Diario de Onán | Lisérgicos

Concierto de Grateful Dead en Haight-Ashbury en 1967. A la derecha, Jerry Garcia. / Jim Marshall

Domingo. Todo va tan rápido que ya resulta viejuno exclamar: “¡Qué pronto ha envejecido la nueva política!”.

Lunes. Periodismo de datos: un reportaje sobre las parejas que se separan durante el montaje de un mueble de Ikea. Menos letras y más porcentajes.

Miércoles. El desayuno de Gloria Fuertes: una botella de tres cuartos de vino blanco, una barrita de pan y una copita de anís. Me lo contó antes de jubilarse Francisco Cíes, el dueño de la Taberna de Antonio Sánchez, la más antigua de Madrid. Por el lugar, que acogió la tertulia artístico-literaria El Rato, se pasaron Pío Baroja, Gregorio Marañón, Joaquín Sorolla, Ignacio de Cossío, Julio Camba y Luis Carandell. La poeta –vecina de la calle Espada, en el barrio de Lavapiés– se sentaba ante un velador de mármol en un discreto rincón del local, donde también acostumbraba a hacerlo Zuloaga, y daba cuenta del morapio: ¡un desayuno de campeonas! Alfonso XIII, en cambio, prefería las torrijas, como el caballo del Madriles –el conductor del último simón– , que paraba cada tarde a merendar frente al número 13 de Mesón de Paredes.

Viernes. El selfie es el mensaje.

Sábado. Cuando Carlos Santana descubrió la Anunciación y decidió que aquel cuadro de Matias Klarwein ilustraría la portada de Abraxas (Columbia, 1970), preguntó por el artista trotamundos y se plantó en su estudio, pero nadie oyó el timbre. El pintor alemán de origen judío se encontraba en Tánger con Timothy Leary, gurú del LSD y la contracultura, quien una vez muerto convertiría la bóveda celeste en una urna funeraria: las cenizas del hombre más peligroso de América, según Richard Nixon, fueron esparcidas en el espacio por el satélite español Minisat 01.

Su biografía es fascinante y psicodélica. Klarwein huyó de los nazis tras nacer en Hamburgo y fue dando tumbos por Palestina, Israel, París, Asia, Norte de África, Nueva York y Deià, municipio mallorquín donde falleció en 2002 después de codearse con André Malraux, Boris Vian, Jimi Hendrix o Jerry Garcia –la tilde se perdió por el camino, cuando el abuelo paterno del fundador y guitarrista de Grateful Dead, Manuel García, dejó atrás Sada para embarcarse en la marina mercante y, finalmente, asentarse en San Francisco–.

La intrahistoria de Klarwein es ubérrima: las vidas ajenas contenidas en los pliegues de su existencia son fascinantes, desde la del lisérgico Leary hasta la del gallego Garcia. Pero hay más: Robert Venosa, el autor de la tipografía de Abraxas, había sido discípulo de Salvador Dalí, con quien el propio Klarwein llegó a tratar en París –“algunos piensan que soy su hijo ilegítimo”, llegó a decir el alemán respecto al que consideraba su padre espiritual– .

José Luis Gil, director de CBS, logró burlar la censura franquista pese a que en la portada de Abraxas había dos mujeres desnudas. Una de ellas, la Inmaculada Concepción, es una Virgen voluptuosa y negra, inseminada por la trompa de un Buda con forma de elefante que busca aterrizar en este mundo convertido en un Cristo de carne y hueso. La otra, un arcángel Gabriel tatuado con una conga entre las piernas, instrumento de percusión o medio de comunicación del que se vale para anunciar a la Virgen María que va a dar a luz a Jesús.

Aunque la portada fue publicada en España, la madre de Dios, cuyo modelo había sido una novia caribeña de Matias llamada Jill, fue sometida a una depilación integral –todavía no se había popularizado la brasileña–, pues aparece con el vello púbico rasurado por algún antepasado del Photoshop. José Luis, para convencer a los censores –quienes tampoco veían con buenos ojos la paloma blanca que rondaba el pubis de Jill / la Virgen–, tuvo que apelar a la tradición y hacer pasar a Klarwein por el más célebre pintor desconocido del mundo: “Hubo un amago de prohibición, pero lo rebatí argumentando los múltiples desnudos en la pintura clásica y que se trataba de una pintura, no de una foto, de un destacado artista plástico afroamericano”.

Martes. Un vecino de Marinaleda, hace casi cuatro décadas: “Nosotros no somos de extrema izquierda, somos de extrema necesidad”

Miércoles. El otro día le solté a un colega lo de que “el selfie es el mensaje” y me comentó que la frase está muy trillada. No es la frase, estúpido, sino la peña que, teniendo a mano una cámara de la hostia o a un fotógrafo profesional, recurre a la autofoto con el móvil. Véanse los políticos, en campaña o sin ella. Un envoltorio cutre, ridículo, impostado y viejuno, sólo superado por la foto que inmortaliza un selfie. Ojalá que, al menos, fuese un metaselfie: se queda en multimierda.

Martes. El mundo se divide entre quienes escriben los Beatles y The Beatles.

Jueves. San Juan de la Cruz debió de pasarlas putas y Santa Teresa, de fliparlo bastante.

Sábado. Podría hablar de literatura, pero voy a hablar de fabada. He hecho una fabada terrible. Ahora entiendo a quienes defienden la fabada de lata. Moncho, un hombre hecho y derecho que está a punto de empotrarse en los ochenta, sostiene que la mejor fabada del mundo es la de Albo.

Lunes. Tras releer estas líneas, advierto que he usado dos veces la palabra viejuno, lo que me hace pensar en todo lo que ha hecho Muchachada Nui en pos del progreso y en beneficio de la humanidad.

Martes. Hablando de Jerry Garcia, el otro día me crucé en la Gran Vía con Jerry González. Una vez le preguntaron en una entrevista si era un maldito: “Si quieres que te diga que he probado la droga, pues claro, no tengo empacho en decirlo. Yo viví Woodstock, las nubes de marihuana, la cultura del LSD, la llegada a Nueva York de la cocaína… ¿Sabes con quién estuve toda una noche fumando marihuana? Pues con Dizzy Gillespie y Louis Armstrong en la casa de Louis. Diez horas escuchando discos de jazz y jalando maría. Si eso es ser maldito, pues que se jodan: lo soy”. Con los años, el trompetista de origen puertorriqueño –quien también toca la conga, como el arcángel Gabriel– levantó el pie del acelerador, se casó con una chica viguesa y dejó Madrid por Bouzas. Jerry paseaba a su hija y, más que un padre, parecía su abuelo.

Viernes. Pérez Reverte es el Chuck Norris del periodismo español.

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Publicado en el suplemento literario Táboa Redonda (El Progreso / Diario de Pontevedra) el 30 de abril de 2017