De cómo accidentalmente entrevisté a Kasabian

Todo empezó porque me perdí en Lollapalooza. Sin señal de celular. Otro enloquecería, con el miedo tan humano a estar solos y mucho más con la escasa compañía que brindan otros seres humanos en un grupo grandes. Lo vi, vi como otros enloquecían en su soledad en grupo, tratando de llamar a sus amigos. Yo solo caminé. Caminé sola por los predios del hipódromo de San Isidro, con esa soledad que no me dejó sola, rodeada de todo tipo de gente. Me gusta tanto observar a la gente. Me gusta tanto estar sola con ellos.

En ello, me encontré con la zona de prensa. Tan pretencioso sitio. Pero ahí vi a alguien conocido. Y cómo no iba a saludar si en el medio donde trabaja ese alguien estuve a punto de trabajar. Hablando con él me di cuenta que los argentinos son extraños. Cómo disfrutan la música en inglés cuando muy pocos lo hablan. Si yo aprendí fue gracias a las canciones que quería entender. Pero así es la música, tiene su propio lenguaje. “¿Che, Annie, vos qué vas a hacer lunes?” obvio no iba a hacer nada, porque en este país había feriado. Lunes y martes. Te amo, Argentina por acolitarnos la vagabundería. “¿Yo? Nada, por ahora. ¿Por qué?” y en ello, me la lanza. “Mirá, lo que pasa es que somos pocos los que hablamos inglés y necesitamos entrevistar a las bandas y vos sos la chica perfecta”. Salta mi corazón. El pasado persigue, ¿eh? así haya sido un escaso pasado en el que pude probar que en parte tenían razón, que sé de entrevistar gente, que sé inglés y que me gusta tanto la música. Hace mucho tiempo no hacía una entrevista. Nunca a una banda internacional y mucho menos en inglés. Agradecí en ese momento tener roomates europeos con los que he practicado inglés en los dos meses de mi aventura argentina. Entonces claro que accedí. Y todo fue maravillosamente extraño.

Llegué al hotel el lunes en la mañana y me encontré con la gente de este medio de comunicación. Había, además de periodistas, fanáticos esperando a sus artistas favoritos. Me acordé un poco de mí unos años atrás cuando mi vida giraba en torno a seguir bandas de raaack (sic) del aeropuerto al hotel, al lugar del recital, de vuelta al hotel, de vuelta al aeropuerto. Me alegré un poco de no ser ellos y de ya no hacer esa clase de cosas. Voy a conciertos, a lo sumo. Compro discos, vinilos, camisetas, posters. Hasta ahí. Ya me da físico tedio pedir foto, a menos que sea en pro de un chiste interno o algo así. Con un poco de superioridad moral seguí con la gente del medio hasta el lobby del hotel. Y desde adentro vi a través de las puertas de cristal lo estúpido que uno se ve cuando es adolescente y quiere conocer artistas de esa forma. Me caen bien los adolescentes porque esto no les importa.

Aún no me habían dicho a quién debía entrevistar por lo que esperé un poco a que ellos se organizaran. Los nervios me podían, porque claro, además de ya no ser fanática acérrima ya no jugaba a ser periodista. Y claro que no, si es algo muy serio. “Eni, vos vas con Kasabian. Tiene que ser rápido porque tienen prueba de sonido para el sideshow”. Kasabian. Obvio, sé de Kasabian porque el domingo fui prácticamente a verles a ellos. Y me tocó Kasabian porque los forros con los que fui me habían preguntado por quién iba a Lollapalooza y yo, inocente, les comenté (aunque les comenté como otras 15 bandas más). Y porque es una banda que no les interesaba mucho. Ellos íban por Robert Plant, por Jack White y por Smashing Pumpkins que son los capos de los capos del raaack (sic) y este medio es enfocado al rock. Y agradezco que no me haya tocado ninguno de ellos. ¿Se imaginan? Me paralizo y me muero y el pobre Billy Corgan encartado ahí con mi cadaver.

