Tengo diabetes, tengo a Cristo.

La diabetes, aquella con la que vivo desde el 2015 y a la que ignoré hasta el 2017. Tuve que llegar al hospital con una sed infernal para darme cuenta que mi vida corría peligro.

Los 14 de Noviembre es el día mundial de la Diabetes y hoy me dijeron «felíz día mi luchador.» Pensé entonces ¿cómo he logrado mantenerme en pie? es difícil, sí, pero ¿cómo he resistido? ¿de qué forma he luchado?

Yo padezco Diabetes tipo 2, y la tengo a causa de una mala alimentación provocando así, un descuido metabólico desde que podía decidir qué comer.

Tuve que aprender a las malas. Tuve que gritar por agua, suplicar por un sorbo para darme cuenta de que la responsabilidad de mi cuerpo había sido minada de malas decisiones.

¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: 
Habitare en ellos, y andare entre ellos;
y sere su Dios, y ellos seran mi pueblo.
2 Corintios 6:16 (LBLA)

El Evangelio se aplica en cada detalle de nuestra vida, pero yo pecaba en la comida desmedida, en envenenar mi cuerpo, en abarcar más y más y más. Yo decía en mí: no pasa nada, no soy gordo, es solo comida, mañana haré ejercicio, solo un poco más. Sin embargo, Santiago 4:13–17 no se equivoca y ¡cómo lo haría! si es la Palabra de Dios.

Lloré mucho al enterarme de mi cuidado, porque renunciaba a mi ídolo. Fui y soy falible, pero Dios con su amor demuestra que aun en nuestra desobediencia, si hay arrepentimiento y clamor por su sustento y fuerza, Él es fiel. Él fue y es la Roca inamovible que me sostiene en medio de la banal corriente del mundo.

El Evangelio ayuda a entender la razón de nuestro papel en este mundo; estamos para glorificar y dar testimonio de Cristo en todo. Nuestro hablar, nuestro proceder, la actitud, la mirada, lo que consumimos, todo refleja nuestro estado espiritual.

Aún sigo aprendiendo y luchando, llorando y disfrutando pequeños logros en mi diabetes, pero no soy yo, es enteramente el Rey de gloria.


Publicado originalmente en Hasta en las piedras