El primer día de una semana en silencio. Para mi profesor de filosofía.

Como me dijiste, estuve apuntando cositas mientras hacía el experimento, y eso fue más o menos fácil porque ya tenía un diario y me gusta escribir.

Puse que las reglas del experimento era: 1. Puedo recibir información (estudiar, leer sí, pero escuchar música no) pero no puedo hablar. 2. Puedo reírme y levantar el pulgar para decir si todo va bien. 3. En casos urgente tendré derecho a un post-it por día. No son acumulables.

Empecé el lunes a partir de las 00:00 y minutos antes, pensando que no podía hablar en una semana me entró un poco de pánico. Era curioso porque el viernes ya había avisado más o menos a todos que iba a hacer eso a partir del lunes, pero el lunes lo único que oí fueron preguntas y más preguntas que implicaban una respuesta, pero que no podía darla. Fue difícil, pero no respondí a nada.

También ése mismo día recibí quejas bastante serias por parte de mis compañeros. Por ejemplo, una compañera de clase me dijo muy seria que no le parecía bien lo que hacía en un medio social porque obligaba a la gente a no hablarme. Otra compañera se quejó más o menos de lo mismo diciendo que “no le parecía normal” y que “estaba haciendo mal el experimento” y que “para hacerlo mal que me fuera a mi casa” y hubo discusiones entre amigos míos y esta compañera, pero nada serio realmente, yo me reí.

Otra cosa curiosa que ha ocurrido a lo largo de la semana es el hecho de que algunas personas, cuando estaban cerca, se sentían parte del experimento y se les olvidaba que podían responder. Ejemplos: Tatiana en clase de Química. Cuando Gema le preguntó qué hoja del libro estábamos viendo Tatiana hizo señas de decir que no lo sabía, pero se le olvidó que podía responder “no lo sé”. Todo esto pasó mientras Tatiana estaba sentada al lado mio.
Ana también se dio cuenta de que cuando estaba conmigo se le pegaba el no hablar y a veces nos pasábamos recreos enteros en silencio.
Otro ejemplo fue mi madre. Cuando estaba en casa a veces me hablaba con dificultad. Por ejemplo sin utilizar verbos y gesticulando muchísimo. Tenía ganas de decirle que no es que estuviera sorda, sino sólo muda. De todas formas me reía y me divertía mucho ver a la gente así.
Incluso ese día, el lunes, acabé con dolor en la mandíbula por la tensión, por no hablar y por reírme tanto en un sólo día.

Diego, el chico que se sienta al lado mio, me dijo que le he hecho ver cosas de que antes no veía o que no se había planteado. Cuando me dijo eso pensé que ya había conseguido un objetivo muy valioso, pero lo malo es que no pude preguntar qué cosas son las que le he hecho ver.

Otro objetivo valioso que me hubiese gustado conseguir es incitar a alguien a hacer lo mismo pero nadie se cree capaz de hacerlo y piensan que es raro. Y eso que repito que es fácil hacerlo durante sólo una semana.

Por la tarde estuve pensando que no entendía qué tiene de bueno dejar de hablar para pensar y/o reflexionar, porque si realmente fuese un método para pensar y reflexionar filosóficamente, los mejores filósofos serían mudos. Y no es así. De hecho, no conozco a ningún filósofo mudo, pero me gustaría conocerlo. Una cosa es cierta: piensas más en lo que escuchas que en tu respuesta a lo que escuchas.

Por la noche llegó un momento en el que pensé que el ruido a veces era muy molesto. También estuve pensando que tampoco podía conseguir gran cosa en una semana, es decir, no iba a cambiar el mundo. Recordé el principio de Le mythe de Sisyphe (que para entonces lo acababa de terminar de leer) cuando Camus dice “Je n’ai jamais vu personne mourir pour l’argument ontologique. Galilée, qui tenait une vérité scientifique d’importance, l’abjura le plus aisément du monde dès qu’elle mit sa vie en péril. Dans un certain sens, il fit bien. Cette vérité ne valait pas le bûcher. Qui de la terre ou du soleil tourne autour de l’autre, cela est profondément indifférent. Pour tout dire, c’est une question futile. En revanche, je vois que beaucoup de gens meurent parce qu’ils estiment que la vie ne vaut pas la peine d’être vécue.” Y pensé que Galileo cambió el mundo. Tal vez no inmediatamente pero sí posteriormente. Y que parece que sólo se da importancia a alguien o a lo que decía cuando moría. Camus también da el ejemplo de un escritor que fue peregrino y que cuando terminó de escribir su libro se suicidó para llamar la atención. Y lo hizo, y leyeron el libro, pero dijeron que era malo. Es decir, que damos importancia a la gente cuando muere. Entonces tal vez habría que crearse una vida realmente comprometida con tus ideas y luego suicidarse para que te escuchen de verdad (sería una buena forma de vida y muerte). Porque parece que la cosa funciona así…

Y esas son las conclusiones del primer día. Luego escribí como 12 páginas más pero debería estudiar ahora así que ya te lo enviaré después de los exámenes.

Espero que me hagas una crítica o una corrección de lo que he escrito.

Buenas tardes,
Jessica.

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