El calor de la selva

Hubo un concurso de cuentos muy veloz y con un límite de 100 palabras. Este fue el cuento con el que concursé:


“Extraño el calor de la selva”, le dijo ella un día. Y, desde entonces, él quiso enamorarla recordándole su hogar. Sabía hacer origami y durante una semana practicó hasta que logró armar un gallito de las rocas. Firmó con su nombre. De los nervios, parecía un garabato. “Nada más cálido que esta ave amazónica”, pensó. Pero lo que jamás imaginó fue que ella buscaba otro tipo de calor. Sensación que parecía experimentar esa mañana de mierda cuando la vio apoyada sobre la mesa de ping pong mientras Juan, el charapa del 5to C, le desabotonaba la blusa y la besaba.