¿A quien estamos oyendo?

Diácono Miguel Angel Camaño


Si hay algo que los seres humanos no podemos evitar es el prestar nuestros oídos a las conversaciones. Ya sea que seamos simples espectadores o pidamos un consejo, todo el tiempo estamos siendo bombardeados por decenas y decenas de ellas.

Las palabras están llegando y sin que nos demos cuenta, son un arma poderosa y nos conducen siempre a algún lugar en algún área de nuestras vidas.

Muchas de estas conversaciones pueden ser bien intencionadas, pero también existen otras, que no lo son tanto. Y se hace muy difícil para quien no tiene una fuente de información fidedigna, poder “separar la paja del trigo”, como hemos oído alguna vez.

Pero para quienes deseamos, como creyentes, no ser perturbados o confundidos a la hora de escuchar, es necesario entender el origen del mensaje. ¿Quién está detrás de él? ¿Hay asidero para lo que se nos dice? ¿A quien representan las palabras de quien nos trae el mensaje?

En nuestro crecimiento de vida de relación con Dios, debemos tener presente los conceptos acerca de lo que Dios mismo nos dice que es Su Palabra y del impacto que esta produce en nosotros. Sin olvidar que Su Palabra es Su corazón, algunos datos que podríamos aportar son, que Su Palabra es sana, nos purifica, nos limpia, nos libera, y produce en nosotros, paz, gozo y alegría en el corazón.

Hay ocasiones en las que, por no retener la forma de las sanas palabras, los creyentes nos encontramos escuchando a quien porta mensajes que no se alinean con esas palabras, dejándonos seducir por ellas, no pudiendo evaluar, por no tener presente el lenguaje en que Dios se acerca a nosotros a través de Su Palabra.

¿Realmente, es poderoso lo que se nos está transmitiendo?

No nos olvidemos, que en esta tierra, por la que andamos, hay personas que se consideran la autoridad en ciertos temas, u otros que, simplemente juegan a ser Dios, cuando, pudiera suceder, que ni unos ni otros lo son.
Jesús nos advierte acerca de estar atentos cuando las palabras suenan con demasiado “ruido” en nuestros oídos y se apartan de la verdad:

Mateo 15:14 “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”.

La mejor manera de detectar a este tipo de ciego, que nos muestra que su ceguera es espiritual, es observar como anda, como es su relación para con Dios.

Si en su corazón, él esta buscándolo continuamente, podemos agradecerle y así sí darle autoridad a sus palabras, pero si su manera de conducirse en su vida personal y en la Iglesia no representa mínimamente a Dios, tengamos cuidado… puede que caigamos en el hoyo junto con él y terminemos responsabilizando a Dios, o al Señor, por no haber estado nosotros alerta para identificar las verdades bíblicas, a través de las palabras que llegan nuestros oídos.