la intolerancia de los intolerantes

Al parecer corrieron de Monterrey al “bus de la libertad”, gracias a esfuerzos de colectivos y activistas LGBTQ+. Para muchos, es un logro enorme que un estado como Nuevo León se exprese de alguna manera a favor de la igualdad y el respeto a las minorías.

En su sitio, ConFamilia — esa asociación liderada por el ilustre Juan Bibidibabidibú* — tiene archivadas noticias de respuestas en desacuerdo a sus ideologías bajo la frase “la intolerancia de los tolerantes”. He escuchado variaciones de esa frase de ciertas personas que se alinean con ese tipo de ideología: “¿yo te tengo que tolerar a tí o soy intolerante, pero que tú no me toleres a mí no te hace intolerante? ¿No te hace eso a tí la verdadera intolerante?”.

Es bastante curioso cómo reaccionan muchas personas conservadoras y de derecha cuando alguien se expresa en contra de ellos. Se les olvidó que la libertad de expresión tiene límites jurídicos, y esos son otras libertades o derechos, o libertades y derechos de otras personas.

No puedes decir que tu opinión de impedir que se le reconozca a parejas de mismo sexo el derecho a formar una familia y adoptar es algo que no tenga la intención (aunque no tenga el peso legal o político) de privarle a otra persona de derechos y libertades. Cuando se crean asociaciones como ConFamilia, queda en claro que esto ya dejo de ser una mera opinión.

También hay que reconocer que darse golpes de pecho por la libertad de expresión, pero no querer que haya una replica a tu opinión sea la que sea, no hace sentido alguno. Como Juan Yabadabadú*, que dice cosas como “el matrimonio gay no es un derecho humano” … pero le tapa la boca a una reportera mientras ella le pregunta acerca de su postura ante el matrimonio igualitario.

Entonces, ¿los pobres mártires defensores de la familia quieren ser los únicos que gocen de libertad de expresión? ¿O cómo?

Ricardo Baruch presentó este escenario en una entrada para Animal Político:

Imagínese que sus vecinas son lesbianas, llevan 2 años viviendo juntas y ahora piensan casarse y quizás en unos años, tener un bebé. Usted conoce a las vecinas, son personas comunes y corrientes, que se van a trabajar temprano y regresan en la tarde a preparar su cena. Que barren la banqueta frente a su casa y van al cine los fines de semana. Usted es una persona casada con hijos: ¿su familia va a perder su valor por el hecho de que sus vecinas se casen? ¿Su matrimonio estará en riesgo por el hecho de que sus vecinas tengan el mismo derecho que usted? ¿Su hijo se va a volver gay por el hecho de que en la escuela le enseñen a respetar la diversidad humana? Estoy seguro que la respuesta a esas 3 preguntas es no, así que relájese y permita que las personas LGBT y otros grupos en vulnerabilidad sigan luchando por alcanzar la igualdad jurídica y social que se necesita para tener un verdadero estado de derecho.

No es que “los tolerantes” seamos “intolerantes”: es que estamos haciendo uso de nuestro derecho a expresarnos libremente, para expresarnos en contra de movimientos que intentan impedir el progreso a una sociedad tolerante. Donde puedes personalmente estar en contra de que las parejas del mismo sexo puedan adoptar, pero también te acuerdes de que te afecta exactamente en nada que gocen del mismo derecho a formar una familia que tú.

*sí, sé que ése no es su apellido.