Cuanto mar había
En casa vestíamos de negro. No es que nos faltase gusto por adornar el cuerpo de otras tintas, aveces la alegría necesitaba de su propio luto. Le otorgábamos a diario un carnaval con sueños rotos, sonrisas extraviadas y cada tarde recorría nuestras espaldas un sudor pesado, con su olor marchito de…