¿Cuál prima? ¿Vera?




No me saludes.

No me interesa.

En serio.

No comprendo cual es la necesidad de darle la bienvenida a la primavera. Era gracioso cuando lo hacían los de Crónica TV: mandaban un countdown cuando aparecían los primeros fríos de abril al ritmo de Barras y Estrellas por Siempre.

Pero no.

Las estaciones son hechos inexorables de la naturaleza y se presentan siempre en el mismo orden. Orden que se repite cíclicamente coincidiendo las principales (casi exactamente) con los solsticios de verano e invierno respectivamente, invertidos depende el lado del Ecuador en el que se encuentre uno.

No veo el motivo por el cual dar la bienvenida a la primavera, saludar o poner “Feliz primavera” en los muros de Facebook y no hacer lo mismo con el invierno. Que los antiguos lo vivieran con expectativas y tuvieran rituales en los cuales se daba la ‘renovación de la vida’ y el ‘renacer de la naturaleza’ se desprende de la visión sobrenatural y mística que tenían de los fenómenos naturales y el desconocimiento de las leyes que regían esos fenómenos.

Fara bara bara bara barabara barabara, fafa fafa fa fafaaaa

Ahora que, promediando la 2° década del siglo XXI, demos la bienvenida a una estación muestra que pese a los avances de la ciencia y el conocimiento seguimos pensando como el hombre de Stonehenge. Sumándole a eso la cursilería sensiblera que asocia la primavera con el amor; cuando es un hecho probado científicamente que dormir cucharita se da mejor en condiciones de bajas temperaturas.

La primavera está asociada con las alergias, la proliferación de insectos y demás bicherío molesto, días ventosos e inestables, la locura por los gimnasios, la culpa acumulada por los kilos adquiridos a fuerza de engullir chocolates y tortasada mientras se mira la novela y la creencia generalizada de que todo va a estar mejor y nuestros problemas se van a resolver mágicamente porque florecerán las flores y se retira el frío (?)

No me saludes.

No me interesa.

A mi me gusta el invierno. La nostalgia de las tardes lluviosas, la calidez del café recién preparado, la contradicción del sol apenas tibio y viento gélido golpeando mi cara. La nariz y las orejas adormecidas al llegar de la calle. Dormir bajo 4 frazadas. La variedad de guisos que se disfrutan sin peros y sin culpas. Los días cortos y las noches interminables. Las calles desiertas. El placer de leer un libro pegado a la estufa y un largo rosario de etcéteras.

La primavera llega luego del invierno, seguirá el verano y nuevamente el otoño, hasta el próximo invierno. El devenir del tiempo y la naturaleza así lo establece. No hay motivos para hacer tanto alarde por algo que viene pasando desde los inicios de la historia y seguirá hasta el fin de los tiempos.

Desear Feliz Primavera es como desear Feliz Lunes.

Y nadie en su sano juicio hace eso.