01/Marzo/2016 10:34pm

Odio los emojis que usas, odio que me mandes snaps que también públicas, odio que me cuentes las cosas a medias y sea yo quien te termine interrogando, odio que me ignores cuando me tienes en frente, ¿Por qué no mejor te acercas y estrujes en tus brazos?, sucio cobarde.

Por qué mejor no me hablas, me cuentas tu día, esos pequeños detalles de la fiesta a la que fuiste a noche y que no quisieras que supiera pero ante todo necesitas que lo sepa, que te quiera aún sabiendo todo eso que te agobia.

Esas cosas que te hacen una persona fría y calculadora, por qué mejor no me besas de una maldita vez. Y quizás bajes la guardia, aunque sea por un momento. Te he dicho que no llames todo el tiempo, aunque si quiero. Te digo que tampoco quiero estar unida a ti como esos ridículos que van de la mano todo el tiempo, aunque en realidad quiero vivir abrazada a ese olor tuyo que cuando llego a casa aún lo siento.

Pareciera que verte diario no es suficiente, tengo esa maldita dependencia de ti por las noches, y las madrugadas se tornan peor. Por qué mejor no me miras, y quizá por un momento se te salga una sonrisa. Esa que me gusta tanto, la de ladito. La que pones e inmediatamente quisiera besar de piquito. Por qué mejor no me odias o sientes algo más por mi que indiferencia. Eso, eso me dolería menos que verte y tener que ignorarte.

Ignorar todos esos defectos tuyos con los que me he encariñado. Que necesito de ellos, porque precisamente de ellos son de los que disfruto. Como de esa manzana que insistes en comprar, pero que ambos sabemos te ven la cara. Besar tus defectos, tomarlos, patearlos, levantarlos y llevarlos conmigo después de la escuela. Espero que nadie más odie eso de ti y que a la persona a la que quieras los considere virtudes. Porque te quiero más por tus defectos que por tus virtudes.