El falso dilema: historia vs innovación

El usuario de internet es un testigo permanente de las proezas de la tecnología, con empresas valiosísimas que rompen los moldes y desafían el status quo. Sin embargo a los navegantes a veces nos toca presenciar comportamientos y actitudes que rozan lo medieval.

La web es una vía de expansión de las mayores innovaciones que despiertan en el planeta. El mundo hiperconectado no vé la red únicamente como un medio de comunicación, sino también como un canal comercial (para investigación y desarrollo), una fuente de financiamiento (con las plataformas de crowdfounding y crédito online) y por sobre todo un canal de ventas que permite contactar en forma segmentada y de muy bajo costo a un usuario cada día más exigente y consciente de su autonomía.

Este esquema suena intenso y desafiante, como un espiral de progreso indefinido, pero que lamentablemente encuentra limitaciones justamente en aquellas personas que no pueden o no quieren soltar las ataduras de las estructuras obsoletas. No son las estructuras más tradicionales, ni los jugadores históricos del mercado, por el contrario, son aquellos que se encuentran en situaciones oligopólicas y que no quieren perder sus privilegios como dominadores de sus mercados.

El desafío del cambio representa la principal barrera para las grandes compañías, y la gran oportunidad para las pequeñas.

Pensemos en las diferentes industrias y cómo se adecuaron a los cambios:

  • ¿Qué mejor para un cinéfilo que disponer de una filmoteca infinita para ver todas aquellas películas que disfruta de ver, por fuera del orden establecido por un cable operador? Bueno, ya sabemos cuál fue la suerte de Cuevana intentando poner a disposición del usuario grandes cantidades de contenido. Los propios estudios se negaron a una solución legal y paga. Tuvieron que pasar largos años para que emergiera Netflix con un servicio varias veces inferior para responder a una necesidad manifiesta.
  • Casos similares encontramos en la industria de la música y del libro. Pasaron años hasta que las discográficas y editoras empezaran a invertir en nuevos formatos. No fue para mejorar la propuesta de valor, sino por el contrario, fue escapando de los fracasos económicos.
  • La industria del turismo, por su parte, picó en punta con la venta de pasajes online, pero la hotelería y el transporte no avanzaron a la misma velocidad.
  • También podríamos hablar del Ecommerce en las grandes compañías de Retail, la atención en las empresas de servicios, y la propuesta de valor de las marcas de consumo maviso: enorme resistencia al cambio

En este contexto, algunos se justifican agarrándose de la tradición, a pesar de que las estructuras más tradicionales (museos, universidades y organismos centenarios) aprovechan internet mejor que flamantes start ups.

Las mejores escuelas de negocio del mundo coinciden en que la barrera de ingreso al mundo digital es la estrategia, no la tecnología. Y eso es justamente lo que resisten los rubros obsoletos. Veamos algunos ejemplos:

  • Cafeterías tradicionales vs cadenas, modelos de negocio diferentes, para públicos diferentes, pero enfrentados por la falsa dicotomía tradición-modernidad
  • Librerías vs ebooks, formatos de consumo complementarios y también para públicos diferentes, que facilitan la aparición de nuevos autores, la autogestión, la edición, y el consumo descentralizado por mecionar solo algunos.
  • Taxis vs vehículos autogestionados, lo que debería ser una mejora tecnológica es objetada como un ataque, donde el único perjudicado es el usuario
  • Hotelería vs Alquileres directos, la popularización del turismo abrió la puerta de la autogestión a los viajeros que eligen disponer de una casa antes que de un cuarto, por precios menores.
  • Por último el trabajo: Empleados vs Freelancers, la autogestión en este sentido no es ninguna novedad, pero el entorno digital hiperconectado hoy facilita el mercado de empresas pequeñas o unipersonales

Este escenario no es un lecho de rosas, pero nos muestra con claridad que la transformación ha representado una cambio tan significativo como la Revolución Industrial, y los mercados están cambiando más rápido que las empresas.

La resistencia es lógica, pero no debería ser la última palabra en el debate, sería una picardía perderse la oportunidad de tener un país innovador y moderno, por miedo a dañar tradiciones o elementos históricos. Estas realidades operan en niveles distintos, y la confusión favorece una vez más a los actores dominantes.

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