Esto no es poesía

Recopilación de palabras que se escondían en cuadernos viejos.

Despiertos (febrero, 2010)

Diez minutos más para mirarte.

Cinco minutos para acariciarte.

Tres minutos más para acercarme y

y pedirte al oído que me abracés.

Un minuto más para decir que te amo.

Un reloj conteniendo todo el tiempo

para vivir a tu lado.

El tiempo ha dejado de ser

únicamente el tictac

que atraviesa el espacio.

Ahora sos vos, somos nosotros.

Dos en uno, uno en uno.

Sin pausa, sin prisa.

Despiertos.

Contra el insomnio (octubre, 2009)

Contra el insomnio un cuento por teléfono. El avión que pasa sobre mi casa cada noche a la misma hora. La pequeña luz que permanece encendida en la madrugada. El libro a medio leer en la alfombra. El reloj que siempre marca las 3:27. El trazo a la mitad de la palabra. Mis dedos jugando en tu cabello negro. La cama con olor a nosotros. Una botella de vino tinto. El álbum de fotografías que nunca llenamos.

Sí, ya sabés, no hay cura para este insomnio. No hay pastilla ni receta para dejar de insomniarme en vos, si me permitís la creación morfológica. El proceso es el mismo: Tres, veintisiete. Me canso de dar vueltas en la cama. Abro los ojos y dejo escapar hacia adentro mi grito. Tu nombre. Inicia la insomniación. Abro el libro: Horacio está jugando a las cartas o la Maga le pregunta por Pola. Trato de escribirte un cuento para que leás antes de dormir y termino aceptando que no hay cura para esta enfermedad que tenemos. Nada. Ni siquiera un té de no-me-olvides, un cuento, ni el avión, ni la lucecita…

Je voudrais un château saignant (mayo, 2010)

Querido Julio,

A menudo, cada vez más seguido, siento que me has mentido. Me has dicho que puedo sentarme frente a un espejo y esperar que el comensal gordo pida su “Château Saignant”. Me juraste Julio, que en medio de un crucero iba a encontrar un bikini color rojo para ponerme. También has dicho insistentemente, que si se camina despreocupado por la calle, se le encuentra: en un pequeño kiosko, siguiendo una sombra, una mariposa.

Sin embargo, Julio (ya no sé si sos tan querido), me he cansado de recolectar piedritas para saltar por esta Rayuela, el Cielo parece cada vez más lejano y sigo pisando las rayas: ¿mis pies se hacen grandes o los cuadros más chicos?.

Lo cierto es que en una madrugada sola, como nunca sola, sin Babs sin un caracol, sin Jazz, ni un cigarrillo… me siento engañada por vos, por tus palabras, por los espacios en blanco entre cada línea.

No es justo Julio, que durante años me enseñaras la belleza de la palabra, para ahora encontrarme con pura tinta y hojas recicladas.

Recicladas tantas cosas, el rompecabezas que no volveré a armar porque no tiene esquinas. El calendario que sigue apuntando abril, unos cuentos sin pluma, la colección de tus cartas, un viajero del siglo, un moleskine que no logro terminar, el vacío de las horas, del silencio, la rabia.

En fin Julio, de lo único que me quejo es de tus personajes que se hacen y rehacen como yo no puedo, porque cada vez lloro menos, cada vez los ojos me reclaman su cansancio de tanta lágrima pasada, porque cada vez me duele más el corazón que no se cansa de recordarme que es mejor dar un paso atrás antes de perderlo todo.

Te digo esto Julio, porque hoy estoy peleada con vos. Con tus mentiras. Con ese mundo que se niega a salir de mi cabeza y que mis pies buscan, que mis ojos no encuentran.

Porque no es justo Julio, no ser Lucía, no ser Elene, no ser tu Osita… ser solo yo, viviendo el sinsentido del sentido de la vida. Sin más.

Yo también quiero un château saignant, très saignant…. hoy acompaño al comensal gordo y te veo del otro lado, dentro del espejo, sonriendo como si fueran obvias mis palabras, como si el cigarrillo no se te fuera a acabar.

Jodete Julio, esta no es definitivamente la Rue de Huchette.

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