“Para entender al Papa Francisco es necesario conocer su trayectoria”
Hildegard Rondón de Sansó
Todas las críticas que puedan hacerse a una figura pública internacional, tremendamente activa, como lo es la de su Santidad. Francisco (Jorge Mario Bergoglio), no puede ignorar el significado que tienen los cambios que el mismo propone y realiza en el seno de la Iglesia. En efecto, en el proceso de transformación de nuestra sociedad que, ha pasado de las formas más primitivas del trabajo humano al computer y a la robótica, aparece una figura, en el seno de la Iglesia que trata de eliminar sus más graves defectos y de pulir sus virtudes. Se trata nada más y nada menos que el primer Papa sudamericano, así como del primer Papa Jesuita y del primer Papa no europeo, desde Gregorio III, fallecido en el año 741.
Ahora bien, este Papa ha sido objeto de una andanada de ataques infundados, e incluso, de ofensas. Contra ello se dice que los enemigos de su Santidad están en América, pero no del Sur y que, conforman el imponente grupo de los prelados de extrema derecha que ve en las proposiciones de cambios de la iglesia, violaciones máximas a la tradicional curia romana. Deriva ello, indudablemente del hecho de que el Papa ha dedicado su pontificado esencialmente, a la reforma de dicha entidad, en materias como la economía, las finanzas y la administración. Asimismo, ha examinado los tribunales eclesiásticos; el Derecho Canónico, las comunicaciones sociales, la sanidad, el laicado y la familia. De estos estudios ha traído soluciones en temas que incluyen la transparencia en las finanzas vaticanas, la coherencia entre la misión evangelizadora y la actividad económica, la simplificación de la burocracia, la eficacia de la comunicación, la lucha contra la pedofilia y, la protección de los menores y los migrantes.
A los fines de este tema, es necesario expresar los datos biográficos más sobresalientes del Papa. Su nombre es José María Bergoglio, originario de una familia argentina del barrio porteño de Flores, siendo el mayor de los cinco hijos del matrimonio. Su padre Mario José Bergoglio (1908–1959) era contador y empleado ferrocarrilero, nacido en Italia, en Portacomaro, provincia de Asti, de donde tuvo que emigrar debido al avance del fascismo. Su madre, Regina María Sivori, (1911–1981) nació en Buenos Aires, hija de inmigrantes procedentes del Piamonte y de Génova.
Jorge Bergoglio creció en un hogar profundamente católico, siendo bautizado el día de Navidad de 1936 en la Basílica María Auxiliadora del Barrio de Almagro de Buenos Aires. Tuvo una estrecha relación con sus abuelos, especialmente con su abuela Rosa Vasallo que, tal como lo comenta él mismo, ha sido ella la mujer que mayor influencia ha tenido en su vida. Por lo que atañe a sus estudios, lo vemos aprobando la escuela superior que le otorgara el título de Técnico Químico, tras lo cual, estuvo trabajando en un laboratorio de análisis bromatológico, destinado a controlar la higiene de los alimentos. Una enfermedad de su juventud lo llevó a ser sometido a una operación quirúrgica, mediante la cual, le fue extirpado una porción del pulmón, a pesar de lo cual los médicos señalan que ello no tuvo impacto significativo en su salud. En 1957, a los 21 años, decidió convertirse en sacerdote e, ingresó al Seminario, haciendo el noviciado en la Compañía de Jesús. Dos años después, culminó sus estudios con el curso de Ciencias Clásicas y, la profundización de sus estudios de Historia, Literatura, Latín y Griego y, asimismo, tuvo la oportunidad de ser profesor de Literatura y Psicología en Buenos Aires. En 1966, tanto él, como otros jesuitas, ingresaron en la agrupación juvenil peronista “Guardia de Hierro”, surgida durante la resistencia peronista, la cual se disolvió formalmente en 1974. Entre 1967 y 1970 cursó estudios de Teología en la Facultad de Teología del Colegio Máximo de San José, donde recibió las enseñanzas del teólogo jesuita, Juan Carlos Scannone, fundador de la Filosofía de la Liberación y de la Teología del Pueblo que tuvo una influencia fundamental en su pensamiento. Tenía 33 años cuando fue ordenado sacerdote.
Entre 1970 y 1971 realizó, en la ciudad española de Alcalá de Henares, la tercera aprobación de su noviciado que era la última prueba necesaria para ingresar definitivamente en la Compañía de Jesús. El 31 de julio de 1973 es nombrado Provincial de los jesuitas argentinos, cargo que ejercería hasta 1979.
En 1976 comienza una dictadura militar en Argentina en la cual varios sacerdotes fueron víctimas de secuestros, torturas y muerte, en especial los vinculados al “movimiento de sacerdotes para el tercer mundo”. Francisco, como Provincial de los jesuitas, tuvo intensa relación con los religiosos liberados. En 1990 fue enviado por la Compañía de Jesús a la ciudad de Córdoba, transferencia que ha sido considerada como una especie de castigo y que, el mismo ha definido como un momento como de “purificación interior” y “como una noche con alguna oscuridad interior”.
El 20 de mayo de 1992 fue consagrado como uno de los Obispos Auxiliares de Buenos Aires, lo cual se efectuó en la Catedral de Buenos Aires y, asimismo, nombrado Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis de Buenos Aires en el año de 1997, por la enfermedad del titular, Antonio Quarracino, a cuyo fallecimiento, Francisco pasó a ser Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, así como Gran Canciller de la Universidad Católica de Argentina.
