Capítulo 7: El beneficio de la duda

¿Porque comenzar un capítulo que trata sobre temores, dudas e inseguridades, hablando de beneficio? Fácil. Porque todo aquello que uno definitivamente reconoce como duda, inseguridad o miedo, está a la mitad del camino de perder su poder sobre los actos y decisiones, incluso sobre el pensamiento y eso, es sin duda un beneficio, con lo cual creo que ya empezamos de forma positiva este tema, no tan fácil de explicar.

Siempre he tenido un problema con la inseguridad, y es que no conozco los límites ni la diferencia entre inseguridad de hacer e incapacidad de hacer, pues vivo pensando que uno no es incapaz de nada, sino que está inseguro de hacer, decir o creer…Naturalmente sé que esa afirmación puede ser muy absurda para ciertas personas que dirán: “Simplemente no puedes hacer esto o aquello”, pero para mi eso significa que solo no estoy segura de hacerlo, y que en todo caso estoy dudando de mi capacidad en ese momento específico, más no negando que la tenga.

Por esta peculiar forma de pensar he vivido la mayor parte de mi vida (al menos desde que empecé a tomar decisiones conscientes) basándome en que si algo me atemoriza o me hace sentir insegura, sólo significa que una fuerza más grande que yo, está retándome a que me decida y lo haga, a que pruebe si es tan bueno, tan malo, tan doloroso, tan placentero o tan importante, algo me reta a no quedarme con la duda, y si, he hecho cantidad de cosas estúpidas por vencer el miedo, por dejar de dudar… pero en verdad lo digo y lo diré hasta el final, pues es la única explicación que tengo: Esto más fuerte que yo.

Me gusta voltear al pasado, al reciente o al lejano y darme cuenta de lo temporales que son mis temores, pues si bien hace unos años no soportaba la idea de volver a tener contacto con una persona que me hizo mucho daño (En verdad rogaba no volver a cruzar una palabra, no se diga una mirada en la calle) porque no iba a saber manejarlo, pero cuando un día recibí un mensaje, así paralizada, contesté, conversé, y solo se convirtió en un fantasma más. Otro ejemplo fue dejar mi primer empleo formal, nunca en mi vida había renunciado a algo, me moría de miedo, pero después de hacerlo y confiar en mi decisión, me sentí fuerte, y entendí lo que significa arriesgar para ganar laboralmente hablando. Hace apenas unos meses, se me metió la idea de tener un auto, y días antes de comprarlo, ya con el dinero en las manos, me dio miedo, me imaginé siendo una mala conductora porque nunca se me han dado las cosas que requieren mucha coordinación y pensé en gastarlo todo para no poderlo comprar y así evitarme la pena de no saber usarlo…pero no lo hice, de nuevo mi fuerza superior me dijo: “No chingues!, juntaste ese dinero sólo porque tenías un objetivo, y si no lo haces, entonces te odio por no intentarlo siquiera”. Una semana después, algunos regaños y otros halagos de mi papá respecto a mi avance en el volante: Mi primer choque. Le tenía miedo a chocar desde mucho antes de tener un auto, y cuando me di cuenta, ya lo había perdido, y ahora mis pequeños triunfos son ir cambiando rutas, manejar con lluvia, de noche, etc etc. Es esa sensación de cuando te pasa lo peor que te imaginabas que te pudiera pasar, y de repente ya no tienes a que temerle más, ya no puedes hacerte el sorprendido.

Ustedes dirán, que entonces mi texto se trata de miedos superados, pero no es así, del todo, pues creo que mis miedos e inseguridades, son transitorios y sólo se tardan en morir, el tiempo que yo me tarde en aventarme con ellos al precipicio confiando en que saldré, así que no se confundan: Soy muy insegura, dudo de cada paso que doy, de cada palabra que le digo a la gente que me importa, dudo de qué ruta tomar por las mañanas o que hacer saliendo del trabajo, dudo de la comida, de la ropa que me pondré porque siempre siento que algo ya no me gusta o se me ve bien como cuando lo compré, dudo de mis hábitos, dudo sobre viajar o quedarme en casa, dudo sobre exigirme más o darme un descanso, dudo sobre decir lo que estoy pensando, sobre la música que quiero escuchar y al final, siempre termino haciendo lo que me haga más feliz o me duela menos si sale mal.

Temo de todo lo que conozco y de lo que conozco y sé que es malo o doloroso, también me dan miedo las alturas, pero me gusta el vértigo en el estómago, me da miedo ver a mis hermanos crecer pero me hace feliz estar a su lado en los momentos difíciles y saber que harán su vida de la mejor forma posible, me da miedo no pasar demasiado tiempo con mis padres, porque me enseñan tanto, que creo que cada minuto pierdo demasiado conocimiento sobre la vida y el amor, me da miedo vivir en pareja, pero sé que el pensar en ese mundo me crea un sentimiento muy tranquilizador y que un día voy a aventurarme a sentirlo, me da miedo no estar haciendo todo lo profesionalmente posible para ser mejor en lo que hago pero cuando veo un reto lo tomo, asi nadamás…me da miedo enfermarme de algo grave, sólo una vez estuve mas o menos en algo así, y confirmé que no podría vivirlo de nuevo, me da miedo ver mucha sangre, porque mi sistema nervioso es distraído y piensa que es mía, lo que me lleva a sentir que me desmayo, me dan miedo las películas y las historias de terror, pero las veo/escucho por morbo y por sentir la adrenalina, me da miedo amar intensamente y estar enamorada hasta la médula, pero no sé enamorarme de otra manera…dice mi madre que ese es un defecto, y si si, pues debe ser uno de mis defectos permanentes, me da miedo, como a todos creo yo, el futuro y el no saber si estoy haciendo lo correcto con mi forma de vida, sin embargo es uno de los miedos constantes y más naturales de las personas, yo le llamo vivir en una incertidumbre intencional, pues de alguna u otra forma, todos sabemos mas o menos para donde va todo lo que vamos creando y haciendo.

Para mi la inseguridad, el miedo y la duda, son tres venenos que se curan con un mismo antídoto: Actuar y vivir, el proceso duele, pero a veces también se goza intensamente y siempre siempre funciona.

Quiero terminar este capítulo con una frase que algún día escuché o leí: Me atrae experimentar todo lo que me da miedo, lo que me hace palpitar el corazón como loco, lo que me eriza la piel , lo que me hace sudar frío y temblar de nervios, porque es entonces, cuando me doy cuenta de que estoy vivo.

Y pues carpe diem, que la vida no es para andar con miedo permanente, y todo miedo tiene su contraparte, llámese beneficio de quitarse ese miedo.

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