EL PRECIO DE LA LIBERTAD
Hernán G. TALAVERA COREA
“No se trabaja y crea sino en la paz. Digámosla cada día en donde estemos,
por donde vayamos, hasta que tome cuerpo y cree una “militancia de paz”
la cual llene el aire denso y sucio y vaya purificándolo.”
Gabriela Mistral
(1889–1957)
“No es fácil aceptar y funcionar adecuadamente bajo la directiva de una persona autoritaria, porque el miedo y la rabia van echando raíces: el primero inmoviliza y el segundo produce indignación.”
Walter Riso
(1951-)
Ardía un fuego que daba calor a cuatro Seres que estaban reunidos, sus nombres eran: Crono, Destino, Salud y Olvido. En esa ocasión su conversación trataba sobre lo que acontecía en la residencia de Madame Tyrannie.
Madama Tyrannie era una mujer de mediana edad, estatura promedio, de tez blanca, cabello café claro y largo, ojos café oscuros y con una cautivante personalidad, que hacía creer a cualquier persona, desde luego, fuera de su entorno, que era un buen ser humano, cuando en realidad era todo lo contario. En su interior no había humanidad, a consecuencia de la carencia de buenos sentimientos. Pero ese punto es tema de otro debate.
Los cuatro Seres habían decidido hacer una visita a la Maison Particulière de Madame Tyrannie, que se disponía a salir en el vehículo de lujo hacia el centro de la ciudad. Las puertas de la residencia estaban abiertas de par en par. Ella salió caminando erguida hacia el vehículo. Al conductor le correspondía abrir las puertas del vehículo, como se acostumbra tratar a una dama; lo que no estaba dentro de los márgenes habituales era que el debía estar listo, tal un búho, porque tenía que desarrollar bien la mirada y la audición, por las repentinas salidas de Madame Tyrannie de los lugares que visitaba. El pobre hombre si no estaba el vehículo en el preciso instante que Madame Tyrannie salía, recibía una perorata por todo el camino. Y es que Madame Tyrannie adoraba ser tratada como un miembro de la realeza. El delirio de grandeza la perseguía como su sombra. Pero, no nos hagamos los tontos, Madame Tyrannie tenía de sangre azul lo que corre de sangre a un crucifijo de madera.
En esa ocasión, como era habitual, Madame Tyrannie vistía de negro, haciendo juego con el color de su alma. De su vestimenta solamente los accesorios, algunos anillos de oro con brillantes y un reloj de oro Cartier, se libraban del ónix.
Como todos los tiranos, ella adoraba que la adularan. El séquito no se hacía esperar, sus zalamerías hacían verlos como miembros del más espectacular circo de occidente. Ellos abrían las puertas de par en par, a su salida y a su entrada; le servían el té antes de que se sentara en el trono — eso sí, con la temperatura adecuada, preferiblemente té de jazmín. El encendedor estaba listo para los cigarros que ella fumaría, traídos de una lejana y bella Isla Tropical, y los halagos abundaban por doquier.
Los colaboradores que formaban parte permanente del personal de la residencia eran: el ama de llaves, con su personal de apoyo, el administrador, el secretario y el conductor del vehículo. También tenía algunos colaboradores ocasionales como asesores especiales. Uno de ellos tenía cierta participación en la toma de decisiones cuando encendía el perol. La residencia, en plena época contemporánea, era un fiel ejemplo de vasallaje medieval.
Pero Madame Tyrannie no era la excepción a los de su especie. Aunque decía que no le gustaban los halagos, la pobre esperaba que le dijeran que la amaban, que la querían, que la apreciaban, que era la mejor, especialmente en el dominio de las lenguas extranjeras. Y los labios de los colaboradores, sin dudar, pronunciaban de forma brillante los anhelados falsos elogios, porque bien habían aprendido que debían decir lo que su interlocutor quería escuchar.
Los colaboradores eran impulsados a no pensar, a no decidir, adicionalmente a la presión impuesta por Madame Tyrannie, ellos creían fielmente que no se debía cambiar ese mundo, si no tratar de subsistir en él, por el temor de no despertar al dragón de kómodo, que habitaba dentro Madame Tyrannie. Les sobran las razones, como cuando previa a una reunión para jugar cartas con sus amigas, todo estaba casi listo, pero ese día se había levantado de malas, no le leyeron el pensamiento, al no redactar una comunicación inmediatamente a un familiar que habitaba en los Estados Unidos de América, desatando que se saliera de sus cabales y comenzara a gritar como una energúmena (: “ineptos, tengo que hacer todo yo, yo haré la comunicación inmediatamente”). El vocabulario soez era el de su predilección en su lista de registro (:”¡Puta, se cagaron y así es la gran plasta de mierda!”). Los gritos eran innumerables (:”Me van a volver loca, nadie los va a contratar, pobres gatos, le diré a todos que no sirven para nada que son unos incompetentes y tenga por seguro que mi palabra pesa”). Los gritos se escuchan desde su habitación hasta los pasillos, no escatima rincón de la residencia en la que se escucharan sus más altos decibeles. Una bella rana tropical, por ejemplo, una rana ternero croando, con sus enormes ojos y boca abierta, da menos miedo que Mandame Tyrannie a sus queridos colaboradores.
