Ebook y libro de papel: ¿Productos diferentes para lectores diferentes?

Llevo bastante tiempo leyendo las opiniones alrededor del libro electrónico, desde antes de poner en circulación mi propio proyecto editorial, y hasta ahora me ha sido bastante difícil hacerme una idea sobre las bondades que cantan unos y las maldades de las que te avisan otros. Pienso que ni el papel ha muerto ni el ebook se va a imponer sobre el formato físico. Creo que es un formato más, que ha venido para quedarse, pero que de seguir un poco por donde vamos puede acabar por convertirse incluso en otro tipo de producto que no compita con el libro de papel porque va a pertenecer a una industria diferente.

Me explico: No creo que Orciny Press (microeditorial) sea competencia PRH o Planeta, porque jugamos en ligas diferentes aunque nuestro “cliente” suela ser más o menos el mismo, que no siempre lo es. Creo que podemos compartir una serie de lectores pero no otros. El por qué es obvio: los hábitos de consumo y la distribución hacen que sea más difícil acceder a nosotros, así que a priori nuestros lectores son el tipo de gente que no solo mira las mesas de novedades de la sección de librería de unos grandes almacenes. Tenemos que ganarnos a los lectores de otra manera, peleárnoslos y llegar a ellos por otro camino (otro día entraré en este tema).

Foto: Wikimedia Commons

De la misma manera, creo que el libro electrónico está acabando por convertirse en otro tipo de producto diferenciado del libro de papel. Y así como compartimos lectores con Planeta, también compartiremos tan solo algunos lectores entre los consumidores de libros electrónicos porque estos tienen hábitos diferentes. Si nos fijamos, hay muchas editoriales independientes que aún no han dado el salto a publicar en digital. Esto suele ser motivo para que los defensores del ebook los tachen de anticuados o inmovilistas. Bueno, después de un tiempo poniendo libros en circulación en ambos formatos, tengo que decir que empiezo a entender el porqué de esta política editorial.

El principal motivo es de precio: ¿De verdad sale rentable editar en digital? No creo que ningún editor vaya a facilitaros sus datos de ventas, pero yo voy a mojarme un poco la puntita: según mi experiencia, no. Para que tu libro electrónico se venda, no lo puedes poner a más de 8€ porque el consumidor lo encontrará muy caro. De hecho, creo que 5€ está ya en el límite. Si a eso se le quita el 21% de IVA, el 25–30% que suele cobrar la plataforma, lo que queda para repartir entre autor y editor suele ser bastante poco. ¿Cuántos libros electrónicos se tienen que vender cada mes para pagar solamente la cuota de autónomos? ¿Y para pagar las tarifas de los profesionales?

Ahora voy a hablar de piratería. Lo siento. ¿Es el único mal de la industria editorial? Está claro que no, pero llega un momento en el que te planteas si no estarás haciendo el gilipollas. Como productor y consumidor de libros electrónicos yo también pienso que el DRM es un insulto a tus lectores y que al único que perjudica es al que ha pagado religiosamente por su ebook. No se lo quiero poner a mis libros porque si alguien me ha comprado un texto debería de poder leerlo en su lector, en su ordenador y hasta en fotocopias pegadas en la nevera si quiere y sin necesidad de tener que pasar el archivo por el Calibre cada vez que se cambia de máquina o se la renueva. ¿Pero qué pasa cuando subes un libro electrónico a una plataforma?

Exacto: lo de siempre.

Pero ¿quien se descarga un libro electrónico pirateado?

Creo que hay tres perfiles de persona que no paga por un libro:

A) El que no tiene dinero. Las medidas de austeridad que se han desprendido de esa estafa que llaman crisis, el hecho de que se meen en los derechos laborales de la gente y que se esté trabajando con ahínco en aumentar la brecha entre ricos y pobres hace que haya una gran masa de gente con ganas de consumir, que lo va a hacer igualmente, y que no pueden pagar. Los que están en este grupo de gente y se interesan por tu libro, seguramente lo descargarán.

B) El que descarga a lo loco y lo mismo le da ocho que ochenta. Es el acumulador, el que quiere tener teras y teras de cosas descargadas de las cuales consumirá como mucho un 5%. Lo más seguro es que no le interese tu libro y que nunca vaya a leerlo. Tampoco creo que haya que preocuparse mucho por este perfil porque no es una venta perdida (y desde luego, no constituye una merma).

