“La mujer habitada”

Hildegard Rondón de Sansó

Una novela de esas que te apasionan desde el primer párrafo, fue la que me atrapó todo el fin de semana, con la particularidad de que, no conocía nada con respecto a su autor, lo cual me creó un sentimiento de culpa, al enterarme que se trataba de una novelista-poetisa nicaragüense, muy conocida en los círculos literarios, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa. Se llama Gioconda Belli la autora de la novela aludida, cuyo título es el de este artículo y que, fue su primera publicación en este género.

La novela comenzó a cautivarme cuando me di cuenta de que retrata sin retoques a un tipo de mujer intelectual de nuestra tierra. En Latinoamérica no es frecuente que las mujeres sean las protagonistas y, pienso que, en general, cuando las colocan como tales aparecen estereotipadas y se alejan de la realidad, para actuar y pensar con el lenguaje y las ideas propias de las de otras latitudes. Por el contrario, al leer la obra comentada, sentimos que la autora estaba hablando de nosotras mismas: de la profesional de clase media, nacida en Centro o Suramérica, graduada en universidades de prestigio y, al mismo tiempo “diferenciada”, por ser mujer, con la insignia de personaje de segunda en la sociedad, como lo somos todas normalmente, en nuestros círculos laborales o intelectuales.

La obra desarrolla la figura de una joven mujer con bastante experiencia, que viene del colegio de monjas, pero que tiene todas las inquietudes con que el feminismo moderno nos ha sacudido la vida, lo cual va a otorgarle a nuestra personalidad, pero sobre todo, a nuestra psiquis, una gran dualidad: por una parte vivir con la criatura que crearon nuestros padres y nos pusieron en su mundo poblado de limitaciones y marcado por la fuerte subordinación al género masculino y, al mismo tiempo se presentara la otra con que se escapa del modelo temático que es algo así como ser “la mujer habitada” de la novela objeto de las presentes notas.

No puedo negar que me vi reflejada en el personaje femenino. Yo también estuve de ese lado de la vida en el cual ella se formó y que además es el máximo que se nos puede otorgar. En mi caso específico, esa “diferencia” fue permanente, a pesar de los estudios, a pesar de los títulos, a pesar del estado civil, a pesar de los hijos. Por otra parte, nunca pude ser “feminista” porque ya estaban muy bien tallados en mi espíritu una serie de normas inamovibles.

Creo que para las lectoras de mi generación y también de la siguiente, la protagonista de “la mujer habitada” nos ha hecho evocar todas las sensaciones que hemos vivido desde el momento en que nos percatamos de ser personajes muy apreciados pero de segunda clase y, que hemos seguido siendo eso mismo, a pesar de que hayamos podido echar abajo las barreras de la discriminación, porque si esas barreras cayeron, sus bases se quedaron permanentemente grabadas en nuestro espíritu.

La lectura sobre un personaje tan cercano a nuestra propia vida, nos hace el efecto de quien se mira al espejo por primera vez y no se reconoce y piensa que esa figura reflejada es la de un extraño. El impacto de la visión que, al final, nos convence que es la nuestra, va a significar a lo largo de nuestra vida, una experiencia de hallazgos, esto es, de constantes encuentros con situaciones que nos exigen que seamos la originaria; pero también algunas veces, por excepción que se haga presente la otra, porque solo ella es capaz de valerse por sí misma y de asumir la pesada carga de los riesgos y de aceptar los cambios.