En favor de la crítica destructiva

Hay una falsa creencia en torno al debate crítico. Se dice muchas veces que existen «críticas constructivas» y «críticas destructivas». Esto abona un falso dilema, según el cual existen críticas que hacen bien al referente al cual se critica y otras que solo buscan hacerle daño. Pero esto es una anomalía que daña la crítica. ¿Por qué? Porque no se juzga la crítica desde la calidad del referente en sí mismo, sino desde la salud del referente. Así vistas las cosas, no importa lo esencial (el referente, sus fundamentos), sino un aspecto tangencial de éste (su salud, que le vaya bien).

Y no. La crítica sin referente deja de ser crítica y pasa a ser psicología. ¿Por qué? Porque la psicología se encarga de la salud de los referentes. Y la semiología, por ejemplo, no está para hacer psicología. El análisis de discurso tampoco está para hacer psicología. La filosofía no está necesariamente al servicio de que las personas estén bien, pues de eso se encarga la autoayuda.

¿Por qué debo subordinar mis críticas a si esa crítica sirve para mejorar algo? ¿Por qué una crítica que señale que algo es malo por sí mismo me la debo ahorrar? ¿Por qué me debe importar el éxito de una idea que considero (desde mi observación crítica) algo malo? ¿Acaso estoy invalidado de desear el fracaso de algo que considero argumentalmente incorrecto? Si mis razones están bien fundadas y están libres de falacias retóricas, supongo que la crítica debería entrar a tener un mínimo de consideración de mi/s contraparte/s; básicamente, por cuestión de honestidad intelectual.

¿Que quién soy yo para criticar? ¿Acaso debo tener un logro tremendo para que mi ejercicio crítico tenga algún grado de validez? ¿Acaso la crítica es intrínsecamente un ejercicio de maestría? No puede ser así. No puede ser que, por estar un peldaño más abajo, tu crítica se vuelva inválida. No puede ser que, si tu currículum no tiene las suficientes glosas, si-no-le-has-ganado-a-nadie, tu crítica valga poronga. Mentira. Pensar la crítica desde el logro acumulado es considerar la crítica como una carrera funcionaria.

Detrás de esas mismas críticas, quizá esté el pasaje para el ascenso de las carreras de las mismas personas que critican. Y ese pasaje no debe ser visto como gente-que-ganó-su-lugar-a-costa-de-bajar-a-otra. No hay que verlo bajo la infantil perspectiva del chaqueteo. Se basa en el simple ejercicio de la crítica bien hecha, de un análisis bien formado, de ejercer la crítica para hacer mejor las cosas; nada más, nada menos.

Aprendamos a mejorar nuestros argumentos y empecemos a darle dignidad a la crítica destructiva.

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