El Submarino

Como una fauna absurda y de Mitología, ha brotado el terrible submarino, llevando temor a los buques de guerra de los beligerantes y a todos los mercantes de los más olvidados países de la tierra.

En lucha desigual, sólo se fía en el valor intransferible y propio.

Cuando el mar es un lago azul y cristalino, un ojo vigilante, el periscopio, el horizonte inquiere, y con la silenciosa paciencia de un felino, prepara los ataques con que hiere, intrépido y certero, lo mismo al corpulento acorazado que al elegante y rápido crucero.

A veces el intrépido submarino, hace blanco en el costado del gran acorazado y, herida aquella mole cubierta de blindajes, se sumerge, dejando un remolino de espumas y oleajes.

Pero otras — como un golpe de gigantesco arpón — el navío dispara certero su cañón, y el audaz submarino, sorprendido, vacilante y herido, desciende retorciéndose al fondo de los mares.

El periscopio, turbio por la melancolía, se pierde en los millares de extraños panoramas ungidos de poesía y, mientras las últimas chispas del sol del día se apagan lentamente en los maravillosos paisajes oceánicos, solitario, olvidado, semivivo, se agita el submarino, contando en la agonía sus últimos momentos, absorto y pensativo…

Autor: Manuel Munoa León

Edición y Adaptación: Hernán Castillo

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