Por fin se valora el Job hopping
Nota: Este el primero de una serie de artículos dedicados al mundo del producto digital. Lejos de querer entrar en textos complejos, trataremos los temas que nos ocupan de la forma más sencilla y fresca posible (y siempre que se pueda, con cierto toque de humor que espero que nunca ofenda a nadie).
Para arrancar trataré un tema que me toca de cerca y que últimamente está más en boca de todos, el job hopping.

Hoy en día el ‘job hopping’ es un término bastante conocido y los artículos sobre el tema se han disparado este último año así que intentaré resumir de qué se trata para aquellos que no lo hayan escuchado antes.
Este término hace referencia a todos aquellos profesionales que cambian de trabajo en periodos cortos de tiempo por voluntad propia. Puntualizar que viene de la palabra inglesa ‘hop’ y no ‘hope’, de lo contrario sería ‘job hoping’ algo así como esperando trabajo en lugar de saltando de trabajo en trabajo.
Antes de adentrarnos en el grueso del artículo me gustaría especificar que hay dos tipos de job hoppers: aquellos que permanecen durante unos 6 meses en cada empresa (extreme job hopping) y los que rondan el año completo o año y medio (no confundir con freelancers o tech nomads cuyos contratos y forma de trabajar son completamente distintos).
Debo admitir que la primera vez que leí el término ‘job hopping’ me sentí reconfortado. Había pasado varios años cambiando de empresa en plazos de 9 a 12 meses, y cuando lo comentaba con alguien me respondía lo de siempre: “Uf… pues eso se penaliza mucho en las entrevistas eh…” Tiraban de tópico, escuchado en todas partes y asentado en su cabeza como si fuese una vivencia propia.
Aunque en parte no les faltaba razón. En todas las entrevistas que hice en los últimos años, siempre me comentaron que había cambiado ‘pronto’ de empresa, aderezado con la pregunta “¿Te fuiste voluntariamente?”. Tenéis que saber que alguien que se considera job hopper es alguien que suele salir por voluntad propia, normalmente porque encuentra una oferta en firme que le permite seguir mejorando como profesional. Y esta es la clave del job hopping.
El job hopping te hace fuerte

Lejos de lo que muchos puedan pensar, el job hopping te hace fuerte a todos los niveles y muchos de los que lo practican cuentan con las siguientes aptitudes:
· Su zona de confort se amplía sustancialmente, esto es, se acaban sintiendo cómodos en cualquier parte. Han tratado con tantísima gente que están preparados para lo que sea y cualquier ‘sorpresa’ puede suponer un buen reto.
· Ganan experiencia continuamente. Aquello que atrae principalmente a los job hoppers no es el dinero, no son mercenarios a los que no les importa trabajar para unos o para otros, miran muy bien donde van y lo más importante para ellos son los proyectos emocionantes que les permitan estar 100% ocupados en algo que realmente merezca la pena. Por este motivo, la mayoría de los job hoppers no sólo cambian de trabajo, si no también de cargo, aunque siempre esté relacionado con el anterior. Esto significa que puede existir un plan mayor, un plan de carrera personal en el que puedas especializarte no sólo en una cosa, si no en varias y durante el camino vayas conociendo muchos otros campos. En estos casos siempre aprendes muchísimas cosas que no esperas y que completan tu experiencia a muchos niveles.
· Empáticos por naturaleza. Es habitual que los job hoppers cuenten con un nivel de empatía mayor. La empatía es algo que se adquiere con los años y que realmente se debe trabajar. Si has estado en varios equipos y en multitud de condiciones distintas, has vivido un número realmente elevado de problemas y situaciones incómodas y habrás sido capaz de analizarlas e intentar ponerte en la piel de tus compañeros. Por este motivo los job hoppers siempre tienden a ayudar en lo que puedan e intentan comprender el sentido de una decisión o de un error concreto.
· La motivación y la energía del job hopper son especiales. En ocasiones, las aportaciones que un job hopper hace a una empresa en seis meses o un año son mucho más relevantes que las de otros perfiles que llevan años en esa empresa y se han acomodado. Esto no es una máxima y conozco a verdaderos cracks que llevan toda la vida en la misma casa, pero por norma general los job hoppers tienen un dinamismo particular.
· Cuentan con una capacidad de aprendizaje bestial. Todo está hilado, cuanto más te mueves mayor capacidad de adaptación necesitas y esto hace que intentes aprender todo lo que puedas, incluso muchas cosas que no son de tu competencia. Un job hopper debe aprender rápido para poder sacar el máximo partido de cada uno de sus trabajos, no pueden perder el tiempo y formarse continuamente es algo que en este caso resulta fundamental.
· La capacidad organizativa es uno de los pilares de su filosofía. Es prácticamente imposible aprender rápido, trabajar rápido y bien, intentar estar a todo con la mejor predisposición y ser organizado sin una metodología sistematizada. Los job hoppers prueban miles de aplicaciones que les permitan gestionar mejor su tiempo, sus tareas, sus flujos de trabajo, su comunicación con los compañeros y básicamente todo aquello que suponga una mejora en su día a día.
· Mejora continua e innovación. Este tipo de perfiles profesionales son apasionados de sus respectivos campos y nunca dejan de estar al día. Este es uno de los motivos por los que un job hopper siempre propone soluciones innovadoras y disruptivas, que a ojos de otros pueden parecer bastante suicidas. Es cierto que en este punto se peca un poco de atrevimiento y a veces se olvida el que muchas de las cosas que leemos no son aplicables a nuestra actual empresa, todavía. El job hopper siempre propondrá soluciones a la orden del día, pero debe entender y valorar los riesgos que esto supone y las capacidades reales de la empresa donde se encuentre.
· El miedo es algo que no va con ellos. Esto puede sonar bastante pretencioso, pero si lo analizamos con el enfoque adecuado veréis que esa frase lo resume bastante bien. Cuando has estado en muchas empresas has visto de todo, algunas cosas que se hacen de mala manera y que podrían mejorarse y aquí es donde interviene el miedo. Hay muchísima gente que no ‘se mete en fregaos’ porque teme a su manager, a su CEO o a su jefazo (el old style sigue presente…). Lo que teme es que en cuanto levante la mano de forma seria para decir que algo está mal, lo pongan en la lista negra de gente disruptiva, que al parecer, solo quiere que el caos reine en las oficinas de turno cambiando los procesos que ‘les han traído hasta aquí’. Pero el caso de los job hoppers es distinto, normalmente son ellos quienes eligen donde quieren estar y siempre intentarán mejorar las cosas, pero si eso no cambia y nunca se entra en razón, no tendrán problemas en abandonar un barco que se hunde porque no le caben más parches, cuando lo suyo sería pararse a renovar los maderos de la base.
¿Por qué merecen la pena los job hoppers?