Un inciso: Neil Gaiman dijo una vez que un lector que piratea un libro tuyo es un lector ganado. Y estoy de acuerdo en parte. Es posible que el que hoy se ha bajado un libro tuyo, si le gusta lo que ha leído, se compre el siguiente que saques. Yo también lo creo así. Es como el que se descarga el disco de un grupo pero luego va al concierto y a lo mejor también se compra una camiseta. Un “pirata” puede llegar a ser una inversión de futuro. Iron Maiden lo demostraron en una de las giras que hicieron por las ciudades donde sus discos se descargaban más. Acabaron ampliando fechas y comprándose un avión más grande. Pero también es verdad que la música no es la literatura y que en España no estamos acostumbrados a ir a lecturas de la obra de un autor o a pagarle por una conferencia (y siempre que podemos evitar soltar la mosca, lo hacemos, aquí somos así).

Y luego está el…
C) Aquel que puede pagar por un libro, pero prefiere gastárselo en unas cañas. Lo más seguro es que este tipo de persona no sea tampoco un lector ganado. Al respecto, os contaré una historia:

El fin de semana pasado puse una mesa en una feria de autoedición en la que había otras microeditoriales, escritores, ilustradores, dibujantes, fancines, etc. Estuve hablando un rato con un escritor que se acaba de autopublicar su libro y hablábamos del hecho de que el mismo día que subes un libro a Amazon, este aparece en cuestión de horas en las webs de enlaces. Ambos comentábamos resignados que es una mierda contra la que no se puede hacer nada y que es una lástima que tanto tiempo invertido al final no sirva para nada. Un minuto después comentábamos los libros de mi editorial y esa persona me dijo que no me iba a comprar uno de ellos en concreto porque ya se lo habían pasado en PDF.

Tengo que reconocer que en aquel momento me caí del guindo y que como decía Joaquín Reyes cuando imitaba a Robert Smith, me pegué “una hostia gótica”.

La conclusión que saco es que estamos tan acostumbrados al todo gratis que ya ni nos paramos a pensar en si lo que descargamos lo ha puesto en circulación un tipo que vende millones o un precario que cruza los dedos para que no le llegue la factura de la luz más allá del día 15 porque a lo mejor tiene que devolver el recibo. Todo lo que tiene que ver con el arte o la cultura, está devaluado hasta tal punto que ni tus compañeros de profesión (o a lo mejor es que no lo somos) entienden que detrás de un libro no solo hay un escritor, sino que también hay, por lo menos, un editor, un corrector, un maquetador y un diseñador; por no hablar de cuando hace falta un traductor.

Pero es una cuestión cultural y un hábito que ha venido para quedarse, al igual que los diferentes formatos. Y nos tenemos que amoldar a ellos. La industria discográfica no supo verle los cuernos al toro y creo que la del libro tampoco se la está sabiendo ver. Mientras, los pequeños haremos lo que podamos.

En mi caso, aquella conversación me ha tenido toda la semana planteándome incluso mi modelo de negocio. A estas alturas querría haber anunciado ya la portada del libro de #EscribeYa que iba a salir exclusivamente en formato electrónico y para el que ya tenía hasta un pequeño plan de marketing. Pero me ha hecho preguntarme si realmente vale la pena seguir con el ebook y si el único que saca provecho de las ventas de libros electrónicos no es única y exclusivamente Amazon.

Lo más seguro es que salga cuando estaba previsto, pero también he sacado la conclusión de que quizá un libro electrónico no es el mismo tipo de producto que un libro de papel y que no siempre está enfocado al mismo tipo de público. Me da la sensación de que se ha convertido en otra cosa, que puede constituir un tipo de producto en sí mismo o que puede ser complementario al libro de papel. Los que los producimos tendremos que elegir si queremos hacerlo o en qué tiempos con respecto al papel. Por suerte, hay otras maneras de editar en papel que no sean imprimiendo 1000 ejemplares de golpe y los libros puedan estar siempre disponibles. Pero eso es otra historia que debe ser contada en otro momento.

¿Has publicado algún libro en formato electrónico? ¿Qué conclusiones has sacado?