Krugman, la educación y la obsolescencia de un título de grado

¿Estamos creando profesionales obsoletos?

“Es una verdad aceptada universalmente que la educación es la clave para el éxito económico. Todo el mundo sabe que los trabajos del futuro requerirán aún mayores niveles de capacitación. (…) Pero lo que todo el mundo sabe es errado.”

Esto lo dice Paul Krugman, economista, periodista norteamericano y premio Nobel de Economía en 2008 en su articulo del New York Times del 6 de Marzo de 2010 (Degrees and Dollars — NYTimes.com)

Vale la pena leer todo el artículo. En el, comenta como hoy con las herramientas de computación y análisis adecuadas, se pueden estudiar miles de documentos, sin prácticamente exigir la participación del ser humano.

Una primera conclusión de Krugman es que el progreso tecnológico está reduciendo, en verdad, la demanda de trabajadores altamente educados. Y que lo que hasta hasta ahora era verdad absoluta: “la idea de que la tecnología moderna elimina sólo trabajos de baja categoría, que los trabajadores bien educados son claros ganadores”

Destaca como el mercado de trabajo de los Estados Unidos se ha caracterizado por lo que él mismo llama un “ahuecamiento” o “hole in the middle” de las clases trabajadoras donde tanto los empleos de alto salario como los de bajo salario han crecido en detrimento de aquellos trabajos de salario medio, que sostienen la clase media tradicional.

Y el agujero se ha agrandado. ¿Por qué ocurre esto? La creencia de que la educación se ha vuelto más importante descansa en la idea de que las informática y la tecnología ayudan a aquellos que trabajan con su mente y dañan a aquellos que trabajan con sus manos.

Las computadoras sobresalen en tareas rutinarias, “tareas manuales y cognitivas que pueden ser realizadas siguiendo reglas explícitas”. Por tanto, cualquier tarea rutinaria está a tiro de despido.

Todo lo contrario al entender y comprender general. Los trabajos que no pueden ser realizados siguiendo reglas explícitas tenderán a crecen aún frente al progreso tecnológico.

Y finalmente, la conclusión final de Krugman y que personalmente me resulta reveladora: la mayoría del trabajo que todavía se realiza en nuestra economía es difícil de automatizar.

Notablemente, los puestos de manufacturas cuentan con menos del 6 por ciento del empleo, no quedan muchos trabajos de línea de producción listos para automatizarse.

En cambio, mucho trabajo de “cuello blanco” realizado actualmente por trabajadores bien educados y relativamente bien pagos pueden ser computarizados.

Krugman finaliza sus conclusiones con una frase también contundente: “Los Roombas (NdR: un aspirador robótico fabricado por iRobot) son muy lindos, pero los robot-ordenanzas todavía están lejos, pero la investigación legal por computadora y el diagnóstico médico con asistencia digital ya están aquí”.

¿Otra muestra? La Facultad de Farmacia de la Universidad de California en San Francisco, anunció que probaron un “robot farmacéutico” que completó y registró 350.000 dosis recetadas de medicamentos sin errores.

En un propio comunicad de la universidad se declara que “el dispensario automático de medicamentos libera a los farmacéuticos de los aspectos mecánicos de la práctica. Esta tecnología, junto con otras, permitirá a los farmacéuticos utilizar su experiencia de atención farmacéutica para asegurar que sus pacientes son tratados con medicamentos adaptados a sus necesidades individuales.”

Sumémosle la globalización a este entorno y el dictamen es claro.

Hay que transformar la educación. Krugman menciona sólo a la educación estadounidense. Yo, personalmente creo que también aplica a nuestras latitudes.

Sobre todo en lo que comenta como “desigualdades” que enfrentan los niños que comienzan una carrera educativa según el origen o el poder financiero de sus familias.

Y su ejemplo es clarísimo. Niños brillantes de menor poder adquisitivo, ven como mínimas sus probabilidades de concretar y finalizar su educación. En el otro extremo, niños quizás no tan “capaces” con alto poder adquisitivo, representan un gran desperdicio de potencial humano y económico.

La intervención sobre el sistema educativo, deber cubrir aspectos que superan el modelo de “inclusión” por la inclusión misma. No basta con que cada niño tenga acceso a la universidad y que todos finalmente egresen con un título bajo el brazo. Hoy este título no garantiza un buen trabajo. Y cada vez lo garantizará menos.

Krugman sugiere que una sociedad próspera basada solamente en la educación es una ilusión y que se debe reconstruir el poder de negociación trabajador ha perdido en los últimos 30 años, por lo que los trabajadores ordinarios, así como los superestrellas, tengan el poder de negociación de buenos salarios.

Lo que no sugiere, es sólo dar títulos de grado universitarios que puedan ser poco más que tickets para empleos que no existen o que no puedan pagar los salarios de la clase media.

Finalmente, luego de leer el razonamiento de Krugman, al que adhiero ciento por ciento, me queda un cuestionamiento personal. En nuestro sistema educativo actual, ¿es probable que estemos formando profesionales que, al momento de egresar, obtengan un título de grado que para ese entonces, tal vez, ya sea obsoleto?

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