(De)construyendo el monoamor

Alan Mayerna
Jul 24, 2017 · 5 min read

¿Es el monoamor un mito? Considero que la pregunta angular es definir de qué hablamos cuando hablamos de monoamor. Es importante ante términos semejantes hacer un análisis tanto etimológico como sociolingüístico ya que, al tratarse de palabras no formales para las academias de la lengua, existe una importante falta de convención. La falta de convención no es tanto un obstáculo, sino más bien una apertura a contemplar la plasticidad de los términos antes de llegar a cierta estabilidad.

Sabemos que el primer morfema del término deriva del griego μóνoς, que significa uno, único, solamente. Como concepto, se lo ha visto florecer en diversas comunidades disidentes en cuanto a las formas tradicionales de relaciones sexoafectivas. Se precisa destacar que así como el poliamor y la poligamia no son sinónimos, lo mismo ocurre con el monoamor y la monogamia. Varias concepciones afectivas pueden estar presentes o no en distintos esquemas relacionales.

Bien, entonces, ¿qué se expresa al decir monoamor?

Lo que se manifiesta es una concepción particular del amor en la que es sólo una persona la que puede despertar en nosotrxs esta sensación. A menudo, no es sólo una concepción, sino además una filosofía (mayormente, el monoamoroso anda pretendiendo que la persona amada coincida también con esta visión).

Sin embargo, emergen unas cuantas dudas. A saber:

¿Es únicamente una persona la que ama el monoamoroso en toda su vida? Aquí se presentan abundantes testimonios de personas que, en distintos períodos de su desarrollo, han dicho amar a una determinada persona (han amado a una en la adolescencia, a otra en su juventud y actualmente a una nueva que apareció en su vida). Por lo tanto, parece que el monoamor puede englobar que se ame a más de un sujeto, pero no de forma simultánea (he escuchado discursos de personas que, habiendo dicho amar a x, luego, al cesar de amarlx y construir un nuevo amor con y, alegaban que su anterior vinculación con x “no fue un amor auténtico como el actual”; y luego, este proceso podría repetirse cuantiosas veces; considero que el amor es vivido en el momento, y su cese no implica que en retrospectiva sea menos real que el que se esté construyendo con un nuevo vínculo. ¿Qué hace que fuese una ficción nuestro primer amor en el jardín de infantes y una realidad el que vivimos actualmente?).

Solemos decir que en las relaciones sexoafectivas estamos hablando de un amor romántico. Pero muchos no estamos de acuerdo con esta clasificación, porque estaríamos atrayendo caóticos resabios de la perspectiva del amor a la que dio forma el romanticismo, colmada de idealización, posesión, cosificación, machismo, etc. También, es muy presente que se hable de “distintos tipos de amor”: la familia, la amistad y la pareja.

Sin embargo, no existe una tipología del amor. El núcleo familiar, la pareja y nuestro entorno amistoso no son más que esferas sociales establecidas por la estructura de nuestra sociedad, y, a través de ellas, transmitimos nuestro amor de forma sublimada, es decir, adaptándose a la forma aprendida en que debemos expresarnos ante ese círculo social. Para ilustrar mejor la idea, pretendo hacer una analogía evocando el mito helénico de Morfeo.

La lira de Morfeo atrae a distintos seres: los del reino animalia, los del reino plantae e incluso a objetos inanimados, y por lo tanto, los une. La lira es el amor que portamos, aquella capacidad afectiva con la que venimos al mundo. Así como todos esos seres están unidos a la lira y se subdividen en distintos grupos con características propias (bestias, plantas, animados, inanimados), el amor transciende las esferas sociales (y por lo tanto, las subordina), pero se motamorfosea dependiendo de la naturaleza de la esfera (son vastos los elementos que influyen en la forma de manifestar nuestro amor, y que ahora no son objeto de este discurso). Por lo tanto, es claro que al hablar de tipos de amor, implícitamente se expresa una entidad que los une. Así como existen distintas formas de arte o de violencia, todas se subordinan al arte en sí o a la violencia en sí.

Desde nuestra más temprana infancia nos desarrollamos dentro de una red afectiva, y las distintas fuerzas sociales van condicionando nuestra forma de vincularnos con los distintos sectores. Me parece pertinente traer la premisa de Erich Fromm en la que, en forma contestataria a las sentencias freudianas, se destaca que incluso el sexo, como placer, no es una finalidad sino un medio de vinculación con el otrx, que, a su vez, es representante de la colectividad. Por ende, cuando en el sexo cuidamos al otrx, respetamos su cuerpo, sus deseos, sus límites y le brindamos el nuestro para que también lo cuide, lo respete, estamos manifestando formas de amor. ¿No es el cuidado una de las principales bases del amor?

Erich Fromm (1900–1980)

“Se cuida aquello que se ama y se ama aquello que se cuida.”

“Sólo se pierde aquello que no se cuida. No se cuida aquello que no se valora. No se valora aquello que no se ama. No se ama aquello que no se conoce.”

Lo que se pretende con esta exposición es mostrar que el amor está más presente en la vida de lo que creemos y que es muy posible que las distintas perspectivas amorosas no sean sino irrealidades (necesarias, desde luego, para la subjetividad) formadas a partir de una realidad.

Para concluir, podemos decir que el ser humano es poliamoroso per se. A menudo, las parejas en relación abierta (aquellas que mantienen sexo con terceros pero la parte afectiva la otorgan exclusivamente entre sí), no comprenden o no quieren ver que el tratar a su momentánex compañerx sexual con condiciones de cuidado, respeto, honestidad y consenso, están amándolx y siendo amadxs, de una forma posiblemente desigual a su pareja base, pero no por eso menos real. La persona mononormada media suele descargar sus conductas sexoafectivas en su pareja, y con su entorno amistoso mantiene sólo conductas afectivas. ¿Seguirían existiendo estas tendencias en una sociedad horizontal que no impusiera formas de conductas pertinentes para cada círculo?

Entendemos que cuando se habla de monoamor, se habla de un concepto ilusorio, pero que condensa una idea para economizar su transmisión. Las ficciones son necesarias para el desarrollo de la subjetividad. Pero consideramos que si se hablase de monoamor propiamente, el ser humano sólo es monoamoroso por un escaso tiempo de su vida: durante la simbiosis con el significante materno. Una vez que la función paterna se hace presente, el sujeto ingresa al poliamor. Y dentro de las relaciones exclusivamente sexoafectivas, sólo podríamos hablar de un poliamor simultáneo y un poliamor no-simultáneo.

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