Clásico desayuno norteamericano universitario…

Después de desayunar como si no hubiera mañana e irme medio empachado y medio durante más de una hora en uno de los dos autobuses del grupo, llegamos a la reserva marina “Año Nuevo” en las costas de California. Sinceramente no tenía ni idea de dónde estaba. Pero es un lugar cuyo tipo de ecosistema no conocía; pinos y ocochal junto al mar con sol que te quema sin que te des cuenta y bahía, adornado por un montón de rocas inmóviles que de repente se levantan y resultan ser leones marinos. Son enormes, y graciosos. Me recuerdaron a algunos amigos y conocidos en fiestas después de algunas copas de más.

Principalmente fue un dia de esparcimiento y recreación, nos acompañó el Dr. Rodolfo Dirzo, moroloense egresado de la UNAM experto en Biología en Latinoamérica y director del centro de estudios latinoamericanos en la universidad de Stanford (otra vez las tres palabras). Un personaje de lo más sencillo pero de lo más cabrón en su área, y él se dice no saber nada. Humildad ante todo. Después de recorrer la bahía y estarnos cuidando de ni siquiera rozar las hojas de “Poison Oak” porque supuestamente ocasionan una reacción alérgica muy severa, nos trasladamos a otra bahía para escuchar una plática del doctor que se puso bastante buena entre comentarios, preguntas, respuestas y opiniones. Imagina estar sentado en la arena viendo hacia el mar y escuchando a una eminencia de la biología hablar sobre datos muy específicos y pesados, y de repente ver en el agua un grupo de delfines que van pasando por ahí.

Son experiencias nuevas y únicas, pero ahora valoro las playas mexicanas y entiendo por qué los extranjeros les gustan tanto. Las playas de San Francisco no son para meterse al agua. Está heladísima. Hace viento también muy helado. Si en una playa mexicana comienza a hacer viento, te metes al agua para que no te dé frio. Si acá haces eso, te congelas. Ni siquiera mojarte <<nomas los piesitos>> es agradable. Y eso que es verano. Había locales en traje de baño, algunos bikinis por ahí, y niños jugando en el agua. Mis respetos, yo ni de chiste me meto al agua. Yo llevaba pantalón de mezclilla (y por supuesto la playera de la Universidad de Guadalajara) y estaba bastante cómodo. Quienes sufrieron fueron las y los compañeros que escucharon -playa- y se fueron de vestido o short y playera de resaque.

Al regresar a la Universidad de Stanford, hambriados a pesar de haber comindo un par de subways cortesía del consulado, buscamos (busqué y jalé gente) dónde comer. Un día antes habíamos conocido los restaurantes y cafés de University Avenue, a unos 20 minutos caminando a paso Héctor. Pero uno de los compañeros ya conocía el área de la universidad y nos recomendó CoHo (Sí, se pronuncia cojo, y no es albur).

Resulta que este lugar (CoHo) parece ser uno de los puntos principales de reunión entre los estudiantes y visitantes de esta universidad porque cada que voy ahí está lleno de personas. Tal vez sólo sea uno de varios porque la universidad es muy grande. La comida es buena, y no tan cara (pero no barata) como en University Avenue y encuentras de prácticamente todo.

Lo mejor de la noche, además de comer, fue que nos encontramos con un concierto de Jazz simplemente fenomenal. Todo porque una amiga (la políglota) vio un anuncio, yo escuché un saxofón a lo lejos y fuimos a preguntar a unas personas que finalmente nos acompañaron hasta la entrada del auditorio y que al ir pasando por la parte trasera nos encontramos con los músicos y vocalistas que estaban por presentarse. De haber sabido antes que eran tan buenos, les pedía su autógrafo, selfies y business cards. Fue un fenómeno simplemente hermoso artísticamente hablando. Quienes me conocen saben que me fascina un poco el mariachi al grado que los cachetes me cosquillean y la piel en los brazos se me eriza con ciertas canciones. Pues lo mismo me pasó en repetidas ocasiones durante las casi dos horas que el aire del lugar transportaba vibraciones a diferentes frecuencias y amplitudes hasta mis oídos (sí, soy ingeniero y eso es el sonido). Hasta este momento habían sido los 15 dólares mejor gastados en todo el viaje, considerando. que había tenido algunos gastos imprevistos. Simplemente fenomenal, el líder del grupo se llama John Santos y al parecer es el instructor del campamento, o festival, de Jazz de la universidad. Desde ese día tengo un nuevo género musical en mis gustos (que son muy variados). Lamentablemente no es permitido tomar ni video ni fotografía de estos eventos, por lo que no puedo poner aquí una imagen ad-hoc.

Desde el «food court» de CoHo hasta Le Maison Francaise son unos 10 minutos caminando, por lo que todo el camino hablamos al respecto del concierto. Una vez ya por fin en mi cuarto, terminé de instalar mis cosas y caí en el efecto de morfeo hasta la mañana siguiente, el lunes, cuando oficialmente iniciarían las actividades más formales del programa. En palabras del cónsul, ahora sí viene lo bueno.

A este punto de la experiencia ya he tenido momentos inolvidables, he conocido personas impresionantes y la cantidad de información que mi mente tiene que procesar se hace cada vez más densa, pero con algunas técnicas y trucos que mi mentor y amigo Dr. Ricardo Armando González me ha compartido he podido hackear y optimizar este proceso, además que escribir y compartir aquí lo vivido ayuda realmente a aterrizar ideas y pasarlas a la memoria de largo plazo. Pero como no basta tener las ideas e información en la mente, sino que es necesario ejecutar cosas que agreguen valor a tu vida con base en ello, tendré que dedicarme tiempo para aprovechar al máximo lo que viene aquí en Silicon Valley, y eso, aquí lo estaré compartiendo.

E.R.