El caso Piqué y la cultura del bullying
Hace unos días nos conmocionó la noticia de una niña de tan solo 8 años que había sido víctima de una brutal paliza que le habían pegado un grupo de niños de entre 12 y 14 años. Se ha hablado mucho del tema que, desgraciadamente, solo es un caso de bullying más en nuestras escuelas.
Cada vez hay una mayor conciencia social del problema que supone permitir que grupos de abusones acosen y agredan constantemente a aquellos que consideran inferiores, débiles, diferentes.
Se han llevado a cabo multitud de campañas contra el bullying en medios de comunicación, en escuelas e institutos, en centros cívicos y asociaciones juveniles, etc. Sin embargo, parece que es una lacra difícil de erradicar.
Hay quien sigue pensando que son “cosas de niños”, que “es normal”, que “ha pasado toda la vida”. Personas que prefieren vendarse los ojos y vivir ajenos a la realidad que les rodea. Una realidad que se encarniza con el primer chivo expiatorio disponible y libera en él todas sus frustraciones.
Quizá sea cierto que ha pasado toda la vida, pero me niego a creer que sea normal y, definitivamente, no son cosas de niños.
Hace tan solo dos días vimos como un grupo de adultos se cebaba contra otro adulto porque, a su parecer, había insultado a todos los españoles al arrancarse los colores de España de su camiseta.
La realidad era otra. Piqué había recortado su camiseta por motivos puramente prácticos y no había ningún símbolo relacionado con España en la parte de la camiseta que recortó.
Pero el daño ya estaba hecho. Tanto en redes sociales como en algunos medios de comunicación se empezó a verter el odio contra Piqué, por el mero hecho de ser Piqué. No era un acto de defensa de aquellos que se habían sentido ofendidos, sino un acoso y derribo rutinario contra una persona que les cae mal.
Aún a día de hoy hay quien sigue buscándole tres pies al gato e intenta justificar a los que atacaron a Piqué con argumentos tan válidos como:
Si eres Piqué, sabes que van a ir a buscar cualquier cosa para atacarte. Debería haber tenido más cabeza y no haber recortado la camiseta.
Esta vez quizá tiene razón, pero lleva ya muchas polémicas.
Si lo hace otro jugador no pasaría nada, pero con Piqué tienes que sospechar porque ya sabemos cómo se las gasta.
Es decir, da igual lo que haya hecho o dejado de hacer. Lo importante es que hay gente que odia a Piqué y aprovechará cualquier ocasión para atacarle porque, en el fondo, se meten con él por culpa suya, que va provocando con su mera existencia.
Vamos, bullying de manual.
Y yo iría un poco más allá. Ahora sabemos que se recortó las mangas por pura comodidad porque no había ningún ribete ni ninguna otra cosa que hiciera alusión a España ni a sus símbolos. Pero, ¿y si la camiseta sí hubiera tenido el ribete que decían?
El jugador probablemente la hubiera recortado igual, por comodidad, sin darse cuenta de ese detalle, y ahora aún estarían corriendo ríos de tinta insultando y promoviendo el odio contra Piqué por haber ultrajado al Reino de España.
Hay que ser muy ciego para no darse cuenta de que los niños crecen viendo con normalidad como personas adultas se unen para concentrar su rabia y su odio contra otra persona por el simple hecho de considerar que no es como ellos.
Podemos seguir haciendo campañas enfocadas a los niños, pero mientras no cambiemos la perspectiva de los adultos, es difícil que cambie nada.