Durante el Consistorio de febrero de 2001, San Juan Pablo II lo designó Cardenal, en cuya condición formó parte de la Comisión para la América Latina, de la Congregación para el Clero, del Pontificio Consejo para la Familia y de otros organismos igualmente importantes. Como Arzobispo y Cardenal, Bergoglio fue conocido por su humildad, conservacionismo doctrinal y compromiso con la justicia social, intentando promover el dialogo y acercarse a todas las organizaciones sociales, así como reformar las tareas pastorales, aumentando la presencia de los sacerdotes en los barrios marginales, por lo cual fue conocido como el “Obispo del Pobre”.
Optó siempre por promover el diálogo y acercarse a los distintos colectivos sociales, fuesen o no católicos. Las polémicas, entre otros temas, sobre la legalización de los matrimonios homosexuales, lo hicieron enfrentarse con Néstor Kirchner y, posteriormente, con Cristina Fernández de Kirchner, así como con organizaciones políticas, sociales, de derechos humanos y amplios sectores de la población. Bergoglio alarmó a la mayoría de los obispos argentinos al sugerir la conveniencia de que la iglesia propiciara la unión civil de las personas homosexuales, postura que fue rechazada. Sus actuaciones en situaciones sociales específicas han sido siempre a favor de los más débiles y lo llevó a dar libertad a los sacerdotes para que actuaran en los sectores progresistas de la iglesia.
Bergoglio, antes de ser elegido Papa, presentó su renuncia como arzobispo al cumplir los 75 años, actuando así, de acuerdo con el Derecho Canónico. Tenía previsto jubilarse una vez fuese nombrado su sucesor, y retirarse a un hogar para los sacerdotes mayores o enfermos, donde ya tenía reservada una habitación para llevar una vida de oración y de dirección espiritual, alejada del gobierno eclesiástico; pero todo cambia con el devenir de los acontecimientos. Así, al fallecer Juan Pablo II, eran 117 los Cardenales menores de 80 años en condiciones de votar para elegir a un nuevo Papa, entre los cuales se encontraba el Cardenal Bergoglio, considerado “papable”. Se dice que logró obtener 40 votos de los 77 que eran necesarios para ser elegido, por lo cual obtuvo el segundo lugar detrás del Cardenal Joseph Ratzinger, quien se convirtió en Benedicto XVI. Bergoglio competía con Ratzinger durante la elección hasta que hizo una súplica emotiva, pidiendo a los Cardenales que no votaran por él; sin embargo, puesto que existe obligación de secreto absoluto para los asistentes al conclave, bajo pena de excomunión, el dato antes aludido debe tomarse como algo no confirmado.
Una vez efectuada la renuncia papal de Benedicto XVI y cerrada la sede vacante, se dio comienzo al conclave de 2013 en que se consideró a Jorge Bergoglio como un candidato reformista, con edad y capacidad para reformar la curia romana, a pesar de lo cual, no figuraba entre los candidatos más mencionados. Pero, antes que se hiciese efectiva su renuncia, Benedicto XVI había tenido un gesto muy significativo hacia Jorge María Bergoglio, que fue el de designarlo como miembro de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), lo cual, fue interpretado como un voto de confianza a su favor.
Antes del último cónclave, el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, dio a conocer un documento único, con la ponencia de Jorge María Bergoglio, el cual incluye los siguientes puntos:
.- La expresa mención de que la iglesia está llamada a salir de si misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también a las existenciales, que son: las del misterio, del pecado, del dolor, de la injusticia, de la ignorancia de la prescindencia religiosa, del pensamiento, de toda miseria.
.- En el segundo punto caracterizó a la institución como una iglesia “autoreferencial”, centrada en sí misma, lo cual es una tendencia dañina para la institución.
.- En el tercer punto se dedicó a explicar lo antes dicho, señalando que “la iglesia cuando es autoreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia…..y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual”.
.- En el cuarto punto hizo un comentario sobre las características que consideraba se exigen a un Papa actual, señalando que debía ser “un hombre que desde la contemplación de Jesus Cristo… ayude a la iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales”.
El 13 de marzo de 2013, en la quinta ronda de votaciones del segundo día del cónclave, el Cardenal Bergoglio fue elegido sucesor de Benedicto XVI. Tomó el nombre de Francisco, dada su devoción por San Francisco de Asís, santo italiano que, en el siglo XIII, fundó la Orden Franciscana, que se caracterizó por su entrega a los pobres y su humildad extrema. De inmediato en el mismo acto, rezó por su antecesor, Benedicto XVI y dio la bendición a todos los presentes. El Papa declaró posteriormente a la prensa que le gustaría “una iglesia pobre y para los pobres”. Así, al explicar el por qué de la adopción de su nombre como San Francisco de Asís, dijo: “para mi es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación”.
Indudablemente que durante el papado de Francisco, el mismo ha sido fiel a sus principios: ha buscado la transformación de la iglesia, actualizándola, mejorándola y dándole más sentido a su función; ha buscado mejorar las condiciones de los elementos naturales de los cuales disponemos y es esa la razón fundamental de la instauración del Sínodo de Amazonia; con el cual ha tratado de modernizar las variadas relaciones en las cuales debe actuar: con respecto a las entidades, a las filiales; a los problemas matrimoniales; a las situaciones y temas sociales; a las cuestiones políticas y, a las económicas. Su pronunciamiento sencillo pero tajante sobre todo lo anterior, le ha costado ataques de toda índole, pero también la defensa sincera y abnegada de quienes piensan como él, en la necesidad de una reforma del sistema.