Diario de Onán | Borrachucerías

La actriz estadounidense Tallulah Bankhead, en el Hotel Ritz de Londres en 1951. / Táboa Redonda

Miércoles. Pereiro me encargó en septiembre entrevistar a Fermín Bouza. Dejé pasar los días, y los días pasaron por Fermín.

Sábado. De exposiciones: más que ver a los fauvistas, los atravesé.

Martes. La de cosas que le habrán dicho los padres a sus futuros hijos artistas. “Los discos nos han echado de casa”, se quejaban los del locutor radiofónico Juan de Pablos, aunque según ellos se dedicaba a las “borrachucerías”. El presentador de Flor de Pasión es un tío entrañable. Lo conocí en un viaje en coche a Murcia: él pinchaba en el Lemon Pop y Los Enemigos tocaban en el campo de fútbol de un pueblo cuyo nombre no recuerdo. Se pasó todo el camino hablando de actrices del cine en blanco y negro.

Miércoles. Hay sitios que no conozco gracias a los conciertos de Josele Santiago: Medina del Campo, por ejemplo, donde descubrí la lengua de vaca rebozada, una delicia. Allí hay un refugio antiaéreo, el Café-Tal, cuyas equivalencias son obvias: el Pop Torgal, en Ourense; O Pub, en Arzúa; el Náutico, en O Grove… Nosotros, en Carballo, tenemos O Patacón, donde Horacio abreva, sin abreviar, a sus devotos.

Viernes. En la pasada Feria del Libro de Madrid me crucé con Jesús Ordovás. Le pedí el teléfono y le dije que lo llamaría. También le comenté que era fan de su programa, o algo así, y él me respondió que hacía tiempo que había dejado de emitirse. Todavía no lo he llamado.

Sábado. Diego Manrique estrena espacio musical en Radio Carmena. Antes de entrevistarlo, me doy cuenta de que una revista ya le ha preguntado por su infancia. Hay gente, como Kiko Amat, cuya primera pregunta trata sobre las primeras veces. Yo quería bucear en los orígenes de Diego A. 
–pronúnciese Diego A Punto– , pero me veo obligado a dar un salto hasta los Beatles. Hablamos más de la música que de la vida, cuando yo deseaba hablar más de la vida que de la música. A veces creo que las mejores entrevistas se dan cuando no media un cuestionario, lo cual no quiere decir que no haya que prepararlas para que salgan bien.

Domingo. El mejor imitador de Joaquín Reyes es Pablo Iglesias. El mejor imitador de Julio Ruiz es Julio Ruiz.

Martes. De exposiciones: “Puede que la democracia sea el turismo” (Robert Capa).

Jueves. Escribe Lucía Taboada en El Comidista que en Galicia la gente no sólo se casa por amor, sino también por comer. Comento la jugada en Turíter, como dice mi madre, y el periodista Daniel Domínguez entra al trapo. Lo conocí hace años, cuando estudiaba un máster en Madrid, a través de mi hermano David Losa. Me volví a cruzar con él en O Dezaséis y, luego, en Santiago, que viene a ser lo mismo. Otro día hablaré de Suso, qué grande, porque ahora me ocuparía medio diario. Daniel saca a colación el restaurante Canta la Rana, en Buño, donde también reinó Casa Elías. Yo digo Casa Rey, en Carballo, y Daniel añade el Punta del Este, bajo cuyas mesas enterraba “los esqueletos de bogavantes, a un par por barba”, y sobre las que se servía el chupito de licor café en vaso de tubo, “como la gente decente”. Mi gran hit matrimonial fue ver a un padrino, a su vez padre de la novia, beber champán por el zapato de tacón de la hija.

Los salones de bodas me recuerdan a las salas de fiestas. El otro día rememoraba con Miguel de Lira su época dorada. Aunque Carballo también contaba con As Airas, hoy una mueblería, los domingos eran de A Revolta, un pecio en tierra vandalizado por el paso del tiempo y el trote del ser humano. Vandalizar, por cierto, es un verbo horrible. Miguel presentó en Madrid Eroski Paraíso, la última de Chévere, una crónica de la emigración y el desarraigo en clave de comedia. A Milonga Garsía le gustó mucho. A mí me recordó el cine de Ken Loach, no por tanto por su hiperrealismo, como por la sensación de entrar en la sala para que te muestren cómo es la vida fuera. Chévere y Xabier Ron son muy buenos. Patricia de Lorenzo borda el personaje de empleada de supermercado, o sea, interpreta a nadie, con lo difícil que debe de ser eso.

A Vieira, en Ponteceso; Saturday, en Arcade; Lennon, en A Estrada; Donadana, en Touro… Viveros de parejas, que después de varios domingos consumaban el matrimonio en el Mesón de Pastoriza o en el Alameda. Miguel las define como verbenas indoor y subraya la importancia de que contasen con un buen parking.

Todo esto ya lo había contado Manuel Rivas en Galicia, el bonsái atlántico (El País-Aguilar): “Con una estética arquitectónica genuina, que mezcla elementos del Cotton Club, Manhattan, nave industrial y granja, con grandes explanadas para aparcamiento, estos centros de diversión y ligue, situados estratégicamente en alguna encrucijada, reúnen a miles de jóvenes del medio rural que bailan al ritmo de la música disco que triunfa en toda Europa y hecha por emigrantes senegaleses en algún gran estudio de grabación en Londres o París. […] Como reclamo añadido se sortean coches del último modelo, viajes a las Bahamas y hasta lingotes de oro”.

“Es un tupido mapa, con música rock y atmósfera country, especialmente recomendable para entender, sin prejuicios, qué está pasando sociológica y culturalmente en Galicia. Ya todo es igual en todas partes pero distinto al resto. Después de danzar, tomar un cubata y fumar un porro, sales fuera de estas naves, dando bandazos como ET, y no ceja el eco del bosque y del mar, vuela la lechuza y un raposo de ojos brillantes se cruza en la carretera”.

“En Galicia se han utilizado mil formas para adjetivar la diferencia de una periferia que se sabe periférica y que nunca ha tenido la cabeza totalmente sobre sí misma. Se ha hablado de nación, nacionalidad, país o colonia, pero también, en términos menos convencionales, de impaís o mohicania”.

Años después, la discoteca se convirtió en ruta. Pueblos como Santa Comba, la localidad con más licencias de tablao flamenco de España, triplicaban su población los sábados. Los esmorgantes alquilaban pisos para dormir la moña, un recurso menos peligroso que el del coche y más barato que el del taxi. Las instituciones ponían buses –como en los entierros, siempre los hubo, pero antes la factura era asumida por los dueños de las salas de fiestas– y los chavales, más que salir de marcha, se iban de diáspora. El mercadeo nocturno de Ordes o Ponteceso es hoy un páramo donde sobreviven taberneros al margen de las modas, como Javi, el último mohicano de A Eira. En cuanto a aquellas salas de fiestas, sus muros albergan supermercados, como le sucedió a la Paraíso de Muros, convertida hoy en un Eroski. De eso va la obra, que se representa el 3 de marzo en el Teatro principal de A Estrada.

Domingo. Ejercicio metapoético: shufa en la orilla del mar de Razo.

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Publicado en el suplemento literario Táboa Redonda (El Progreso / Diario de Pontevedra) el 19 de febrero de 2017