Erotismo Melifluo V. 2

Cuando todo parecía estar perdido pude notar como tus labios besaban los míos, fue en ese instante cuando tomaste mi mentón con tus manos y pude abrir mis ojos solo para ver los tuyos. Me guiaste paso a paso hasta tu cama donde me senté, allí podía ver como tus prendas caían al suelo sintiendo esta intensa conexión, la misma que nos unía entre miradas y sonrisas picaras. Mi corazón latía con fuerza siendo cómplice de quien me dedicaba sus movimientos, llevando sus manos desde su cuello hasta su pecho, donde se abrían camino hacia su espalda, hasta lograr cumplir una sigilosa maniobra compuesta, la misma que revelaría ante mí, unos pequeños pezones rodeados de color.

Te esperaba ansioso hasta que fuiste la feliz víctima de mis manos, estas aterrizaron en tu abdomen y te rodearon llenas de deseo, teniendo el único objetivo de ejercer la presión que uniría mis labios a los tuyos. Contemplaba con excitación tus particulares caderas hasta que el sentir la tersa piel de tus nalgas multiplicó mi excitación. Fue en ese instante cuando las detuve, pues mi viaje tenía un nuevo marco, era tu sonrisa la cual ahora perseguía la mía, mientras te contemplaba me encontraba buscando ese momento que dejara las salidas atrás, haciéndote cautiva de mis deseos pensé en prolongar este curioso ritual sin separar mis labios de tu cuerpo, así que entre besos cortos me deslice a través de tus curvas permitiéndome conocer tu ombligo, este fue objetivo de un beso inesperado, lo que provocaría un impulsivo movimiento de tu parte que sería justificado por una pequeña cosquilla, la misma que posteriormente te hizo sonreír intensificando mi instinto.

Mi deseo marcó el destino siguiente, permitiéndome observar en tu piel esos curiosos puntos llenos de sensibilidad, pude allí notar como estos recibían mis besos uno a uno. Entre cambios rápidos e inesperados mi lengua fue protagonista del nuevo acto, ella encantada te empezaba a conocer y de inmediato sintió que no había mejor lugar para estar. Tus primeros gemidos cortos llegaron a continuación, unidos a una respiración agitada la cual no podías ya ocultar, preferí sentirlos más de cerca decidiendo levantarme para verte frente a mi nuevamente, en ese momento tu nariz por un momento tocaría a la mía, mientras mis labios hacían lugar sobre los tuyos.

Mis manos terminaban de recibir tus nalgas entre ellas, ansioso por morderte, me encontraba apretando con fuerza este nuevo y suave momento, Mis ojos cerrados me hicieron darme cuenta, que tu respiración no era la única que se descontrolaba, fue en ese momento cuando supe que un nuevo acto era necesario; Me separe de ti ordenándote con susurros que cerraras los ojos, llegue a estar tras de ti por dos segundos eternos, mientras veía la hermosa silueta de tu cuerpo la cual recibió en lo más alto de su desnuda espalda unos besos que siguieron a un destino en descenso por lo largo de tu piel, entre los movimientos impredecibles de tu cuerpo, mis labios se centraron en el inicio de tus nalgas, siendo apreciadas por mis manos que te intentaban guiar tomando con fuerza tu cadera. Todo esto con el objetivo de hacer descender con delicadeza esa pequeña ropa interior, esa pequeña prenda de encaje negro que cayó sobre tus pequeños pies.

Pude notar que, al levantar tus pies para liberarte de esa prisión, tus piernas temblaban, esto lejos de asustarme me excito aún más llevando mis manos curiosas a tocar tus muslos, ya en este instante lograba ejercer una pequeña presión que me permitió separar tus piernas, un suspiro de tu parte lleno mis oídos y mi mano derecha puesta ahora sobre tu espalda, te indico el accionar más idóneo, este requería colocar tu pecho sobre la cama mientras tu cintura se mantenía elevada.

Esta nueva posición que adoptabas me revelo que este instante ya había estado en mi mente, en una de tantas ilusiones que en el pasado invadían mis sueños. Decidí ver un poco más estos labios que me inspiraban, llevando mi rodilla izquierda al suelo pude llenar mis pulmones con el exquisito aroma que emanaba de este nuevo espacio el cual cegado por el deseo ansiaba con tantas ganas; Intentaba con picardía prolongar tu espera y esto me hizo llevar mis labios a tu muslo izquierdo el cual me recibió tembloroso, este fue víctima de una mordida pequeña lo que te hizo tensionar los músculos y dejar salir un gemido, que hoy por hoy no sabría decir si lo producía el dolor o el placer.

