
Software, el arte que no se ve.
Al hablar de arte, como seres humanos tendemos a enfocarnos en todo aquello que podemos ver, es toda disciplina que tiene cierta belleza, en cualquier forma en la que se manifieste. Ya sea la música, la pintura, el teatro o todo aquello que evoque un sentimiento similar dentro de nosotros. La opinión popular nos dice que el arte carece de reglas y que no cualquier cosa puede ser catalogada como tal. ¿Es entonces el software arte o ingeniería?
A diferencia de otros procesos de ingeniería, en donde el resultado es visible en el mismo espacio en el que existimos, ya sea un puente o un edificio en la ingeniería civil o un automóvil en la ingeniería mecánica. El desarrollador de software se sienta frente a un teclado y escribe una serie de líneas de código que un computador debe procesar, lo que vemos al final del proceso no es nada mas que un programa en ejecución.
El trabajo de un desarrollador de software no existe, pero existe a la vez. Es en esa magnifica combinación donde me atrevo a decir que el software es un arte. Es esa dualidad en la que se funden el ingeniero con el artista. Tienes una idea, algo que sacar de tu mente, enciendes tu computador, tomas tu taza de café, abres el editor de texto y sientes tu idea fluir por los dedos mientras tecleas. Tienes la necesidad de mostrarle al mundo lo que puedes hacer.
¿Entonces que es lo que hace del programador un artista?
En primer lugar es ese simple placer de crear. Como un artista se deleita al crear su obra maestra, los programadores disfrutan de la construcción de sistemas informáticos. Imagino que ese placer debe ser una imagen del deleite de Dios al crear algo, desde la caída de una hoja hasta la creación de un copo de nieve.
En segundo lugar esta el placer de crear cosas que son útiles para otras persona. En ese sentido, un sistema informático no es esencialmente diferente a la canción que compone un músico o a los lienzos de un artista.
Por ultimo está el placer de trabajar en un medio tan manejable. El programador, como el poeta, funciona a base de pensamiento y talento puro. Construye sus castillos en el aire, de aire, creado por el esfuerzo de la imaginación. Es así como el programador se convierte en un artista, que satisface los anhelos creativos que están fundados en lo profundo del ser y deleita sensibilidades que tenemos en común con todos los seres humanos.