El lugar perfecto

Ese que buscas para escribir, como un criminal a la oscuridad.

Pocos lugares como CoHo, el restaurantsito no tan pequeño de la Universidad de Stanford. Mientras afuera está frío y húmedo por la lluvia nocturna que calló sobre Silicon Valley, aquí huele a comida deliciosa y a café. Para mí en especial huele a ese sandwich de queso acompañado por sopa de tomate que intenté recrear en casa sin mucho éxito, y a ese havanna latte tan único que formó parte de la aventura diaria del verano para emprendedores en Stanford. Esta experiencia de una semana de Agosto marcó el inicio de una era en mí, y seis meses después aquí estoy de nuevo, al igual que mi amigo Tona que acaba de proclamar que hoy aprenderá a programar swift, contento e inspirado para reflexionar sobre esta última aventura de internos consulares en la región tech por excelencia, y para planear cómo he de comerme al mundo este año.

CoHo

De las 87 personas que están es este lugar, 63 están inmersas en sus computadoras; 40 tecleando a máxima velocidad mientras intercambian uno que otro comentario con sus compañeros de mesa, 20 leyendo y tomando notas de no sé qué, y las otras 3 en Facebook. Así como tú cuando encontraste el link de este texto.

La verdad es que no las conté, pura intuición. Pero ese es el ambiente que te encuentras por todo Silicon Valley; tanto en Castro Street de Mountain View como en University Avenue aquí en Palo Alto. La diversidad cultural también es emblema de esta región (o de todo California) pues no sabes si en la siguiente fila para encontrar comida estarás junto a alguien de India con su particular olor a especias, alguien de Asia con su pronunciación de ingles casi imposible de entender, un méxico-americano talking with su abue preguntando a what time arrivan al airport o una irlandesa-alemana modelo del estereotipo perfecto digno de una pasarela de Victoria’s Secret. Así es el menú por acá.

Este ecosistema multicultural y colaborativo lo describe Andrés Oppenheimer en su libro “¡Crear o Morir!” que ha sido uno de mis entretenimientos durante los traslados en tren a San Francisco o a Los Ángeles. No sé si todas estas personas clavadas en sus laptops están haciendo tarea, revisando un reporte financiero de su compañía multinacional o desarrollando el nuevo facebook o snapchat de este año. Aquí puedes dejar volar tu imaginación si eso te divierte.

Estoy de nuevo en Stanford, escribiendo por fin después de haber estado buscando un espacio de tiempo entre tanta aventura de estos últimos días. Hemos pasado la noche en 6 lugares distintos, entre airbnb, couchsurfing y familia en 4 ciudades distintas. Hoy vamos por el séptimo, y al parecer, el último antes de tomar nuestro avión de regreso a México en un par de días. Hemos trabajado durante sólo un par de horas y durante días completos al <godinez style>, eso sí, siempre en proyectos tan importantes como que el mismo presidente de la república recibirá documentación en la que nosotros colaboramos. Las festividades navideñas, las primeras fuera de casa para mí, fueron tranquilas y familiares para la mayoría de nosotros.

Año nuevo fue diferente; improvisamos en San Francisco. Este festejo fue muy importante para mí pues sentía que debía festejar a manteles largos el cierre de uno de los mejores años de mi vida; terminé mis estudios universitarios (por fin), me enamoré y desenamoré (otra vez), viajé como nunca antes pero lo más importante es que conocí, viví y aprendí lo que nunca hubiera imaginado y ahora mi visión del mundo y mis planes son más ambiciosos que nunca. Por esto es que el letrero de -gracias- lo traje en la frente toda la noche de año nuevo, junto con la botella de vodka en la mano a lado de mis amigos y cómplices de muchas aventuras. Esta aventura de año nuevo en especial inició con una visita a la isla de alcatraz, recorrimos prácticamente todos los muelles de la bahía de San Francisco brincando de bar en bar, después de gritar ¡Feliz Año Nuevo! en el Cheese Cake Factory de Union Square nos colamos a un par de fiestas de hoteles hasta que nos corrieron, entramos a un bar de mala muerte en un sótano y después de cenar hotdogs en la calle (dicen, yo no me acuerdo de eso) y unas burger king de madrugada pasamos unas cuatro e infinitas horas congelándonos en las calles de San Francisco esperando a que saliera el próximo tren hacia San José. Sí, ahora puedo contar que ya he dormido en la calle, congelado, pero bien paseado.

Este inter entre Navidad y Año Nuevo fue un break obligado para las sesiones de trabajo en el consulado. Pero ya volvimos a las labores. Una de las tareas asignadas es escribir sobre una de las tantas experiencias que tuvimos atendiendo conferencias en el programa de verano. Y aquí estoy, en Stanford escribiendo, pero no sobre lo que debía sino sobre este inolvidable viaje, la graduación del 2015.

Sobre el plan macabro para devorar al 2016 no hay muchos avances, uno de los efectos colaterales de este año lleno de de viajes y experiencias es que no sé qué camino seguir. Las ofertas de empleo no me convencen, la maestría queda descartada porque ya quiero dejar de ser “estudiante de tiempo completo” y comenzar a ser productivo, no importa que deba convertirme en un Godinez durante una temporada siempre y cuando el trabajo no me absorba y me inhiba de desarrollar mis proyectos. Lo que sí sé es que sin importar qué aparezca en mi agenda durante las próximas semanas seguiré lo que me revuelve el estómago y quita el sueño; emprender. Ya sea por la iniciativa forestal o cualquier otra de las 20mil ideas locas anotadas en la libretita del millón de dólares, pero haber conocido a tantas personas increibles y dispuestas a ayudar ejerce una presión enorme para no desaprovechar toda esta base de poder (lee Vendes o vendes, de Grant Cardone) y ponerle turbo a este cohete que ya va despegando, pero aún no se coloca en órbita.

Si tú sientes igual esa pasión por comerte al mundo y quieres colaborar, o tienes cualquier pregunta, aporte o recuerdo progenitor, te dejo mi correo: edmundormz@gmail.com y de una vez me dices por qué crees que este texto se tituló “El lugar perfecto”. El objetivo de estos textos escompartir y colaborar, y tu retroalimentación será siempre bienvenida.