Y el sequito para evitar que el rayo les cayera, después de ver el relámpago, buscan inmediatamente un pararrayos, usualmente correspondía al más débil del grupo, al nuevo o al seleccionado en el sorteo para sacrificarlo, como conjuro que aplacaría la ira de la encantadora Mandame Tyrannie. La víctima elegida era la distracción momentánea perfecta, modus vivendi o modo de supervivencia; la jauría siempre logra mejores resultados bajo el lema mieux vaut un mal connu qu’un bonheur incertain. ¡Qué estupidez!
Los Seres al ver aquel tormento del día a día comenzaron una plática, en la cual Crono se preguntó: “¿Cómo toleran los colaboradores trabajar en la residencia de Madame Tyrannie?”
El Destino contestó: “Rezan a Dios, buscan el amor de su vida en la ciudad, hacen ejercicios físico, caminan por la Belle Ville, visitan sus atractivos parques e impresionantes jardines, se pierden por las calles, caminan por la ladera del río, cantan, respiran profundo — como decía alguien que vivía el mismo tormento — escuchan música, viajan de vacaciones al terruño, se escapan en la comida, en el alcohol, en el cigarrillo, en las drogas o por qué no en el sexo o renuncian. Aunque creo que ésta es una señal de debilidad o resisten hasta la muerte, para robustecer la lista de los cementerios.“
Salud opinó: “No es fácil renunciar, una medida como ésta debe ser extrema en el caso de que la salud física y metal esté siendo substancialmente mermada, porque la paz no tiene precio”.
Entonces dijo Olvido: “Mejor pan duro y hambre con dignidad que es igual a quererse a uno mismo, que caviar y champagne en la adversidad.”
Destino arremetió y dijo: “Entonces el débil se retira en estas situaciones con dignidad, que no da de comer y los fuertes participan en la corrida de toros, enfrentarse día a día con la maldad, como verdaderos valientes, así como quién enfrenta al mal desde adentro.”
Olvido dijo: “¿O serán masoquistas? yo creo que son fuertes hasta que el precio del sacrificio se los cobra en la salud o en la vida”.
“No si lo ves”, dijo Destino, “que la vida laboral no dura más que unos 60 años.”
En palabra de Cronos, no diciendo nada diría que: “Todo pasa.”
No obstante, Salud dijo: “En su huracán de tiempo echará a perder a sus colaboradores, que no podrán distinguir entre lo bueno y lo no tan bueno, por la mala influencia, replicarán con otros lo aprendido y se harán un patron, olvidando el derecho a la integridad física, moral y psíquica o el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, etcétera, inherentes al ser humano.”
Crono se preguntó: “¿Cómo se atrae a la vida de uno a ese tipo de personas? ¿Será cuestión de metafísica, atrayendo a personas negativas? Es sabido que existe un dicho popular que dice: ‘mal paga el diablo a quien bien lo sirve’. Y, sinceramente, estoy interesado en saber qué es lo que piensan sus mas allegados colaborares que como árboles morirán de pie.”
Hablemos mejor de la experiencia, pues no todo puede ser visto de forma sesgada, para contestar la inquietud de Crono sobre la experiencia de los fieles colaboradores de Madame Tyrannie, me referiré en esta ocasión, como Olvido,trayendo a colación un recuerdo:
“La chef le dijo a la ama de llaves, en una ocasión muy rara — porque nadie habla con nadie sobre el comportamiento de Madame Tyrannie — que no le disgustaba tener que servirle el té de jazmín. “No veo nada de malo en ello, no me siento mal, ni en hacerle la reverencia al servírselo. Es mi trabajo, para eso me contrató, ya me acostumbré, por ejemplo, a que me diga que el magret de canard servido con puré de papas y haricots verts, son una mierda, o a que cuando sus amigos invitados a cenar le dicen que todo estaba délicieux, el crédito sea de ella, porque ella es siempre la mejor y que no me reconozca ni dedicación ni el esfuerzo en el fogón”.
Pero era que en sus adentros la chef pensaba que lo que las unía era una relación de trabajo que le generaba dinero y que en el fondo la verdad era que no quería regresar a la granja de sus abuelos a criar a animales. Además, se había jurado a ella misma sólo regresar al país a jubilarse. Y ¿Qué dirían en el pueblo si la vieran regresar? Porque pueblo chico, infierno grande.”
Olvido dijo: “pero es que la verdad que Madame Tyrannie afirma: “no creo en Dios, por ende no temo su castigo”, por lo que su actuar es conforme a su doctrina.” Continuaba Olvido con la palabra y expresó: “estoy haciendo honor a mi nombre de pila, se me olvidaba que Madame Tyrannie es miembro activa del Partido Comunista, que rechaza todo tipo de discriminación que afecte la dignidad humana. El trato conferido a sus colaboradores, no corresponde a la declaración del Partido Comunista, que concuerda con la Declaración Universal de Derechos Humanos que fue aprobado por unanimidad por su partido desde el seno del Poder Legislativo. Además de los Principios del Comunismo que como bien sabemos defiende al proletariado que subsiste de la venta de su trabajo, que se vende a cada hora y cada día.”
