Fleet Foxes — Helplessness Blues

Superando las expectativas

Cuando la presión de estar a la altura de un debut que supone éxito de crítica y/o público para un grupo autoexigente y parece que ésta devora al grupo (el disco se retrasa, regraba o re-algo), habitualmente tuerzo el gesto. No lo hago a priori, sino que habitualmente estas dudas se acaban reflejando en discos o bien inconexos, o ciertamente cobardes al sólo dar salida a tímidas y puntuales innovaciones sobre la fórmula que le haya dado el éxito. En esta ocasión, todas las vueltas que le hayan dado al disco han merecido la pena, visto el resultado final.

En esta ocasión, y de una manera proporcional a lo que han hecho Manel (de los que hablaremos prontito), han sabido mantener todos sus puntos fuertes en plenitud pero sin renunciar a entregarnos un álbum más elaborado, ambicioso, y barroco… mejorando la entrega previa, aunque no haya ninguna canción que parezca tan emblemática como ‘White winter hymnal‘.

La profundidad que consiguen trasladar durante las 12 canciones refleja la consistencia de un disco que no deja bajones como se le intuía a su debut, meritorio álbum, pero que al venir precedido del fabuloso EP Sun Giant acababa por saturar (a pesar de la cantidad de temas destacados). Aquí, excepto para mí la segunda mitad de ‘The Shrine / An Argument‘, estropeada por una trompeta tan innecesaria como la de ‘The Glorious Land‘ del último álbum de PJ Harvey, no hay nada que no se le pueda aprovechar al disco.

Partiendo de la sencillez y “austeridad” de ‘Montezuma‘, ‘Blue Spotted Tail‘ o de la magnífica y emotiva ‘Someone you’d admire‘, el resto de canciones se enriquecen con una multitud y variedad instrumental análoga al plus que suponen las armonías vocales a la voz de un Robin que se erige como una de las voces más bonitas y personales del folk. ‘Bedouin Dress‘ se aprovecha de unos violines que la convierten casi en una fiesta mditerránea, ‘Battery Kinzie‘ aprovecha el protagonismo de la percusión que la va dirigiendo, y la mayoría de guitarras acústicas se ven tetroalimentadas por mandolinas y steel guitar que no se convierten en protagonistas, pero que aportan una coralidad efectiva a la hora de recrearse en la nostalgia y la melancolía de las canciones.

El álbum se parte por el interludio instrumental de ‘The Cascades‘, dejando una primera mitad absolutamente incontestable, con las cumbres de una vivaz e imprevisible en su evolución ‘Sim Sala Bim‘ y de una mayúscula canción homónima, en la que se permiten el lujo de enrevesar estructuras a su conveniencia, frente a una segunda mitad más convencional y clásica en cuanto al esqueleto de sus canciones, pero de un acabado igualmente estético aunque más pausado, que se cierra con la primera canción que conocimos del álbum, el ¿single? ‘Grown Ocean‘, eufórica y extática, suponiendo un broche monumental al disco.

Al igual que Coldplay en su Viva la Vida, también se apuntan a la moda de empastar dos canciones en una, obteniendo un resultado más detallista y calmado en ‘The Plains / Bitter Dancer‘, y más grandilocuente en la ‘The Shrine / An Argument‘. Particularmente, prefiero que si finalmente unen dos canciones en un sólo tema no se note, ni en el título, y que sea una sorpresa como oyente, pero lo único que importa es el resultado, y la sensación de que ‘The Shrine‘ “en solitario” brilla mucho más que con sus minutos finales es ciertamente frustrante. ¿Pájara o “ataque de productor?

No sé si me gusta más su sonido (delicioso folk, pop, y blues, psicodélico, ensoñador, familiar, pastoral y rural a partes iguales), que no hayan incluido ni una canción mala en todo el álbum, o todo lo que evocan (en mi caso, esas cabañas rurales en las que ensimismarse bucólico en las tardes de invierno y en las que salir a pasear por el monte con los perros cuando sale el Sol tras una buena tormenta). El caso es que suponen el triunfo de la persistencia, de la ambición desde el perfeccionismo, y de la pausa y la familiaridad en el mundo de las redes sociales y la pérdida de la intimidad. Quizá se les haya aupado demasiado pronto, pero el momento para hacerlo podría ser ahora, o todavía podíamos esperar para no pecar de soberbios y que en su próximo disco se engrandezca su figura todavía más. Pero estos tipos son muy grandes.