Diógenes Recuero y la leyenda del “Ánima Parada”

hugo laguna
Nov 4 · 5 min read

La historia de Mendoza por suerte está llena de personalidades, muchas se convirtieron en grandes hacedores de la patria o de su tierra como por ejemplo Tomás Godoy Cruz o Emilio Civit, otros en cambio sus vidas se mezclaron con la leyenda y las tradiciones locales. En Rivadavia uno de sus intendentes pasó al plano de la religiosidad popular por un hecho curioso.

Diógenes Recuero nació el 6 de marzo de 1861. Era hijo de Ramón Recuero y de Filomena Santander. De familia “anti-rosista” muchas veces tendrán que padecer muchos problemas por su oposición al caudillo federal.

Tiempo después vive un periodo en Buenos Aires, pero decide regresar a Rivadavia, atraído por las posibilidades que daba la agricultura en esas tierras. Al llegar a la Reducción va de visita a su amigo Modesto Gaviola y él le presenta a su futura esposa: Fabiana Gatica, hereda de una de las familias tradicionales de Rivadavia y que residía en La Reducción. Antes de casarse con Diógenes había enviudado muy joven. De su unión nacieron: Lidia Genoveva, Blanca, Clemencio, Odilia, Mira y Nicolás quien lamentablemente murió a los pocos días, sumiendo a su padre en una profunda depresión, sin embargo, Diógenes era un hombre culto, pionero aviador, deportista y tenía fama de ser galante.

Hombre político

Gracias a sus contactos (entre ellos su amigo Modesto Gaviola que sería como su “padrino político) escalará posiciones en la función pública en el departamento. Fue electo “municipal” del entonces Concejo Deliberante en varias ocasiones (1895,1896, 1903 y 1906) también “Presidente Municipal” que sería lo mismo que Intendente en 1897, 1899 y 1901 y finalmente como municipal hasta el final de su vida.

Durante su paso en la vida pública se dedicará de lleno a temas educativos sobretodo. Una de sus intervenciones más conocidas el 25 de enero de 1906 tuvo por motivo por el cambio de nombre de la calle San Isidro por el de Basrtolomé Mitre. Dicho proyecto fue presentado por el municial Álvarez y fue contudentemente por Recuero con el acompañamiento de Peregrino Román. Este caso causó mucho revuelo dentro del departamento y hubo manifestaciones a favor y en contra.

Finalmente muere el 30 de junio de 1906 a los 42 años por una parálisis cardíaca. Su muerte está rodeada de muchos interrogantes y el rumor popular asegura que fue envenenado. También se dice que se suicidó ante la depresión que le generó la muerte de su pequeño hijo. Finalmente es enterrado en el antiguo cementerio municipal donde ahora funciona el teatro griego “Cesar Plástina).

La leyenda del Anima Parada

Acta de defunción de Diógenes Recuero

En 1914 una ordenanza municipal dispuso el traslado de los restos de todos los difuntos a un nuevo cementerio y dió un plazo hasta el 16 de enero de ese año para que los familiares pudieran hacerse cargo de sus deudos.

Nadie reclamó por el cuerpo de Recuero, hombre ilustre, popular y con familia. Entonces debió ser llevado por los empleados municipales al “reprofundo”, fosa común. En ese momento comenzó el mito: tanto la vestimenta, por la cual fue identificado con un broche que tenía su nombre, como su cuerpo, se mantenían intactos. La conservación del cuerpo fue atribuida por algunos, al efecto del arsénico, veneno que además de causar la muerte tiene la propiedad de mantener por mucho tiempo la conservación en los cadáveres y que tal vez, habría sido dado a Recuero como “medicación”. Pero otros, los que sabían de la bondad de su intendente, le adjudicaron a esto algo de milagroso.

Luego aconteció otro hecho fenomenal: al tirar el cadáver en la fosa, éste cayó parado, fue acomodado horizontalmente pero al día siguiente lo encontraron de pie otra vez y así varios días consecutivos. Ante la conmoción de la noticia que corrió de boca en boca, “El Ánima Parada”, era el nuevo milagro del lugar. El párroco de ese entonces, encargado de proteger la fe ante creencias profanas, pidió al intendente en mando, mantener oculto tanto la identidad como la ubicación del muerto. A donde fuese trasladado en su anonimato aparecían velas, flores y cartas de creyentes que tenían la certeza de que, quien en vida hubiese sido hombre ejemplar, después de muerto sería capaz de resolver milagros.

Comenzaron a oírse testimonios: una mujer afirmó que salvó la vida de su hijo, otros que arregló problemas económicos, algunos que resolvía entuertos de amor… Así, el milagroso mudó de lugar y siempre fue encontrado por fieles, que ya no sólo eran del pueblo sino de la provincia. Desde su oculta y continua residencia su fama crecía.

En el cementerio y por consejo de la Iglesia el cuerpo comenzó a ser mudado de lugar y ubicado en sitios ignotos. Sin embargo, todas las mañanas un ramo de flores y una vela señalaban el nuevo domicilio del difunto. A esa altura, Diógenes Recuero ya tenía sus primeros fieles y estos se multiplicaron rápidamente cuando hizo su primer milagro, sanando al hijo de una mujer desesperada. Ya era el Ánima Parada, y para disgusto del cura párroco su fama se extendió por todo el Este y llegó a ser mencionado en el resto de Cuyo.
Fue por 1963 cuando Carlos Roberto Di Fabio apareció por el cementerio con sus ansias de ganarse la lotería. El devoto le prometió al Ánima Parada que le construiría un mausoleo como Dios manda si le cumplía ese deseo. El 31 de octubre de ese año Di Fabio hizo levantar una magnífica bóveda de mármol negro con un mínimo porcentaje del premio mayor de la Lotería de Mendoza. Después regresó a San Rafael, en donde se había radicado hacía un tiempo.


Bibliografía

  • CAPONE, Gustavo; Rivadavia, Las historias de su historia; Editorial Dunken; 2010
  • LACOSTE, Pablo (compilador); Rivadavia, Historia y Perspectivas; Mendoza, abril de 1996
hugo laguna

Written by

Docente, profesor de historia, aficionado a fotografía antigua (UnCuyo/UBA)

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