Entonces Annie, Kasabian, grandes, lindos, ingléses, alternativos. “Dale, aquí tenés lo que vas a preguntarles, sé que vos sabés lo que haces”. Me gusta cuando la gente me tiene más fe de la que yo misma me tengo. Y me da miedo al tiempo. Me dirigí al lugar que me indicaron, un salón en un piso elevado del Hotel Panamericano donde me encontré con un inglés que me hizo la charla como 10 minutos. Divino, divino, divino. Malditos ingleses. Este no era de la banda, pero trabajaba para ellos. Era como asistente o algo. Mientras ellos llegaron me preguntó muchas cosas, me contó otras mientras observábamos el Obelisco desde el ventanal de aquel salón. Dudó de mi argentinidad, me preguntó si era americana, que por mi buen inglés. Y pues le aclaré que ni de Argentina ni de Estados Unidos, que yo era colombiana. Le dio risa y me dijo que sí, que las colombianas son lindas como yo. Y es así como les acabo de contar que un británico coqueteó conmigo. Y es así como, de paso lo amé por decirme que tenía buen inglés y darme moral.

Pero vamos a lo importante, la banda. Llegaron un poco después. Solo Sergio Pizzorno, guitarrista y Tom Meighan, vocalista. Y casi no lo noto porque estaba entretenida con el brit boy. Qué vergüenza. Saludaron, y me sentí mínima, lo que me puso más nerviosa. Es que son altísimos. Pizzorno mide casi dos metros. Decidieron unirse a nosotros en nuestro plan de en apreciar al Obelisco por el ventanal. “Buenos Aires is such a beautiful city” dijo alguno. Aproveché el romántico momento entre los británicos y la ciudad de Buenos Aires y me salté las cuadriculadas preguntas escritas. No tenía nada que perder. Empecé a grabar y a conversar, más que a entrevistar. “Yo no soy de Argentina, soy colombiana.” Les conté. “Soñaba con venir, pero ahora que estoy acá me parece increíble. And here I am! ¿Les pasó a ustedes? ¿Soñaban con traer su música a lugares tan lejos de UK?”. Y ahí empezamos a tener una conversación muy amena, al menos para mí. Hice más preguntas, sobre su música y sobre lo que el medio me había pedido que modifiqué para que no sonaran cuadriculadas, y de paso una que otra cosita que quería saber y una que otra cosita que ya sabía, como para impresionar (guiño, guiño). Y es así como hice una entrevista de 26 minutos y 17 segundos.

Porque el medio no me autorizó, no copio la entrevista por acá, pero ¡ay, qué orgullosa me siento! Ellos se veían cómodos con el minion entrevistador (es decir, yo, y mis escasos centímetros de estatura frente a ellos que por poco eran tan altos como el mismo Obelisco); me las arreglé con mis nervios y finalmente todo fluyó. Se portaron divinamente los ingleses. Hice todo lo posible por disimular mi fangirlidad y parecer una profesional, entonces ni foto les pedí. Me arrepiento, sinceramente, porque no tiene nada de malo. Ya qué. Algún día será.

Cuando ya me sentía la dueña y señora de la entrevista con Kasabian vinieron a arrebatármelos que porque se tenían que ir a la prueba de sonido del sideshow. Me despedí de beso formal. Qué ganas de abrazarlos fuerte y agradecerles por la entrevista, por el concierto y por su música. Y un poco por existir. Pero no. Focus en lo profesional. Y así se fueron. Y así me quedé. Feliz porque siento que hice un buen trabajo, hice algo que me apasiona y porque los conocí a ellos. El brit boy también se despidió con una sonrisa, otro beso formal y un guiño de ojo que me hizo sospechar que me tiraba onda (o eso creo, soy mala sabiendo esas cosas) toda la entrevista estuvo a un lado siendo lindo mientras yo hablaba con Sergio y Tom. Bajé al primer piso con una sonrisa gigante, yo creo. Salí del hotel a esperar a mis compañeros que estaban con los capos del raaack (sic) y me crucé con los fanáticos. ¡Estaban felices porque habían conocido a Kasabian! ¡Y yo también! Los de la banda, a propósito, no se habían ido todavía, estaban en la van. Lo noté a pesar de los vidrios oscuros. Los despedí con una manito torpe y ellos me respondieron con la suya. Y ahí sí se fueron.

PD: Gracias a esa entrevista, me llamaron del medio para que trabajara con ellos. Entonces creo hice algo bueno☺ Verán, yo esperaba hacer la pasantía ahí pero la universidad no lo aprobó ya que mi carrera no es periodismo sino medios audiovisuales. Y ahora trabajo en dos cosas que me gustan.

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