De porqué la pizza me recuerda a ti.

Eran las 21:00 horas. Salí tarde del trabajo. Verano de un año con cierto número que aún trato de olvidar. Cogí el autobús, dirección a tu piso que me dejaba abajo del todo, y tenía que subir la cuesta empedrada del Paseo de los tristes, aún me duele la planta de los pies de los pedruscos, aún puedo sentir esa sensación, los minutos previos a llegar y respirar tranquila, porque seguías allí, y respirabas.

Eras como mi tesoro. El tesoro que yo dejaba escondido y que pasase lo que pasase , al caer la noche y llegar a casa allí estabas, esperándome. Un tesoro que había que cuidar porque tenía fecha de caducidad. Eras mi tesoro , mi mejor amigo, y como siempre yo termino perdiendo lo mejor. La vida así me lo ha planteado siempre , absolutamente todo.

Ése día subí rápidamente las escaleras. Ya tenía llaves de tu casa, así que abría, y entraba. Y te buscaba como loca, con la mirada, por casa, nerviosa. Una habitación, otra y otra. Y allí estabas, en el enorme ventanal, con vistas a nuestra Graná. Maravillosa. Y me mirabas con esa sonrisa ¡por dios! Y me matabas por dentro y por fuera. Podía tener el día de mierda que fuera que, al llegar y verte se me quitaba todo. Eras alguien que me entendía, y que me echaba bronca cuando tenía que hacerlo. Contigo, y puede sonar a tópico, había aprendido que no hace falta conocer a alguien años y años y años, que a veces cuando dos almas conectan, se pueden conocer de unos días que ya son almas inseparables y con una conexión que nadie, NADIE, puede separar, es que ni la muerte nos separó.

Y estabas en el ventanal, con el torso desnudo. Y tus pantalones grises cortos. Abrazado a tu guitarra. Mira, ven, ven… acabo de componer una canción -decías- a ver si te gusta.

Y cantabas con ese hilo de voz, y esos acordes que… podían erizar mi piel ya durante toda la noche. Y daba la maldita casualidad de que siempre era maravilloso. ¡Que bonito!.

Recuerdo una letra que decía:

« Cuando no queda nada, queda todo y queda el sofá vacío pero lleno de mí y de ti. Y queda el sol en la ventana, y quedan las ganas de verte y esperar a que vengas. Y queda el tiempo que nos queda, y queda que te quieras quedar para siempre»

Pedíamos pizza. A aquella pizzería favorita , nuestra… que hacían una masa muy muy fina, porque así nos podíamos comer dos cada uno. Menudas charlas, hablando de todo, contándonos mil historias, confesando secretos que , te juro, a nadie le hubiese contado jamás. Y si alguien nos hubiese visto allí riendo, comiendo, cantando y tocando con tu guitarra, si alguien nos hubiese visto allí tal vez pensara que estábamos enamorados el uno del otro, pero no… más allá de eso, lo nuestro iba más allá. Éramos amigos solamente que era mejor que cualquier relación de pareja posible, es más, es la mejor relación que tuve con nadie, y la que menos duró. Tal vez si tu hubieras sido una chica, tal vez, solo tal vez, algo hubiese sucedido allí. Pero yo me alegro tanto de que nuestra relación no se basara en amor y sexo… que te quería hombre, te quería como eras y lo que vivimos ya quisiera alguien haberlo vivido alguna vez, antes que una relación amorosa con final para olvidar.

Luego la pizza se terminaba. Y la guitarra quedaba en el suelo. Y las risas se callaban. Y sí, era el momento en que aparecían los lobos en la puerta. El lobo te mordía fuerte. La herida se abría y la fiebre te subía muchísimo. Ardías por dentro y por fuera. Me hacía una bola y me ponía a tu lado, pasando mi mano con el trapo húmedo por tu frente. Lloraba, pero jamás te diste cuenta. El cáncer estaba ahí, haciendo de las suyas, como lobo hambriento te mordía y hubiese dado cualquier cosa para que mordiese mi brazo y no tu cuerpo.

Maldita sea. La madrugada me la pasaba vigilándote, si la fiebre no se iba había que ir al hospital. Allí ya nos conocían. Creían que yo era tu novia, y yo les decía que eras más que eso…

Aquella noche no hubo hospital. Y cuando la fiebre acabó te metí en la bañera, y te lavé. Como si fueras un bebé. Y allí, con el pelo chorreando, parecías un niño pequeño, te quedaste en nah, súper flaco. Y me decías llorando mil veces gracias, y yo lo odiaba. Odiaba tus gracias, porque no estaba yo allí haciéndote un favor, me lo estaba haciendo a mí. Pero no lo sabrás jamás. Que estaba allí porque quería estar, porque te quería con toda mi alma. Y por eso tal vez ahora necesito escribir esto, en nada se cumplen años desde que maldita sea, te llevaron los putos lobos.

A veces me gustaría que estuvieses vivo, para que los días malos pudiese llamarte, aunque creo que, si te contara habrías venido y me habrías llevado lejos contigo. A lo mejor a aquella ventana enorme, donde podíamos escribir las mas bonitas canciones con los acordes más maravillosos jamás escuchados.

Te recuerdo mucho y a veces , sin que nadie lo sepa, lloro de rabia.

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