Yo, el loco.

Existo desde que vivías en cavernas. Pareciera que fue ayer cuando me dijiste que moriría en pocas horas, si me atrevía a construir una choza en el llano: “Estas loco si piensas abandonar la seguridad de las cuevas”, me dijiste. Todavía parece retumbar en mi mente cuando conseguí sacar una llamita de tanto frotar dos ramas secas. ¿Recuerdas que me dijiste: que rayos vas a hacer con eso? ¡Loco!, encima es peligroso, te puedes quemar.

Caminaba por la calle cuando se me cruzó por la mente, esa vez que te reíste tanto porque te mostré ese objeto redondo, que luego le llamaron rueda. ¡Que loco estas! ¿A quien se le puede ocurrir usar una cosa semejante, ¿Por que mejor no me ayudas a arrastrar este Mamut que esta tan pesado? Me preguntaste…

Qué recuerdos me invaden cuando pienso en ese día en que te mostré como podríamos fundir el metal y hacer aleaciones, y por supuesto la respuesta que me diste: “Vos loco ingenuo, ya otra vez con tus ocurrencias, ¿no te das cuenta que estoy afilando este palo para cazar? estoy ocupado”…

Recuerdo que mirando las estrellas y como los barcos se perdían en la lejanía del mar te dije: “¿y si la tierra no es plana como dicen todos?” No pudiste contener las lágrimas de tanto que te reíste de mi, ¿lo recuerdas?

Lo raro es que ahora que me doy cuenta, siempre me dijiste lo mismo, cuando te dije lo de la manzana y la gravedad, lo del acero que podría flotar y ni que decir cuando te dije que podría elevarse por los cielos. Te reíste de una manera poco común cuando te hable de que nos podíamos comunicar a distancia por cables, o que suprimiríamos alguna vez la vela por electricidad y que no es cierto que nada más podría inventarse, cuando sentenciaste que ya todo se había inventado.

En todos esos momentos, ahora que reflexiono, me dijiste loco. Pero siguiendo con mi reflexión digo, ¿que hubiera pasado si te escuchaba? ¿Acaso es tan distinto un concepto de otro? Tanto que cuando tú considerabas que era una locura decirlo yo sostenía que lo era si callábamos. Tanto te empeñaste en censurarme que te juntaste con otros y me gritaron en coro: “LOCO, LOCO, LOCO”.

No contento con eso y sin mirar que usabas todos los avances que ayer censuraste, intentabas hacer lo mismo creando leyes proteccionistas, imponiendo tu moral que no era la mía, invocando a los cielos y a la humildad para encerrarte en suntuosos palacios, cobijado bajo dogmas y esclavizado por el miedo, prefiriendo la misma seguridad que ayer te dio aquella húmeda cueva.

Me gritaste egoísta por decirte que quería estar mejor y no notaste que ese adjetivo utilizado en mi contra, era el combustible que creó todo lo que tú hoy disfrutas.

Recuerdo que te creí más listo y que te diste cuenta de eso, aunque no me lo decías, pero hoy tristemente noto que no es así, pues te dije: “¿No te parece que la electricidad no puede estar monopolizada, al igual que otros servicios? ¿Y si la prohibición de las drogas hace mas daño? ¿No te parece absurdo que todos paguemos la educación de otros y encima por la fuerza? ¿Te parece lógico que la gente invada tierras, proclamando a un cristo que jamás lo consintió? Nuevamente me miraste, no ya con esa risa acostumbrada y burlona, sino esta vez con aire de grandeza y me dices: “LOCO, MORIRAS DESPEDAZADO”.

He notado que en toda nuestra historia, siempre me has llamado así, pero a pesar de que nunca lo reconocerás, estas mejor gracias a mí; a mí que tanto condenaste, a mí que tanto odiaste, a mí al que tanto llamas “LOCO”, a mi al que otros llaman LIBERTARIO.

  • Hugo Vera Ojeda
  • Presidente de la Fundacion Issos
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