investigaciones, todo lo que entre en este género.
  3. Novelas. Los libros playeros. Los que no podes parar y no podés parar.
  4. Comunicación. Los de la carrera, los de comunicación política que me fueron regalando por laburo.
  5. Los que no leí. Me gusta tenerlos a la vista porque me entusiasma arrancar un libro nuevo.
  6. Los que se que no voy a leer. Pero no me resigno a pasarlos todavía para otros lectores. Están ahí, esperando su inminente final. O un nuevo comienzo.