Alejandra Bravo y las dimensiones de la violencia

«Estoy lejos de ser homofóbica». Así se intentó disculpar la presidenta del PRI Alejandra Bravo por los dichos agresivos y discriminatorios que enunció en una entrevista al medio digital El Dínamo durante la semana.

¿Qué habrá pasado por su cabeza a la hora de decir esa frase?

Curiosamente, no creo que ella esté mintiendo (desde su propia enunciación). Sí creo que hay un abismo entre lo que ella considera como verdad (razón por la cual digo que ella no miente) y lo que es efectivamente verdad (razón por la cual la critican).

Y ese abismo tiene que ver con la banalización de las luchas de las partes en desventaja. ¿Cómo se banaliza? Creyendo que la tolerancia, que las luchas de los sectores en desventaja, se agotan en la dimensión penal y no en la dimensión civil.

¿Qué significa que algo se agote en la dimensión penal? Por ejemplo, que hay personas que creen que el «ni una menos» implica solamente que no maten mujeres. También puede ser quienes hablen de «ni una menos» afirmando que una mujer no merece que la maten (sic) con una crítica, creyendo que el feminismo es el hecho de ser mujer y no el hecho de oponerse a la estructura patriarcal (a ti te hablo, Cathy Barriga).

¿Qué significa que algo se agote en la dimensión civil? Que se asume que los problemas no son solo el agravio, el golpe, la lesión o la muerte. Que se asume que hay una estructura de derechos que no están siendo distribuidos en igualdad de condiciones y en igualdad de dignidad. En el caso de «ni una menos», no solo se trata de las muertes, sino de cuestionar toda la estructura patriarcal que considera a la mujer como un ente subordinado al hombre.

Volviendo a la frase de Alejandra Bravo, tal vez ella se ve como una persona tolerante, pues considera que está mal que les peguen a los homosexuales por ser homosexuales, que los maten por ser homosexuales, que por su condición se burlen de ellos en las calles. Tal vez, ella se siente tolerante porque se conforma (por convicción o por ignorancia) con que los homosexuales puedan ser respetados en una dimensión penal de las cosas.

Alejandra Bravo no entiende la dimensión civil de la violencia. Ni mucho menos entiende cuán ligada está esa dimensión civil con la penal y que muchas veces los agravios (es decir, la agresión física hacia la homosexualidad, la persecución, el acoso, la burla) ocurren por ignorar la dimensión civil de la violencia.

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