Gnossienne

Llegó al hostal Los Inmortales como último recurso alrededor de las once, cansado de un largo día de conexiones retrasadas, embotellamientos y una cancelación del hotel originalmente reservado por un error administrativo. Sólo quería comer algo en su habitación y no volver a saber nada hasta el día siguiente, cuando se vería con el director de software y tecnologías de la compañía en la que aspiraba trabajar.

Mientras caminaba a su habitación, admiraba pinturas famosas y bellos murales que decoraban el lugar; escuchó una alegre música de piano tocada con gran habilidad y se irritó un poco al notar el sonido cada vez más cercano: para su desgracia, justo a un lado de su cuarto. Regresó con apuro al lobby para solicitar un cambio de piso cuanto antes. Quería descansar para estar fresco en su entrevista y volver a su casa a tiempo para las fiestas.

Ante la negativa de la administración, debido a una ocupación total de las habitaciones, cosa que le pareció extraña para esa fecha, decidió no cenar y tratar de dormir a pesar de la música, no sin antes tocar enérgicamente la pared que daba al cuarto del vecino, quien al escucharlo se detuvo unos segundos y retomó con una pieza distinta.

A la mañana siguiente bajó a desayunar y no pudo evitar sorprenderse por la soledad del comedor. Inquirió al camarero al respecto y éste le explicó que era muy raro que los huéspedes bajaran; preferían comer en sus habitaciones y no distraerse de sus actividades. Algunos eran muy excéntricos.

Regresó al cuarto para recoger su iPad y marcharse con tiempo holgado a la entrevista. Estaba de nuevo la música, esta vez más melancólica. No le dio importancia, ajustó su corbata frente al espejo y dejó la habitación.

A su regreso, la música seguía, pero un poco atropellada, con interrupciones y vacilo; como si estuvieran componiéndola. La escuchó con mucha calma y pensó, después de todo, que era agradable. La disfrutó un momento y salió a tomar un trago con un amigo que se encontraba en la ciudad. Su vuelo saldría por la noche y quería aprovechar un momento con él.

Un par de horas después, al hacer el check out, el dependiente agradeció su visita y le entregó, en nombre de su vecino, un bello sobre sellado con una nota escrita a mano de elegante caligrafía:

Querido:

Le ruego disculpe la imprudencia de mi música. Agradezco en mi corazón su valiosa paciencia durante esta breve estancia. Lamento cualquier inconveniente causado por mis hábitos artísticos.

Le deseo un viaje placentero y espléndidas fiestas.

Su amigo,

Erik Satie

#Wordcember2016 #Día02

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