Manual Filosófico del (Des)Amor

Ilustración Sveta Dorosheva

Bienvenidos, Iracundos y sentidos…

Los imagino desplumando en estos momentos al amor, apelando por ese sentimiento egoísta de querer escuchar lo que tanto quieren, así como también los imagino desbordados entre emociones y pensamientos poco afables, respecto de todas las decisiones tomadas atrás.

Se ven platónicos ¿Qué ocurre?

Hay Deseo, y según Platón esto es sinónimo de falta, de ausencia, el amor desde su visión precaria de que nunca es suficiente, así funciona el dolor platónico, así contesta el amor cuando lo que se desea no está al alcance.

En la Iliáda homérica del corazón, Afrodita ha logrado seducir a Zeus. Él ha dejado de Ser, ya no es tan Dios, ni tampoco tan Inmortal; lo mismo les debe estar ocurriendo, en estos precisos instantes tienen la consciencia del infinito y basto tamaño del universo de Eros, por eso se llora como se llora, por eso sienten el lento tránsito de la frágilidad, en dónde hasta la más efímera de las emociones parece eterna; tranquilos, están en plena ebullición dentro del estado más puro del Ser Humano, el desamor.

Llegan vespertinos los diálogos internos del alma y del corazón, por eso es normal que se encuentren discutiendo consigo mismos, sobre la forma en que les gustaría que fuese el amor. No obstante, también dialogan o concilian con otro discurso, entonces también es fácil imaginarlos versando por las noches sobre “el amor tal y cómo es”. Básicamente, la intimidad del cuerpo desligado de ese ser amado, o de aquél sujeto que es objeto de deseo, ha permitido que los dos personajes de ficción que aguardan tras el dolor, Aristófanes y Sócrates, los mismos que Platón redactó en su clásico El Banquete, aparezcan durante sus noches de insomnio; mientras en el día sus discursos opuestos respecto de cómo quisieran que fuera el amor y el amor tal y cómo es, se pierden cuando comienzan a equilibrar la continuidad de la vida y la voluntad de “olvido” que le pongan al asunto, aquí termina El Banquete, aquí comienza Schopenhauer “La vida oscila, pues, como un péndulo entre el sufrimiento y el tedio”.

Brebajes para el mal de amores no tengo, tampoco Platón, y menos Jane Austen. Pero puedo escribirles esta noche sin necesidad de caer en el juego de decirles lo que tanto quieren, porque en parte deseo enseñar, que lo que tanto quieren no siempre es lo que más necesitan. Voy a empezar por decirles que no existe manera de remendar el tiempo, porque no existe forma alguna de echar para atrás el big bang qué ha sido el amor en cada una de sus psiquis. No hay manera, se los juro. Para el (des)amor no hay olvido que valga, y la meta es jugar con la memoria sin salir lastimados, porque lo más difícil de las relaciones del pasado, no son los recuerdos, ni la costumbre, todo lo verdaderamente difícil, aguarda en el proceso de convertir a quienes estuvieron en una relación en un par de conocidos, aceptando lo que jamás sabrán del otro, y dejando de lado las cosas que dan por sentado del otro.

Permitan que todo explote, permitan que todo destile, sean caos y giren alrededor de ustedes mismos, beban de su sed, hablen con la soledad de tenerse, porque ahora más que nunca, navegar bajo las aguas estancadas es algo necesario, eso implica resignarse en el amor, y por más que esto sea una crudeza, es una salida bondadosa con el alma, es hacer cálculos para aceptar que el zapato de barba azul ya no queda bien.

Así que para este largo viaje, les deseo tres cosas, primero, que en esta carrera de huida a causa del mal de amores, este mundo no les sea redondo, para que nunca más se encuentren con lo mismo de siempre; segundo, que aún en el tedio sepan florecer, y tercero, que consigan conciliar la idea del amor tal y cómo es, y el amor de la forma en que les gustaría que fuese, y para que esa sabiduría de Aristófanes y Sócrates viva por siempre en ustedes, la única fuente conocida es el dolor.

Poco a poco, un día de estos el (des)amor les dejará de ser una explosión y se convertirá en una exploración, un día les dejará de parecer una mierda porque todo se convertirá en abono. Vendrá el día en que de sopetón sabrán cómo y de qué manera recordarán las cosas, y las memorias tendrán una línea límite trazada para los lunes, los jueves y los viernes, la cual no van atreverse a cruzar por su propio beneficio emocional; y los domingos, bueno, los domingos siempre son y serán difíciles.

Hasta que llegue ese momento en que se den cuenta que el paso del tiempo, es una buena Empresa, permite que el valor adquisitivo de lo que fue aumente, porque disminuye, con el paso de los días y de los años, el costo de haber vivido como se hizo. Ya llegará, aquella persona con quién no haya espacio para un “Te extraño” o un “Te echo de menos”, todo será a “lo Spinoza”, para que en nombre del amor puedan decirle “Gracias por existir”.

Atentamente: Otra Iracunda y Sentida.