El rockero y yo
Compré los casetes en un pequeño local frente al jardín del centro de Tecomán. Hacía un calor de los mil demonios. Mi madre traía prisa: “Bájate rápido, aquí está el dinero, cómpralos y vámonos”. Bajé del coche y como pude corrí hacía el vendedor. Mala idea poner a correr a un niño gordo en pleno sol donde lo único atlético son sus tenis. “Oiga, tiene el de Plastilina Mosh, ¿y qué otro de ese tipo?. Terminé encontrando otras joyitas del rock mexicano de aquel entonces: Molotov y Control Machete. “Donde jugarán las niñas” y “Mucho barato” se vinieron con “Aquamosh”. Mi madre manejaba mientras los metía uno por uno en mi Sony Walkman gris. Cruzamos el puente de Armería, después Cofradía de Juárez, pasamos Flor de Coco, hasta que el coche se estacionó en el portón de nuestra casa. Nada. Seguía sin decir una palabra. Escuchaba y me imaginaba que algún día sería estrella del rock. Al llegar a mi cuarto, en la puerta de la entrada, escribí una frase con plumón. Sí, rayonaba mi cuarto, como cholo. Transcribo: “Estás entrando al cuarto del famoso y gran rockero, Mccoy”. Estuvo en mi habitación hasta el día que dejamos atrás Armería. Junto con muchos amigos, anécdotas y vivencias. Espero que abajito de mi frase, otro niño, joven o adulto, haya escrito su sueño, y por suerte, circunstancia y trabajo, lo haya alcanzado. Porque yo, mientras, seguiré rockeando con mi viejo Sony Walkman gris….