Tus pies ahora de puntas elevaron tus cortas piernas, Mis labios sintieron como los tuyos se iluminaban y fueron el objetivo principal de un pequeño y tierno beso, este me presentaba ante tal expresión de perfección, una manifestación de mi lengua fue lo que enmarco mi siguiente accionar mientras el tacto que nos unía esta vez no buscaba solo seducirte sino provocar que te perdieras en mí, Luego de todo esto pude saborear el manjar que me presentabas, producto de esta lujuria que nos mantenía inmersos de hace ya tanto tiempo. Los besos apasionados no tardaron en llegar en este nuevo lugar, ya en este instante cada segundo se hacía más cálido, los minutos tal vez se convirtieron en horas o milenios, no lo sabremos nunca.

Decidí ser quien marcara la pausa de esta faena placentera, me levante recibiendo ante mí la imagen de tu cara, la misma que me mostraba una respiración con un ritmo indeterminado, una boca abierta debido a tu respiración como también los cabellos que caían sobre ella haciendo juego con tus ojos. Procedí a desabrochar mi pantalón, llevando mis manos hacia la correa que lo sostenía, pudiste escuchar el sonido que indicaba lo que venía, esto provoco en tu cintura un movimiento pícaro, que iba de un de lado a otro.

Sabias bien como me encantaba tu picardía y esto solo provocaba que mi erección, ahora solo presa de mi ropa interior se intensificara. Empecé a bajar también esta pieza que nos estorbaba, liberando esta expresión de mí que te pertenecía, tome con fuerza mi miembro con mi mano derecha y fue en ese momento que el instinto tomo las riendas de mis actos. Buscando tu calidez al sentir tus labios, fui víctima de esa expresión húmeda que me regalabas. Me presente introduciéndome lentamente en ti. Empecé a moverme poco a poco, provocando tus movimientos fuertes en respuesta estos cegados por el deseo buscaban intensificar la situación, te detuve apretando con fuerza tus nalgas para seguidamente, elevar mi mano derecha por tu espalda y tomar tu cabello con fuerza. Centímetro a centímetro fui entrando en ti, sintiendo como el camino se abría y cerraba a mi paso. Logré llegar hasta donde los dos sentimos ser víctimas de un gemido fuerte, este se unió y retumbo entre las paredes que nos rodeaban

Una y otra vez con un ritmo indeterminado me movía dentro de ti, sintiendo el vaivén de tu hipnotizador cuerpo, lograba pensar como deseaba estar dentro ti durante miles de años, en estos instantes podría tal vez contar los segundos para siempre y quizás allí, justo antes de terminar, perdería la cuenta solo para volver a empezar. Tus gemidos marcaban mis movimientos y tu calidez me resguardaba, indicándome tal vez por momentos entre presiones, los largos instantes donde llegabas a sentir un éxtasis inefable.

Me separé de ti por un momento con el propósito de llevarte a otra posición, pero fuiste más rápida que yo y accediste a voltearte con un objetivo claro en mente: Colocar tus labios sobre mi miembro, este te recibió ansioso, perdiéndose rápidamente en tu boca, ahora fueron tus oídos los cuales se inundaron de un pequeño gemido, uno que de forma inconsciente produje. Tu mano me apretaba con fuerza mientras tus labios me presionaban en un ritmo difícil de describir, uno que me dejo rápidamente con una sensación de ansiedad, mi mano derecha se metió entre tus cabellos para sostener tu cabeza y luego de esto me miraste por un momento a los ojos mientras seguías seguiste en el accionar que ansiabas.

Sentí como tu lengua era la herramienta que usabas para torturarme plácidamente, te observaba y me perdí por un momento, pude sentir como mis ojos se cerraban y mis músculos se tensionaban, una presión profunda llego a mi abdomen y fue en ese momento donde te agarré con fuerza desde tus cabellos procedí a te observarte a los ojos pues sabias bien lo que sucedía, así que tu mirada y la mía, ambas con una con una evidente impresión por lo que lograbas.

Detuve mi respiración por un segundo y solté el aire que resguardaba con fuerza, dejándome llevar por ti mientras cerrabas los ojos al recibirme; Mis músculos se tensionaban y relajaban de forma intermitente, no dejaste de tomarme hasta que sentiste que el momento quedaba atrás. Acto seguido e levantaste frente a mí, en ese momento fui yo la víctima de la perplejidad que no lograba esconder, llevaste tu mano derecha a mi mentón ejerciendo una pequeña fuerza que me hizo cerrar mi boca, la cual inconscientemente había abierto, me guiñaste el ojo y entre una sonrisa pícara me dijiste en un tono que jamás podré olvidar:

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