Estos son algunos de los puntos fuertes que definen el job hopping y a los job hoppers, ahora bien ¿merece la pena contratar a un perfil así? Obviamente la respuesta es siempre sí. Aunque el temor a contratar un job hopper y que en menos de un año decida cambiar de aires es algo totalmente comprensible, el valor que aportan a la empresa en ese lapso de tiempo es realmente sustancial.
Si descubrimos que aporta muchísimo valor ¿cómo logramos que se quede con nosotros? Bien, esta pregunta es más compleja puesto que como en todo, cada persona en particular es un mundo, pero por lo general a un job hopper se le podría convencer con:
· Proyectos apasionantes en los que sepa que va a tener que ‘currar’ a tope y donde pueda aportar y aprender a la vez.
· Equipos con los que realmente se sienta cómodo, con amigos más que con compañeros, en los que el buen ambiente sea el camino hacia una productividad sana.
· Un nuevo puesto o un cargo mayor. Cambiar de roles es algo que gusta a los job hopper y en ocasiones pueden realizarlo en la misma compañía en la que se encuentran. También se valora muchísimo el contar con mayor capacidad de decisión, dirigir nuevos equipos y poder tomar iniciativas de peso que supongan un impacto real en la empresa.
· Una subida salarial sustanciosa. Este es uno de los puntos que menos valoran realmente, pero siendo sinceros, si otras de las condiciones se cumplen, este puede ser el punto que decante la balanza.
¿Por qué se marcha un job hopper?

Para ser honestos, puede que se cumplan todos estos casos y que aún así el job hopper decida embarcarse en una nueva aventura, no solo porque le apetezcan nuevos retos, si no porque es probable que haya detectado problemas en su actual empresa que nunca se van a subsanar. Los principales motivos por los que un job hopper cambia de empresa, más allá del gusto por nuevos desafíos, son los siguientes:
· Falta de motivación en el día a día. Aunque bien es cierto que los job hoppers siempre buscan cosas que hacer cuando ya han acabado todas las tareas prioritarias, en muchas ocasiones tienden a ‘aburrirse’. La cabeza de estos perfiles son como una bestia ansiosa e hiperactiva que necesita ser alimentada y entretenida constantemente. Básicamente, necesitan estar haciendo cosas non-stop 24/7.
· Vistas a medio-largo plazo poco esperanzadoras. Si aquello que se ve en el horizonte es menos atractivo que lo que se tiene en el presente, la probabilidad de salida será alta. El job hopper nunca encuentra motivos de peso para permanecer en una constante.
· Negativas a propuestas de mejora. Este creo que es uno de los temas clave que más frustración genera en los job hoppers (y en todo trabajador en general). Como ya hemos comentado, estos perfiles siempre están aprendiendo e intentando aportar, pero en ocasiones solo reciben negativas de sus managers o responsables y esto genera una frustración que les lleva a plantearse una salida a no mucho tardar.
· Y hablando de managers… este es otro motivo crucial. Un job hopper necesita managers o directivos que sean líderes. Necesitan nutrirse de gente que realmente les aporte, que motive a todos sus empleados, que luche a muerte por hacer las cosas de la mejor forma posible, que le escuche, le dé alas y que básicamente sea un ejemplo a seguir a todos los niveles, valores en el trabajo incluidos. Tener malos managers es uno de los motivos principales por los que la gente cambia de trabajo, imaginaos lo que esto supone para un job hopper que está acostumbrado a moverse.
En definitiva, los job hoppers están ahí, son perfiles muy valiosos y que por fin, hoy en día, se están empezando a valorar como se merecen.