Una mujer fantástica

  • No es un análisis. Es un simple comentario personal sobre la película. No recomiendo leerlo sin haberla visto.

Lo bueno de afrontar una película conociendo sólo su cartel y cosas tan generales como el haber sido muy premiada internacionalmente, pero sin llegar a profundizar en el contenido, hace que las películas las afrontes con una gran ilusión y a la vez hace que la fama conseguida vaya en su contra. O simplemente que busques esa excelencia que esperas y que en esa búsqueda dejes pasar los detalles que la convierten en excelente quedándote una sensación agridulce.

La paz dentro de una sociedad destructora de seres humanos.

Son muchas las películas que han tratado los cambios de sexos o el sentirse de una naturaleza u otra, o cómo esa situación afecta físicamente y mentalmente así como su normalización dentro de la sociedad. Películas que, por ejemplo, en España abundaban en los 80 aunque con un cierto ambiente casposo locaza (muchas veces simples personajes secundarios para dar un toque de “color”). Yo personalmente es un estilo de cine que rechazo y que tampoco creo que ayudara nada al entendimiento del espectador alejado de la realidad y creando una imagen negativamente idealizada.

El caso es que Una mujer fantástica nos presenta a un hombre y una mujer que son pareja o que mantienen relaciones sexuales dentro de una relación con cierta conexión superior a lo meramente físico. En ningún momento se nos indica de primeras que en el pasado la mujer hubiera sido un hombre (que físicamente seguramente lo siga siendo, pues no se muestra pero se evidencia) o que ese dato tenga importancia. Es en contacto con el entorno de su pareja y con otras personas (el entorno, la sociedad) donde vamos a ir descubriendo los datos sobre su identidad, tanto la que se siente así como la que oficialmente y biológicamente es, independientemente de cómo se considere o cómo vaya el progreso de su “cambio de sexo”. El entorno y las personas tóxica fuerzan a sacar esa parte no importante y privada para ser pisoteada.

Dudas creadas por la sociedad que antes no estaban presentes.

Y de primeras viendo la película, cómo la mujer es tratada por su posición sexual y en la vida, podemos ver el rechazo simplemente por esas condiciones. Nada más entra en juego para ese total prejuicio: eres un tío y aunque te crezca el pecho lo seguirás siendo. Y como vas “disfrazado” de mujer te escupo, te insulto y te trato como una mierda.

Estas posiciones totalitarias contra la mujer están posicionadas justo en el lado contrario de las personas que la han tratado y que la conocen. Y ahí entran en juego su pareja o amante, un familiar de la pareja y su perro. Es importante ver cómo cambia la forma de ser tratada de una persona a otra. Dependiendo cómo has accedido al alma de esa persona, de lo que le has profundizado, es lo que consigue que ciertos aspectos físicos o totalmente privados sean indiferentes y no influyan en negativamente y tampoco positivamente. Están ahí y punto, como ser rubio y teñirse de moreno.

Sensación de basura también impuesta por la sociedad.

Lo importante no es lo complicado de la aceptación de alguien con una crisis de identidad potenciada por esos ataques o el rechazo social. Es algo aplicable a todo lo que es “diferente” para la vista, sea raza, sexo, etnia o cualquier otra característica diferenciadora posible. Lo importante está en el amor más allá de lo que podemos ver, lo que nos llega de dentro de una persona, de su verdadera humanidad. Su pareja está enamorado (o tiene esa conexión) por encima de lo que sea la persona que admira y respeta, ya que esa persona le aporta paz, algo que no encuentra ni en su entorno familiar ni en otras personas que conozca; el amigo le muestra respeto y simpatía, pues ha conocido a la persona detrás del cuerpo; y finalmente el perro, que ama al ser humano sin importarle lo que sea. En el fondo todos aman a Marina por lo que Marina es, no por lo que marina parece. El verdadero amor aporta paz y seguridad y puede ser un lugar al que huir cuando todo te persigue y se te cae encima, y cuando desaparece puedes encontrarte en la más absoluta ley de la selva y un entorno parecido al de Mad Max.

Cita de El reino de las mujeres, relato corto de Antón Chéjov.

No quiero entrar en un análisis fílmico como se hace en muchos sitios, en analizar simbología o interpretaciones que escenas concretas. Aunque esos símbolos estén ahí, son en el conjunto de la escena como han de llegarnos, han de hablarnos y comunicarnos lo que quieren decir sin necesidad de analizarlos uno a uno, de pausar cada dos minutos para analizarlo detalle a detalle. Todo junto refuerza una idea, unas veces se capta más, otras menos. De ahí que podamos ver una película u otra, añadido también siempre nuestra experiencia en la vida. Pero mi forma de disfrutar del cine es así. Que un plano sea de una forma u otra es con la intención de contarme algo, no de que lo analice buscando qué quiere contarme. Si me llega y lo he entendido o cómo yo lo he entendido es lo que realmente importa y lo único que vale para el espectador final.

Por lo que no quiero volver a repetirme. A través de un tema tan de actualidad, y que lleva estando de actualidad ya varias décadas, nos encontramos cómo una sociedad sin capacidad de pensar y empatizar se une para destruir personas que deciden seguir un camino diferente al que se quiere imponer, y cómo el amor y el entendimiento sin importar etiquetas y fachadas es el único camino válido, independientemente de que sea diferente del más popular o sencillo. No es una película sobre odio o rechazo, es una película sobre el amor verdadero como búsqueda de la felicidad.

*21/agosto/2018 *

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