Salud dijo: “Pero la razón de sus actos no son una representación del diablo, lo digo por el refrán del servilismo. Ya pasaron esos días del catálogo de los poseídos. Evidentemente, las personas con estas ideas de grandezas, superioridad, crueldad de palabras y acciones, hiperactividad, caprichos, imposibilidad de crear nexos verdadero como el sentido de amor y a amistad, obsesión con que las tareas que encomiendan se cumplan exactamente tal como fueron imaginadas en la mente de quien las ordena, el paso de estados de ánimos de alegría a tristeza, de calma a enojo, por influencia de la adrenalina, son características de personas bipolares y/o sociópatas”.
Salud recordó que en un Hospital privado en el corazón del continente verde, se realizaban estudios y exámenes a Madame Impostora porque no estaba durmiendo lo necesario, su hiperactividad comenzó a aumentar. Tuvo que entrar en silla de ruedas al consultorio en el Hospital a causa del estado de salud que la aquejaba.
Era lamentable que en esas circunstancias se encontrara sola, no porque quisiera conservar en secreto el posible diagnóstico, si no porque no había ni familia, ni colaboradores que le acompañaran. Los médicos se debatían entre que si las causas de la enfermedad eran orgánicas o una enfermedad psicosomática y la verdad es que no estaban lejos de la realidad. En la mente de Madame Impostora había un diálogo interno en que sentía que era una enfermedad del alma. Ella sentía como si tenía seca el alma, lo que le provocaba una enfermedad física y espiritual. Después de unos meses internada, al fin de sus días, no podía hablar, a causa de la demencia que le fue diagnosticada por los facultativos del Hospital.
Este espectro era uno de los principales personajes de una organización sin fines de lucro cuya bandera era la caridad, un ser supremo era predicado y parte fundamental en sus discursos y actividades púbicas. Sin embargo, sus acciones no correspondían con la doctrina acordada para ese dios. Sinvergüenzamente utilizaba el nombre de Dios en vano.
Un colaborador de la organización en el sepelio pensó (morte la bête, mort le venin) que solo la muerte podía haber detenido las décadas de sufrimiento que causó en nombre su dios, a sus compañeros y a él, que al levantarse de la cama no querían ir a trabajar, porque aquella nigromántica como era apodada, restringía el uso de fotocopias, tiraba el teléfono y el control del aire acondicionado como una chancla, callaba en las reuniones, despedía a cualquiera por el leve pronunciamiento que consideraba una amenaza a su autoridad.
Entonces Crono señaló: “Si Madame Tyrannie no teme a un ser Supremo, porque obedecerle por miedo. Si no le tema a un Dios su argumento es válido para la cara de la otra moneda, no hay que temer a nadie, especialmente a un ser mortal”. Afirmó con convicción que: “¡Miedo solamente se debe tener a Dios para los que creen en Él! porque los seres humanos fueron hechos con fuerza más pura que las de un volcán.”
Salud dijo: “Que Madame Tyrannie no le tema a Dios, pero que sea congruente con el pensar de sus camaradas del Partido Comunista, porque al final nos veremos cada una con la otra, con el doble de la cara que no damos comúnmente. Yo con la carencia de enfermedad y ella con la debilidad que le es natural tras esa falsa fortaleza. La verdad es que los malos piensan que no hay somanta divina, ignorando que el estrés, la intranquilidad constante, la soledad por las arbitrariedades de sus actos, serán el castigo mismo.”
Olvido manifestó: “Las personas recuerdan lo que quieren y muy pocas ponen atención a la otra cara que de las experiencias se aprende a caminar con la convicción que lo hecho en el momento fue lo que se debía hacer. Aún recuerdo el día que alguien tuvo el valor de renunciar por creencia a la temible Madame Tyrannie cerró la puerta de la Maison Particulière y se dijo así misma: “Je ne suis pas un chien”. Ella se sintió feliz el día que vio volar en el Caribe a las gaviotas y dejó atrás los cuervos que merodeaban la Maison Particulière. Se decía que aquellos manjares no le conquistaban y que la jaula de barrotes de oro sin importar su tamaño no deja de ser una muralla para la libertad interna (psiquica, legal y moral) y externa (física).”Destino dijo: “La experiencia nos ha enseñado que en la oscuridad más profunda siempre hay luz, el de codearse con estos espantos permite al afortunado a poner atención a la otra cara de la moneda, es decir, en aprender a no ser ingenuo, a confiar en la intuición, a hacer una investigación previa, a poner atención en el tono de la voz, en el lenguaje no verbal, en lo que habla la boca mostrará el abismo de su corazón. Entonces se convierte por elección propia en artífice de su propio destino, al tener la convicción que la libertad en todo su sentido no tiene precio.”