Carta abierta a los profesores universitarios

“La gran suerte que uno puede tener es hacer lo que le gusta. Dar con eso es la esencia de todo.” Pep Guardiola

Partiendo de la premisa de que la verdadera transformación de nuestro país será a través de la educación, es necesario hacer una revisión del trabajo realizado por los docentes de nivel licenciatura, siendo este en el cual se desarrollan las habilidades y se adquieren los conocimientos para desempeñarse en el mundo laboral como profesionistas.

En ese sentido, me gustaría comenzar por retomar la cita en la parte superior, ya que es necesario que los profesores que imparten clases en las aulas de las universidades de nuestro país, ya sean públicas o privadas, lo realizan por vocación y no por conveniencia; por amor a la enseñanza y no por los beneficios vacacionales. En lo personal, como estudiante universitario es triste toparse con profesores (dado que no se les puede llamar maestros ya que no todos poseen ese grado académico) hartos de impartir sus clases o que no les apasiona la materia que imparten, y aun más triste, no tienen ni idea de como hacerlo o carecen de los conocimientos necesarios.

La responsabilidad no puede ser atribuida por completo a las instituciones de educación superior (aunque una buena parte probablemente sí) ya que por más esfuerzos que éstas realicen para seleccionar a su personal (profesores) y capacitarlos, nada de esto surtirá efecto puesto que no son las instituciones la raíz del problema, sino los profesores mismos.

Aplaudo el trabajo que realizan los profesores universitarios que preparan adecuadamente sus clases, evalúan de manera objetiva, conocen sobre el tema y lo comparten con tanta pasión que contagian a sus estudiantes, además de buscar maneras innovadoras de transmitir dicho conocimiento sin recurrir ciegamente a las presentaciones en PowerPoint. De hecho, con relación a la utilización de esta herramienta en particular incluso existen estudios que sustentan la idea de prohibir su uso por parte de profesores para impartir clases puesto que han abusado de ellas y dejan de cumplir su cometido.

Para finalizar este breve escrito, me gustaría que todos aquellos profesores que imparten clases sin verdaderamente estar entusiasmados por transmitir su conocimiento (por muy limitado que este sea en algunos casos) reconsideraran su profesión y se dedicaran a otra cosa. Por otra parte, las instituciones deberían modificar los filtros mediante los cuales contratan al profesorado y establecer mecanismos de evaluación certeros. Si bien es cierto que no es tan sencillo como pareciera y existe un largo camino por recorrer, por algún lado tenemos que empezar.

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