¿Es así como desaparecen las sociedades?

Siendo la historia tan repetitiva; no es sorpresa que en una revisión general observemos como diferentes sociedades evolucionan, mientras que otras al contrario involucionan al grado de desaparecer. Puede ser posible que estemos condenados (como humanos) a repetir los mismos errores hasta que de una vez por todas nos hastiemos y empecemos a actuar de una manera diferente, de la forma en la que sea, es preferible leer como involuciona una sociedad, que vivirlo.

Sumergidos bajo la agobiante vida cotidiana y el estrés que esta conlleva, la desaparición de todo lo que se desenvuelve frente a nosotros no aparece siquiera como un pensamiento recurrente, ¿pero es realmente así como acaban las sociedades?

No es difícil encontrar infinidad de archivos gráficos de lo que solíamos ser como país. Imágenes y artículos dispuestos a la nostalgia colectiva, desde una Venezuela prospera de los 80, hasta una década rebelde en los 90, ¿Qué pasó con esa Caracas moderna? ¿Dónde quedaron esas ciudades con hambre de crecimiento? No es necesario indagar a fondo para encontrar la respuesta.

Sí bien no desaparecieron, tampoco evolucionaron, se detuvieron.

El desgaste es inminente, edificios decolorados, calles anteriormente de asfalto ahora abandonadas a la buena fé de un personaje mayor. Ciudades que con el pasar del tiempo son más polvo que concreto, todo esto ocurriendo frente a nuestros ojos. Y aunque creamos que el rol de testigos silentes no encaje con nosotros, es en lo que como sociedad nos hemos convertido.

Resulta innecesario indagar a fondo cuando en un vistazo la ausencia de una simple tradición es ahora notoria, desde ese plato típico de una fecha en especial que ahora ya no existe por falta de ingredientes, hasta la unión de las familias sin motivo alguno solo con la excusa de compartir. Desvaneciéndose, como el inventario de medicinas o productos básicos de los anaqueles, tan rápido y sin pausa como el aumento de la cifra de homicidios de una noche en nuestras ciudades.

Una sociedad que aunque parece sorda ante la avalancha de noticias generadas a cada segundo solo oculta su miedo detrás de la ignorancia, perdiendo todo punto de vista en lo esencial y subsanando lo irregular con opciones poco fiables en pro de mantener la ahora desaparecida normalidad de sus vidas. Una sociedad que se detuvo y aunque parezca caminar hacía el frente, solo se encuentra estacionada.

Es así, como un país se ve carcomido desde los cimientos por la corrupción y la ignorancia de sus ciudadanos de a pie, aquellos que despiertan cada mañana anhelando el detonante de algo que por sí solo detenga la implosión en desarrollo e inicie una evolución en lugar de una revolución, olvidando que los milagros también escasean y los cambios muchas veces deben ser impulsados por alguien antes.

Mientras tanto, desaparecen, desaparecemos.