El poder y las instituciones. Por Hugo Vera Ojeda

El inexorable principio "los hombres pasan las instituciones quedan" es seguramente uno los más resistidos por el poder humano, que se rehúsa a aceptar el abandono del poder que alguna vez tomó.

Goya dejó patentado eso en su célebre obra dónde el Titan Crono, Saturno en la mitología Romana, devora a sus hijos por temor a que estos le disputarán alguna vez el trono del tiempo. Es decir, ese deseo de ser el eterno amo no es una conducta propia de nuestra era, es tan antigua como nuestros instintos más básicos, como el eterno macho alfa o hembra beta en los clanes Ginocraticos o gobierno de las mujeres, que aunque pocos lo crean, también existió.

Nuestra historia local nos recuerda que tampoco somos una excepción sagrada en el complejo cosmos. Desde el Dr. Francia hasta nuestros días, muy pocos no se vieron tentados a hacer lo de Saturno y devorar a todos los que se les opondrían a ese proyecto de ser el amo del tiempo. De 200 años de independencia, más de la mitad fueron de poderes empotrados.

Muchos son los intentos de explicar el fenómeno del poder, que van desde la filosofía hasta la sociobiologia, y muchos incluso lo califican de patología cuando llega al nivel saturnal que se llama mal de Hibrys. Otros, antes de entenderlo, buscaron justificarlo, como el caso de Hegel, cuya obra mereció el nombre de justificacionismo al llegar al colmo de llamar héroes cósmicos a los poderosos.

Esta habilidad es propia de los intelectuales o informadores "comprados" que son una verdadera fuente de ingenios para los halagos para con el gobernante. La respuesta a esta conducta atávica de empoderamiento, que si pudieran hacer lo de Saturno, serian eternos, encontró freno recién con el advenimiento del liberalismo que posicionó el concepto de las instituciones, como una especie de camisa de fuerza para ese poder insaciable.

Si bien no es perfecta y cual muro de Jericó, debe resistir a todo tipo de trompetazos, no ha existido otro invento que haya sido más efectivo que las reglas limitantes cuya efectividad tiene el respaldo de no pocas evidencias. Es muy claro en ese sentido el desarrollo humano y tecnológico, que basta con comparar los pocos avances en 8 mil años de historia, dominado por el poder absolutista frente a los avances de los escasos 300 años contados desde la revolución industrial que fuera fruto, justamente de la caída de dicho modelo absolutista.

Por supuesto, este logro significó todo tipo de calumnias hacia el liberalismo, cual perro que muerde su correa. No obstante y a pesar del poder, algunas sociedades, en menor o mayor medida, tienen hoy la fortuna de seguir diciendo que los "hombres pasan y las instituciones quedan".

Y si, por si no lo ha notado, estas lineas son para usted Señor Presidente Horacio Cartes Jara, pues pareciera que debemos recordaselo, como lo hacían los esclavos del Imperio Romano, que recordaban cada 100 metros a los Generales victoriosos que venían de conquistar provincias enteras, que la victoria es efímera y que sólo eran simples mortales. Es que estas victorias les hacía inflar su mal de Hibrys, como de seguro lo habrá hecho su super viaducto y esas cosas lindas que sus asesores cuentan tan bien y que lastimosamente aun así, como diría el anillo del Rey Salomón; eso también pasará.

Hugo Vera Ojeda 
Presidente de la Fundación Issos

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