Como perros y gatos

Lo encontré ensangrentado debajo del árbol, justo en la esquina de la casa. El Ogí había muerto por la fuerte mandíbula de Rocky, el boxer. Los dos vivían, exactamente, como perros y gatos. No había sido buena idea tener a este par en la mismo techo, pensé. Sin embargo, ambos llegaron de forma fortuita, y como creo en la suerte, decidimos adoptarlos. El Ogí era un gato demasiado vanidoso y cucón, en cambio Rocky, era un perro sereno y dormilón, pero un mal día, como el que todos podemos tener, no aguantaría más las bromas del tremendo Ogí. Lloré, maldije a Rocky unas cuentas ocasiones, estuve triste por un tiempo hasta que entendí, que en la vida, hay que ser mesurados, prudentes, porque quizás, tengamos de frente algún Rocky encubierto.